Análisis de Relatos Salvajes: Una Comedia Negra con Raíces Aristotélicas

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Relatos Salvajes, filme estrenado en 2014, es más que una simple colección de historias "deliciosas, horribles, espeluznantes y escabrosas", como señaló un crítico de The Guardian. En este filme, Damián Szifron, al ahondar en los sucesos, revela particularidades en la estructura de su relato, relaciones con el relato aristotélico, la presencia de humor y una subordinación de los actores al personaje.

En pocas palabras, Relatos Salvajes es una "antología de seis cortos de comedia negra escrita y dirigida por Damián Szifron". Los términos son abarcativos, pero no alcanzan a explicar ciertas circunstancias que rodean al filme, ni la manera en que fue construido el mismo.

Linealidad Aristotélica en Relatos Salvajes

Aristóteles planteó un recorrido narrativo como una linealidad perfecta al analizar, en su Poética, el desarrollo de las acciones de la tragedia Ática. Los seis relatos de Szifron parecen cumplir con tal propuesta aristotélica. A modo de ejemplo de esa linealidad sirve Las ratas:

Una camioneta arriba en medio de una fuerte tormenta a un parador en una ruta. Su conductor desciende del vehículo pretendiendo comer algo. La camarera que lo atiende lo reconoce inmediatamente como Cuenca, un empresario y pretendido político que arruinó económicamente a su padre y lo condujo a la muerte. Lo reconoce mientras él, con ciertos malos modales, pide un menú. La escena se traslada ahora a la cocina del parador, repleta de mugre y destartalados utensilios de cocina: la chica informa a la cocinera de la llegada de Cuenca. Entre el ánimo y las palabras de ambas mujeres se comienza a tejer la idea de una venganza. La cocinera insiste al respecto y toma la determinación de envenenar la comida que le servirán a Cuenca con veneno de ratas. Esto parece no actuar sobre Cuenca, pero sí en el cuerpo de su hijo, que ha llegado un rato después, y comparte el plato de comida envenenado. La camarera desespera ante la situación… la cocinera se abalanza sobre el hombre y lo acuchilla, hiriéndolo mortalmente.

Los cambios de escenario, donde se alternan el salón comedor con la cocina, no afectan al relato sintético que Szifron establece mediante los tres personajes protagonistas: Cuenca, la camarera y la cocinera. Son breves y precisas las acciones que determinan y cierran el relato (la fórmula se repite casi totalmente en el resto de las historias que componen el filme). Unas pocas palabras y algunos gestos plasmados por los protagonistas de la escena en que Cuenca pide el menú sirven para saber que va a ocurrir algo más allá de la comida solicitada; sirven para presentar a dos de los personajes principales. La primera escena en que aparece la cocina pone en acción al tercer protagonista: la cocinera.

Así es como unos pocos planos y algunas palabras alcanzan para caracterizar a una tríada de personajes y meterlos en una acción que el director parece sentir como que debe terminar rápidamente… hasta la muerte debe ser súbita y sin agonía. Cuando se filma el tiempo corre, y Szifron parece no querer extender demasiado ese tiempo en sus relatos. No hay flashbacks ni situaciones paralelas, todo es directo y manifiesta una prolija linealidad aristotélica.

Simplicidad y Efectividad en la Narrativa

Fuera de la linealidad del relato, la cuestión de la simplicidad de algunos de ellos ha sido motivo de análisis de Aristóteles en la Poética. El filósofo habla de "acciones sencillas", de un tipo de acción donde el relato fluya casi naturalmente sin complicación alguna: "que por las cosas pasadas avengan naturalmente o verosímilmente los tales sucesos…".

Profundizar en estos relatos de Szifron es ahondar en ciertas semejanzas con ese "relato sencillo", pero por ello no poco efectivo, dada la fuerza e inesperabilidad de algunos de los finales. Pasternak modeliza tal estructura narrativa. Es el primero y más breve de todos los relatos. Los pasajeros de un avión descubren que tienen algo en común: todos tuvieron algo que ver con el piloto Pasternak. En unas pocas secuencias descubren que los reunió en ese vuelo para vengarse de todos ellos estrellando la nave. El giro final sorpresivo en Pasternak es, sin duda, un claro remate de un "relato sencillo" que genera una gran tensión en el espectador.

Cuando no se sabe de antemano lo que va a ocurrir, nace el suspenso, y este es un fuerte soporte de toda narración. Ese giro repentino y sorpresivo ya fue descubierto por Aristóteles cuando aludía a la "mudanza de fortuna". Y hay, sin duda, una cierta "mudanza de fortuna" en este breve Pasternak.

Llamativamente, esos relatos de Szifron, pese a su brevedad o los giros repentinos, son creíbles, porque el director argentino mantiene también cierta premisa aristotélica de que los hechos tengan "siempre presente o lo natural o lo verosímil…".

