Que Vivan Los Estudiantes: Bienestar Subjetivo y Factores Psicológicos en la Universidad

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El bienestar subjetivo es visto como una forma global, positiva o negativa, de evaluar la propia vida y las propias experiencias emocionales. El bienestar subjetivo se conforma de dos componentes básicos: uno cognitivo, llamado satisfacción con la vida o satisfacción vital y uno emocional, denominado felicidad.

Shin y Johnson (1978) consideran la satisfacción vital como un juicio global que las personas hacen de su calidad de vida, siguiendo para ello sus propios criterios. La felicidad es vista como una experiencia de naturaleza subjetiva y temporal, nacida del balance que las personas hacen al ponderar las situaciones placenteras versus las displacenteras (Triadó et al., 2005).

Muchos investigadores han buscado factores que ayuden a explicar el bienestar subjetivo (Costa & McCrae, 1980; Diener et al., 1999; González & Marrero, 2017; Olivera, 2015). Dicha búsqueda ha demostrado que el impacto de los factores genéticos y de personalidad en el bienestar es muy grande y decisivo (Costa & McCrae, 1980; Lyubomirsky & Lepper, 1999; Steel et al., 2008). Así, se ha encontrado que las personas que evalúan satisfactoriamente su vida en un momento determinado, lo hacen de la misma forma años después (Oishi et al., 1999).

Esto sugiere que, más que los factores sociodemográficos, las circunstancias de vida y las influencias del entorno, que son cambiantes, los mayores determinantes del bienestar se encuentran en factores estables como los factores de personalidad. Según Steel et al. (2008) la varianza explicada del bienestar atribuible a rasgos de personalidad podría estar entre un 41% y un 63%.

Posiblemente influenciados por la robusta evidencia empírica que respalda dicha relación, la mayoría de los estudios han restringido su interés al análisis de la conexión entre los llamados cinco grandes rasgos de personalidad (extraversión, neuroticismo, simpatía, responsabilidad y apertura a la experiencia) y el bienestar, dejando por fuera la relación de este último con facetas y aspectos más específicos de la personalidad o con otras medidas psicológicas (Marrero & Carballeira, 2011).

Existen, no obstante, otras variables psicológicas de cierta estabilidad, no suficientemente expresadas en los cinco grandes rasgos de personalidad, que han demostrado un valor explicativo del bienestar. La autoestima (la que mayor interés ha despertado por fuera de los cinco grandes), los valores, el optimismo y la motivación de logro, son un buen ejemplo de ello (Arita et al., 2005; Diener & Diener, 2009; González & Marrero, 2017; Moyano & Ramos, 2007; Oishi et al., 1999; Sagiv & Schwartz, 2000).

Avanzar en el estudio de la relación del bienestar subjetivo con factores psicológicos más allá de los cinco grandes, lo mismo que en el estudio del impacto de los rasgos clásicos de personalidad comparados con estas otras variables, es, por tanto, una tarea incompleta. Otros autores han señalado previamente esta necesidad, al plantear que el bienestar requiere de diferentes condiciones psicológicas y cómo, ninguna por sí misma, es suficiente para explicarlo en su totalidad (Larsen & Eid, 2008; Marrero & Carballeira, 2011).

Se ha señalado incluso, que aún dentro de los cinco grandes, puede haber problemas de conceptualización (Steel et al., 2008) y facetas específicas que expliquen mejor el bienestar que las dimensiones globales de extraversión y neuroticismo, que son las que hasta ahora han demostrado impactarlo con mayor fuerza (Diener et al., 2009). En esta misma dirección, Sun et al. (2018) proponen el estudio relacionado del bienestar subjetivo y el bienestar eudaimónico, a un nivel más específico de rasgos de personalidad que, por tanto, podría ofrecer mayor comprensión.

Apoyado en las consideraciones anteriores, en esta investigación se incluyen variables psicológicas tradicionalmente poco estudiadas empíricamente en su relación con el bienestar subjetivo, como el resentimiento y la autorrealización, y se comparan con dos variables predictoras recurrentemente analizadas, como son la extraversión (uno de los cinco grandes rasgos) y la autoestima (quizá la de mayor interés por fuera de los cinco grandes). Comparar el impacto de unas y otras en el bienestar puede ser una de las contribuciones de este estudio, en tanto podría aportar evidencia empírica que soporte el planteamiento del bienestar como un fenómeno multi-determinado y complejo (Diener et al., 1999; Marrero & Carballeira, 2011) y sobre el cual existe aún mucho por conocer.

