La Restricción Vehicular y su Impacto en la Movilidad Urbana en Bogotá y Medellín

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La incuestionable necesidad del desplazamiento dentro de los asentamientos urbanos caracteriza el dinamismo propio de la cotidianeidad ciudadana. Es la movilidad el derecho social que satisface el deseo de moverse y permite el acceso al trabajo, la vivienda, la salud, la educación, el ocio, etc. Ello ocasiona altos índices de movilidad de personas y mercancías en los centros urbanos. Bajo este contexto, se entiende como movilidad a “la suma de desplazamientos individuales” (Miralles-Guasch, 2002) y, por ende, al modo en que se lleva a cabo el desplazarse dentro de un área específica; definición que contempla no solo a aquellas modalidades que involucran el dispendio de energía (Herce, 2009).

Sin embargo, el rápido crecimiento urbano y la desconexión de los factores de planificación desencadena un modelo deficiente reflejado en congestión vehicular, baja calidad en los servicios de transporte, falta de accesibilidad al transporte público, espacios inapropiados para peatones y ciclistas, así como también impactos en el medio ambiente (Kamran, Farhan, Shujaat y Shah, 2019). Por lo tanto, resulta necesario un modelo de movilidad eficiente y adecuado que responda a las necesidades de la población, un sistema accesible que facilite la realización de las actividades propias de las urbes (Obregón-Biosca y Betanzo-Quezada, 2015).

La sostenibilidad en movilidad urbana se fundamenta en la priorización del peatón, del ciclista y del transporte público, y se plantea como objetivo principal el favorecer la intermodalidad y la integración de estos modos de transporte (Tanikawa-Obregón y Paz-Gómez, 2021) pues, suponen un menor nivel de congestión en el viario y contribuyen en la disminución de la contaminación ambiental. Se ha advertido que la implementación de estrategias para mejorar las condiciones de movilidad del transporte no motorizado tiene un impacto positivo en la intensidad y diversidad de las funciones urbanas, mejorando la seguridad de las calles y entornos peatonales (Orellana, Hermida y Osorio, 2017). En efecto, el proporcionar una mayor calidad de espacio destinado a las personas está directamente relacionado con el aumento de individuos en las calles, lo cual genera una sensación de comunidad y conexión entre viandantes y ciclistas (Kuo y Sullivan, 2001, p. 359). Se incide, además, en un mejoramiento de la calidad ambiental y paisajística por la reducción del transporte motorizado (Säumel, Weber y Kowarik, 2016, p. 25).

Estrategias para la Sostenibilidad en la Movilidad Urbana

En tal dirección, es necesario hacer referencia a las medidas más populares para contribuir a la sostenibilidad en la movilidad urbana. Yan, Levine y Marans (2019) sostienen que las políticas de estacionamiento, estrategias sobre costo y disponibilidad, son eficientes para regular el uso del vehículo privado. Aunque el automóvil fue el protagonista en el siglo pasado en temas de movilidad, la planificación urbana contemporánea ha introducido políticas para disminuir los viajes individuales y fomentar otras formas de transporte, aplicando días de restricción y libre circulación como en Bogotá, Bruselas, Chengdu, Copenhague, Dublín, Milán y Paris (Richter, Hagenmaier, Bandte, Parida y Wincent, 2022). Cabe señalar la necesidad de un cambio fundamental en los patrones de inversión de transporte público basado en el principio de evitar o reducir viajes a través de la integración del uso del suelo y la planificación del transporte (Charan y Venkataraman, 2017). De acuerdo con Kamargianni et al.

Con el fin de aterrizar el contexto de estudio a la realidad sudamericana, se menciona a Santiago de Chile como uno de los mayores ejemplos en aplicar iniciativas que favorecen los modos activos de movilidad. La estrategia de aumentar el ancho de las aceras, eliminado el estacionamiento de automóviles y reduciendo el ancho del pavimento, obtuvo numerosos premios que antes habían sido otorgados a ciudades desarrolladas como Nueva York, Londres y París (Herrmann- Lunecke, Mora y Sagaris, 2020). Si bien al inicio causó preocupación por parte de los comerciantes, conductores y residentes, la peatonización de calles se ha extendido por las principales ciudades de Chile.

El Rol Socioeconómico de la Movilidad Urbana Sostenible

Referente al desarrollo socioeconómico, la movilidad urbana sostenible incide en la notable transformación del entorno urbano revitalizando el comercio, las plazas, los paseos, en sí, la vida en la ciudad. Su papel en la economía no se refiere únicamente a los desplazamientos de personas hacia su trabajo, sino de ciudadanos que viven, no solo transitan, y son parte del contexto en el que se desarrollan. Al mejorar la conexión de la ciudad y facilitar el acceso a la movilidad se potencializa la economía local, se incrementa el acceso a las oportunidades, se abre las puertas a la educación, al trabajo, a la salud, no solamente a los habitantes del área urbana, sino también, de la ruralidad.

En resumen, los sistemas de transporte están bajo la gran presión de los sistemas socioeconómicos y ambientales. El primero requiere el rápido crecimiento del transporte, mientras que, el segundo necesita que el sistema que no excedan la capacidad ambiental. (Ling, Ma y Jia, 2022, p.

Movilidad como Derecho Territorial y Participación Ciudadana

Aunque lo anterior pone de manifiesto la intervención de los planificadores y autoridades de una manera técnica, debe a su vez entenderse la movilidad como el derecho territorial a desplazarse, relegando la visión esquemática de los modos de transporte e infraestructura para introducir el paradigma de que son un medio y no, en sí, el fin de un plan de movilidad (Gibsone et al., 2011).

La participación pública se vuelve esencial para fomentar la sostenibilidad en los países en desarrollo (Martos et al., 2016). Es el resultado de un conjunto de políticas de transporte y circulación que busca proporcionar el acceso amplio y democrático al espacio urbano, a través de la priorización de los modos no motorizados y colectivos de transporte, de forma efectiva, socialmente inclusiva, ecológicamente sostenible, basado en las personas y no en los vehículos (Boareto, 2003, p.

Indicadores para Medir la Eficiencia de la Movilidad Sostenible

Al hablar de indicadores que permitan medir la eficiencia del sistema de movilidad, hay que destacar varias propuestas que evalúan diversos factores sociales, medioambientales y económicos. Quiroga (2009), por ejemplo, hace referencia a un componente ambiental y a otro como desarrollo sostenible. El primero identifica los estados de la dinámica ambiental en los centros urbanos; mientras que el segundo evalúa interrelación de las medidas económicas, sociales, ambientales. Gaviria (2013) propone la identificación, priorización y construcción de indicadores de sostenibilidad a partir de revisión bibliográfica, realización de encuestas, lluvia de ideas, comparación con otras áreas, análisis del conocimiento adquirido en intervenciones anteriores. Jiménez (2008), entretanto, señala la construcción de indicadores mediante definición de estrategias, establecimiento de aspectos relevantes y medibles, formulación y validación de indicadores, metas y periodicidad de medición. Asimismo, Rodríguez (2016) analiza indicadores de movilidad en ámbitos del transporte, medio ambiente, desarrollo socio económico, urbanismo, empleo, vivienda y optimización de espacio público. Los autores mencionados coinciden en que para que un indicador de movilidad sostenible pueda ser implementado debe ser medible, verificable, reproducible y relevante.

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