El director argentino ha expresado: "…decenas de veces pasamos por situaciones extremas y en la mayoría el ‘deber ser’ se impone afortunadamente. ¿Qué ocurriría si ‘lo correcto’ se desvanece?". La posible desmesura de los seis relatos debe ser tomada como una respuesta posible ante fuertes presiones emocionales. Respuestas reales y concretas más allá de todo posible juicio de valor, porque en definitiva lo que el director hace no es moralizar sino mostrar ciertos sucesos en su cruda realidad.

El Humor como Elemento Unificador

Aristóteles se preocupaba poco por el humor; es decir, en la Poética lo ubica en un plano secundario con respecto a la tragedia y a la epopeya. Umberto Eco, en El nombre de la rosa, rescata tal concepto y lo utiliza como elemento clave de su relato. En el monasterio donde se suceden una serie de extraños crímenes, el humor sirve como contrapunto a la tensión.

A la hora de hablar del relato de Daniel Szifron, debemos tener en cuenta que los aspectos analizados en primer término: la linealidad, la extensión temporal y la simplicidad son solo algunos de los recursos que lo fundan y lo sostienen a lo largo de Relatos Salvajes. El director tiene un sello distintivo en el carácter que le otorga a cada una de las historias: y ese sello es el humor, sin duda alguna. El festejo del cumpleaños de Simón Fisher -ahora ya bombita- en prisión contribuye a aligerar la posible carga dramática que conllevan las acciones anteriores del ingeniero.

Pero es en Los simuladores donde arranca entonces ese ingrediente -el humor- que ya ahora reconocemos como tan propio del director luego de ver Relatos Salvajes. En los distintos capítulos que componen la serie televisiva guionada y dirigida por Szifron, el humor tiene su lugar. En su esencia, el argumento de Los simuladores mostraba a cuatro socios que mediante simulaciones ("operativos de simulacro") resolvían los problemas de la gente común.

Una pequeña escena en un bar sirve para que, mediante un guion afinado, Szifron cree una situación de risa. Tras el clásico "El señor se va a servir algo", Mario Santos (uno de los simuladores) le pide primero un té a la mesera. Esta le comunica que no tiene el tipo de infusión que él quiere. Santos arranca con la idea de un café que tampoco existe en ese bar. Termina pidiendo un agua mineral sin gas: "…Sin sodio puede ser…" agrega finalmente.

Si Szifron ha buscado darle un carácter a todas las historias de Relatos salvajes mediante el recurso del humor para darle un respiro al dramatismo del relato es porque, de ese modo, fuera de la violencia final desatada en cada una de las seis piezas, dicho recurso le permite otorgar una unidad total a las mismas.

El Decir Escrito y la Subordinación del Actor

En "La misión del bibliotecario", Ortega y Gasset alude a la cuestión del "decir escrito" planteada en el diálogo platónico Fedro. Platón establece en este escrito su teoría de la preponderancia del decir hablado sobre el escrito. Le otorga un sentido de rememoración; de decir muerto o petrificado a la palabra escrita.

El filósofo español, en otros párrafos del libro, profundiza aún más en la idea, marca la necesidad imperiosa gestada en Platón de que "…otro hombre reproduzca en su persona la situación vital a que aquel pensamiento respondía…", señalando indiscutiblemente el traspaso del pensamiento escrito a una forma oral superadora del mero hecho de rememorar.

En Relatos salvajes se plantea una cuestión semejante en lo que respecta al "decir escrito". Para Szifron, el guion que determina la palabra de los actores es sumamente importante. Es el elemento que fundamentalmente construye los personajes de un relato y plasma su pensamiento expresado en el papel.

En el teatro de William Shakespeare, era la palabra escrita la que cobraba vida en la voz de los actores trasvasando el pensamiento escrito a una forma lingüística sonora; un proceso de tiempos isabelinos que se podría asimilar "la tecnologización de la palabra" enunciada por Walter Ong en el siglo XX. Shakespeare escribía sus piezas teatrales para ser representadas por actores fundamentalmente mediante el recurso de la palabra. No hay en sus tragedias indicaciones de puesta en escena o decorados. Lo fundamental en su teatro es la palabra; construye los personajes y los torna, al decir de Jerzy Grotowski, "en cortesanos" de una obra; en herramientas de un relato donde se diluye la idea del actor-divo.

En los personajes de Relatos Salvajes veremos claramente cómo la palabra estructura en gran medida el relato y le da consistencia. Ya se trate de un monosílabo, una frase corta o un parlamento extenso, la palabra es protagonista del filme. Un breve insulto en El más fuerte basta para desatar una lucha encarnizada en la soledad de una ruta que declara casi ausente el decorado.

Retrotrayéndonos a los capítulos de Los simuladores, también el discurso de los actores era sumamente importante y ninguno de ellos se erigía por sobre él en su actuación. Sus voces describían una circunstancia; argumentaban, narraban; exponían; o dialogaban evitando toda posibilidad expresiva que pusiera la actuación por encima del relato. Como en el teatro de Shakespeare, los actores de Relatos Salvajesson "cortesanos" de la historia.

Así es como la estructura narrativa de Szifron establece: vínculos con el relato aristotélico; presencia de humor y actores subordinados al personaje.

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