La Conducción del Niño según Elena de White: Un Resumen Profundo

  • Autor de la entrada:
  • Categoría de la entrada:blog

El libro de Oseas, uno de los doce profetas menores, destaca por su enfoque en el amor de Dios hacia su pueblo extraviado, sin excusar su conducta. Estos profetas son llamados "menores" no por su importancia, sino por la brevedad de sus escritos, considerados antiguamente como un solo libro.

El Contexto Histórico de Oseas

Óseas profetizó durante los reinados de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá, y Jeroboam II, rey de Israel. Su ministerio abarcó un período tenebroso antes del cautiverio asirio, posiblemente antes de la caída del reino del norte en 723/722 a. C.

En los días de Jeroboam II, Israel prosperó materialmente, pero esta prosperidad contrastaba con la decadencia moral y espiritual del pueblo. La anarquía política y la falta de gobierno eran rampantes, con reyes asesinando a sus predecesores. Óseas se refiere varias veces al culto idolátrico al becerro levantado por Jeroboam I como causa principal de la impiedad de Israel.

Oseas vivió en el tiempo de la cosecha de esta mala siembra. La adoración a la criatura desplazó la adoración al Creador. Prevalecían la falta de honradez, la desconfianza mutua y la falsedad frente a Dios y al hombre.

En los prósperos días de Jeroboam II se derramaba sangre en abundancia, y se estimulaba el lujo en todas sus formas. Por regla general, se pervertía injusticia y se oprimía a los pobres. El adulterio era una práctica religiosa. Todos los niveles sociales se habían corrompido y la blasfemia y el escepticismo caracterizaban a la corte real.

Óseas fue llamado por Dios para oponerse a esa inundación de maldad del reino del norte, y para levantar diques de reprensión, condenación y súplica: de súplica basada en el eterno amor de Dios por sus hijos descarriados. Pero los ruegos de Óseas no fueron escuchados por un pueblo apóstata.

El Amor Incondicional y la Justicia Divina

La terrible maldad del reino del norte aparece aún más tenebrosa a la luz de ese amor divino, y Óseas de ninguna manera disculpa al pueblo por su conducta. El profeta también describe con tonos lóbregos los terribles castigos que caerían sobre Jerusalén si persistía en su impiedad.

Estas amonestaciones no son amenazas, sino declaraciones de hechos que muestran que el castigo sigue ineludiblemente al pecado. Sin embargo, en todo lo que escribe Óseas expresa el tierno amor de Dios para con su pueblo descarriado.

El Simbolismo en la Vida de Oseas

Oseas, para señalar los castigos de Dios por la prostitución espiritual, toma a la fornicaria Gomer, de la cual le nacieron: Jezreel, Lo-ruhama, y Lo-ammi.

Jezreel

El significado de este nombre es "Dios sembrará" o "Dios esparcirá". Algunos han destacado el juego de ideas que hay en el nombre hebreo. Antiguamente la semilla se esparcía en el proceso de la siembra, y la palabra "esparcir" llegó a tener el significado de "sembrar" o "plantar".

El primer significado del nombre Jezreel se aplicó al tiempo de la infidelidad de Gomer, debido a la cual Óseas la "apartó", o le puso trabas, es decir la puso a buen recaudo limitándole sus privilegios. Posteriormente, cuando ella se arrepintió, Óseas la "plantó", es decir, le restituyó su condición anterior y sus prerrogativas (ver com. cap. 2: 22). También hay un típico juego de palabras en hebreo que contrasta las palabras Jezreel e Israel.

Jehú exterminó, por orden de Dios, toda la casa de Acab en la ciudad de Jezreel (2 Rey. 9: 6-7; 10: 17). ¿Por qué, pues, debía ser castigado lo que hizo Jehú? Muy posiblemente porque fue pecaminoso el motivo que tuvo al destruir la dinastía de Acab.

El propósito de Dios al exterminar la casa de Acab era el de hacer desaparecer completamente la idolatría tan difundida por Acab y Jezabel. Jehú puso fin al culto de Baal, pero permitió que continuara el culto a los becerros de Jeroboam (2 Rey. 10: 21-31). Ese cumplimiento a medias de la orden divina revelaba un corazón dividido, lo cual trajo a Jehú una condenación mayor por haber invalidado el designio del cielo.

Lo-ruhama

A algunos les parece importante que el registro no diga, que "le" dio a luz una hija a Óseas, como se dijo en el caso de Jezreel (vers. 3). Esto ha hecho que se deduzca que Lo-ruhama no era hija de Óseas, sino que nació como fruto de un adulterio de Gomer. Esta opinión adquiere más peso si se acepta que el cap. 2 relata lo que realmente le aconteció al profeta con su esposa Gomer (ver com. cap. Heb. Lo ,rujamah, "no compadecida".

Pablo se refiere a la profecía de Óseas, y es evidente que interpreta la frase con el significado de "no amada" (Rom. 9: 25); y Pedro, sin duda refiriéndose al mismo pasaje, habla de un pueblo que no había "alcanzado misericordia" (1 Ped. 2: 10). La nación de Israel había llegado al punto en que el Dios de amor no podía compadecerse más de ella (cf. Gén.

Lo-ammi

Heb. Lo+ %ammi, "no pueblo mío". Algunos ven en este nombre la comprobación de que Oseas finalmente reconoció el adulterio de Gomer; es decir, el profeta afirma que el niño no es de su familia.

Promesa de Restauración

La profecía del quebrantamiento del reino de Israel (vers. 4) está mezclada con la promesa de restauración. Nótese aquí la semejanza con la promesa dada a Abrahán (Gén. 22: 17) y la que fue dada a Jacob (Gén. 32: 12). La restauración prometida no sería para las diez tribus nada más, sino para Israel y para Judá juntos (ver com. vers. 11); sin embargo, los hijos de Israel no vivieron a la altura del glorioso destino que el Señor había trazado para ellos (ver pp. 30-32).

El apóstol Pablo muestra cómo se cumplirá esta profecía en los gentiles (Rom. 9: 25-26; ver pp. Esta promesa halla ahora su cumplimiento en la iglesia cristiana. Mediante la aceptación por fe del Evangelio, nosotros, seamos judíos o gentiles, somos adoptados como individuos en la familia de Dios (Rom. 9: 24-26), y así nos convertimos en herederos de la vida eterna (Juan 1: 11-12; Roma. 8: 14-17; Gál. 3: 26, 29; Apoc. 21: 7; compárese con la ilustración de Pablo del injerto en el buen olivo del verdadero Israel, Rom.

Este capítulo da énfasis a la verdad de que "Dios no puede ser burlado" (Gál. 6: 7). Si le desobedecemos, no podemos esperar que escaparemos del castigo de nuestras transgresiones. Los tres hijos de Óseas, que representan a los apóstatas hijos de Israel, proclaman con sus nombres los castigos cada vez más severos debidos a esta apostasía.

Nombre Significado Representación
Jezreel Dios sembrará/esparcirá Castigo y restauración
Lo-ruhama No compadecida Falta de misericordia divina
Lo-ammi No pueblo mío Ruptura del pacto

tags:

Deja una respuesta