Autoestima y Bienestar Subjetivo

La autoestima, definida como la evaluación global que una persona hace de sí misma y los sentimientos que acompañan dicha evaluación (Verkuiten & Nekuee, 2001), ha sido sistemáticamente asociada a los componentes del bienestar subjetivo, pero especialmente al componente cognitivo. Entre los trabajos previos que hallaron una relación significativa de la autoestima con la satisfacción vital en contextos culturales diferentes tenemos estudios de Ayyash-Abdo y Alamuddin (2007), Gutierrez y Gongalvez (2013), Murillo y Molero (2012), y Murillo y Salazar (2019). Una revisión de la literatura hecha por Cajiao et al. (2013) reveló que el efecto positivo de la autoestima sobre la satisfacción vital es una constante en múltiples trabajos empíricos.

La relación autoestima-felicidad, si bien con menor contundencia, tiene también soporte empírico. Los altos niveles de correlación y/o predicción hallados entre la autoestima, los dos componentes del bienestar y que estos datos provengan de culturas diversas, permiten afirmar que la autoestima es uno de los más importantes predictores del bienestar subjetivo, y han dado, incluso, pie a sugerir que, la primera es un componente del segundo (Cheng & Furnham, 2003; De Neve & Cooper, 1998). No obstante, como señalan Marrero y Carballeira (2011), la varianza compartida, hallada entre autoestima y bienestar no es tan alta como para afirmar que se trata del mismo constructo.

Adicionalmente, en la autoestima la evaluación es acerca de sí mismo, lo que difiere conceptualmente del juicio cognitivo acerca de la vida (satisfacción vital) y el balance emocional de las propias experiencias (felicidad). Se trataría, por tanto, de constructos diferentes, si bien muy relacionados.

Extraversión y su Impacto en la Felicidad

La extraversión es uno de los rasgos de personalidad que más frecuentemente ha sido relacionado con el bienestar subjetivo en la literatura. A diferencia de la autoestima cuya relación más estrecha se presenta con la satisfacción vital, se ha comprobado que la extraversión impacta más fuertemente la felicidad. La extraversión facilita desarrollar actividad social, buscar compañía humana y expresar emociones positivas, incrementando la comunicación con otras personas (ver Eysenck, 1967).

Se ha reportado relación positiva de la extraversión con la felicidad en estudios de González y Marrero (2017), Hills y Argyle (2001) y Murillo y Salazar (2019) y con los afectos positivos (Puente-Díaz & Cavazos, 2019). Así mismo, Olivera (2015) confirmó que la extraversión predecía el balance de afectos y Diener et al. (1992) encontraron que los extravertidos eran más felices, independiente de si vivían acompañados, trabajaban o no, o habitaban en ciudades o en zona rural.

Entre las explicaciones que se han ofrecido para esta estrecha relación, se argumenta que obedece a la naturaleza despreocupada, espontánea, optimista y abierta a las relaciones de la persona extravertida (Zelenski, et al., 2012) o al hecho de que los extravertidos pasan mayor tiempo con otras personas y que ello es un soporte para el bienestar subjetivo (Siedlecki et al., 2014). La extraversión se considera mejor predictor de las emociones positivas.

Sin embargo, la mayoría de los estudios que lo confirman, han sido hechos en sociedades individualistas, por lo que es pertinente aportar mayor evidencia empírica de su comportamiento en sociedades colectivistas y tropicales en las que el bienestar se apoya de manera especial en las relaciones sociales y donde sus miembros tienden, además, como es el caso de Colombia, a considerarse más expresivos y espontáneos.

Autorrealización: Un Puente Entre Tradiciones del Bienestar

La autorrealización es un concepto importante dentro de la tradición eudaimónica del bienestar, una de las dos grandes tradiciones en la psicología, junto con la tradición hedónica (Maslow, 1970; Rogers, 1977; Ryff, 1989; Venhoutte, 2014). A pesar de ello, es un constructo con muy poco desarrollo empírico. A diferencia de la concepción hedónica que estudia el bienestar subjetivo, la tradición eudaimónica estudia el bienestar psicológico, proponiendo que este se encuentra en el desarrollo óptimo, la búsqueda de sentido y la realización de las personas (Barrantes & Ureña- Bonilla, 2015; Ryan & Deci, 2001).

En este trabajo, la autorrealización es definida como la experiencia subjetiva de superación asociada al desarrollo de las propias capacidades y potencialidades, a la vez que al sentimiento de autosatisfacción que surge como resultado del logro de metas y objetivos que dan sentido a la propia vida. Keyes et al. (2002) consideran que el bienestar subjetivo y el bienestar psicológico son conceptos relacionados, pero empíricamente distintos. Afirman que mientras el primero implica evaluaciones globales de afectos y de calidad de vida, el segundo examina el desarrollo percibido en propósito, significado, metas y crecimiento personal.

Como se aprecia, el logro de metas con propósito, que den significado a la vida, es esencial para el bienestar psicológico, pero podría ser importante también para el bienestar subjetivo si se tiene en cuenta que la motivación de logro ha sido identificada como un factor de impacto en este (Arita et al., 2005; Moyano & Ramos, 2007; Sun et al., 2018). La autorrealización debería ser, por tanto, un concepto puente de las dos tradiciones del bienestar.

Relativamente pocos investigadores han intentado establecer relación conceptual o empírica entre unos y otros constructos y sus componentes (Gonzalez & Marrero, 2017; Kahn & Juster, 2002; Seligman, 2011). Entre los trabajos empíricos previos que han hallado una relación estrecha del bienestar psicológico con el bienestar subjetivo tenemos los realizados por Díaz et al. (2011), quienes lo hicieron mediante análisis factorial; Moreta et al. (2017), quienes encontraron una fuerte correlación de la satisfacción vital con las dimensiones del bienestar psicológico de Ryff entre universitarios ecuatorianos; y Moratori et al. (2015), quienes hallaron relación de la felicidad con las dimensiones de bienestar psicológico de Ryff entre argentinos y españoles.

Recientemente se ha propuesto el llamado modelo PERMA (Butler & Kern, 2016) que intenta integrar las dos perspectivas. Igualmente, se ha confirmado una estrecha relación entre los dos tipos de bienestar (Sun et al., 2018). En síntesis, la autorrealización expresa una necesidad subjetiva de superarse a sí mismo y desarrollar potencialidades y es un constructo conceptualmente diferente del bienestar subjetivo, que es un juicio global de la propia vida expresado en los niveles cognitivo y emocional.

Por su naturaleza, la autorrealización no es un rasgo estable de personalidad, pero tampoco es una variable situacional, es una necesidad humana básica que exige ser satisfecha y se alimenta, por tanto, de eventos de vida y, si bien tiene alguna proximidad con la necesidad de competencia (Ryan & Deci, 2000) o con la motivación de logro (McClelland, 1989), ellas están soportadas por paradigmas filosóficamente diferentes. La autorrealización es sometida a evaluación constante, aspecto en el que tendría semejanza al bienestar subjetivo. Solo que en el bienestar se evalúa la vida como un todo. Los dos conceptos tendrían, una conexión muy estrecha y ello deberá evidenciarse en este trabajo.

El Resentimiento y su Impacto Negativo en el Bienestar

La mayoría de los estudios respecto a rasgos negativos de personalidad y su papel en el bienestar, provienen de trabajos sobre el neuroticismo, el cual es una dimensión demasiado amplia, que deja grandes vacíos de conocimiento (Sun et al.,2018). Este suele, de acuerdo con Keyes, et al. (2002), implicar inestabilidad, preocupación, ansiedad e irritabilidad (síntomas muy vagos y generales), no permite, por tanto, comprender todas las problemáticas específicas presentes en la personalidad.

Es el caso del resentimiento, definido como un proceso interno de naturaleza emocional y justificación moral, arraigado y crónico, caracterizado por la acumulación de frustración, dolor, rabia, rencor, rumiación de eventos pasados, auto-victimización, atribución externa de la culpa y sed de venganza (ver Murillo & Salazar, 2019; para una definición de referencia). Dado que el resentimiento tiende a convertirse con frecuencia en rasgo permanente y autodestructivo de personalidad, ha sido negativamente asociado al bienestar (ver Leal et al., 2005; León et al., 1988).

No obstante, la mayoría de las referencias al impacto lesivo del resentimiento en el bienestar han sido de orden conceptual, siendo pocos los trabajos empíricos que han dado cuenta de dicha relación.

Análisis Correlacional: Satisfacción Vital, Felicidad, y Variables Psicológicas

El estudio correlacional buscó establecer la relación de la satisfacción vital y la felicidad con la autoestima, la extraversión, la autorrealización y el resentimiento, identificando si estas últimas podían predecir el bienestar y comparar su impacto en este, con el impacto de las variables sociodemográficas. La muestra, no probabilística por conveniencia, estuvo constituida por 392 estudiantes, hombres y mujeres ( 6 a 49 años), de la Universidad del Valle, sede Palmira.

Los resultados mostraron que todas las variables psicológicas se relacionaron con los componentes del bienestar. Excepto la extraversión, las demás variables predijeron la satisfacción vital. Las cuatro variables (autoestima, extraversión, autorrealización y resentimiento) predijeron la felicidad. Las variables psicológicas, y especialmente aquellas que se nutren de logros, explicaron mucho mejor la varianza del bienestar que las sociodemográficas.

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