Servicio Peugeot Seminario Rosario: Análisis de una Empresa Monopólica en un Contexto de Restructuración Industrial

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La nueva división territorial del trabajo a escala global, a partir de los años ‘70, ha generado en los ámbitos periféricos una lógica territorial glocaldependiente. En ella, la desigualdad emergente da lugar a un diálogo contrastado, en un territorio fragmentado por el proceso de reestructuración económico-social en el contexto de la globalización. Esta "comunicación incomunicada" (valga la paradoja) se produce en el territorio entre agentes sociales que, a partir de posiciones distintas y bajo condiciones diferentes, quedan incluidos o excluidos del proceso de globalización.

Así, el impacto territorial derivado de la localización de determinadas actividades económicas en ámbitos periféricos, producto de esta nueva división territorial, produce mutaciones territoriales que es necesario revisar. En este sentido, las reformas económicas de la década del 90’ han sido significativas en Argentina, en tanto la cristalización del modelo económico neoliberal produjo un giro en la estructura socio-económico-territorial.

En relación a la actividad económica industrial, este proceso transcurre simultáneamente con la transición del modelo de industrialización fordista al posfordista, por supuesto con las características singulares que dichos modelos pueden adquirir en un ámbito periférico. El paso de un modelo a otro se dio a partir de la consideración de Argentina como mercado emergente en el contexto de la conformación del MERCOSUR, y dentro del cual Córdoba tiene una posición estratégica de localización.

En el análisis que aquí se propone, dicho paso ha significado, por los impactos socioterritoriales detectados empíricamente, la emergencia de un mercado sumergente para la sociedad. La aplicación del modelo de industrialización posfordista planteó un conjunto de nuevas interrelaciones entre territorio, tecnología, trabajo y capital con relación al espacio industrial, que permiten afirmar que se produjo un proceso de reestructuración industrial.

Estas interrelaciones se pueden interpretar a través de diversos ejemplos. Un ejemplo paradigmático, por lo que implica en la generación del producto geográfico bruto de un territorio, puede ser la consideración de las actividades en torno a la industria automotriz. Por esta razón, algunos ejemplos relativos a dichas interrelaciones a nivel de empresas automotrices, localizadas en la Región Metropolitana Córdoba (RMC) durante la década del ’90, pueden dar cuenta del proceso de reestructuración mencionado.

En el caso de las empresas transnacionales automotrices, la reestructuración cristaliza en una sustitución de estrategias con cambios de lógica localizacional, implementación de innovaciones tecnológicas y organizacionales y generación de flexibilización laboral. La puesta en práctica de esta modalidad de accionar generó un territorio en red de características singulares, a la vez que produjeron impactos empresariales y extra-empresariales que ponen en evidencia una gran contradicción: quien teje la red no tiene puesto su interés en el desarrollo del territorio en cual se asienta la red.

Por el contrario, el interés está puesto en la reproducción ampliada del capital transnacional a partir de un mercado considerado emergente, como el MERCOSUR. En consecuencia, este territorio adquirió dimensiones que es necesario examinar, para que quienes deban operar en su gestión tengan herramientas sustentadas en conocimientos construidos científicamente, en la medida que el resultado de este cambio de lógica produjo, contrariamente a lo esperado por algunos agentes locales, un proceso de desindustrialización del tejido industrial.

El resultado del proceso es un territorio que se caracteriza por no cumplir con ninguno de los requisitos para una eventual relocalización y reactivación industrial, a saber: mercado, seguridad, vías de comunicaciones suficientes y eficientes, sustentabilidad ambiental, estabilidad económica, social y política y calificación de mano de obra.

Más allá del hecho que algunos aún creen que estas cuestiones aún sobran, desde una posición que responde al legítimo orgullo de lo que fue el territorio antecedente/condición de este proceso, pero las evidencias recogidas están indicando que de no promoverse estrategias articuladas entre los diferentes agentes sociales, el territorio consecuente del proceso de reestructuración estaría en un franco problema de sustentabilidad.

Cabe entonces preguntarse qué fue lo que sucedió: ¿por qué el territorio antecedente derivó en un territorio consecuente de características insustentables? A partir de los años 90’ se asiste a una nueva lógica territorial de carácter glocaldependiente, en tanto que las empresas transnacionales diseñaron estrategias globales de segmentación productiva con diversificación de riesgo y jerarquización territorial que, acompañadas por estrategias locales de atracción de capitales por parte del gobierno y avaladas por un accionar sindical de corte autorreproductivo, generaron una situación dependiente para los agentes individuales (trabajadores) como para las ciudades y sus regiones metropolitanas, lugares donde se produce el "juego de los agentes".

Consideraciones Teórico-Conceptuales

La Producción Flexible: La Nueva Cara del Tiempo y el Espacio

La producción flexible es una nueva forma de producir, característica del modo de acumulación posfordista en el contexto del capitalismo global. Las nuevas tecnologías en materia de informática y telecomunicaciones son un factor coadyuvante en su emergencia, así como las condiciones de competencia impuestas por mercados cada vez más segmentados y desregulados.

La producción flexible supone, desde el punto de vista estrictamente productivo, series cortas con breve ciclo de vida de los productos y diversificación de los mismos de acuerdo a los requerimientos cambiantes del mercado. La competencia interempresarial se impone y ello implica una mayor tasa de innovación para dar respuesta rápida, a bajo costo y sin acumulación de stocks improductivos, por lo cual la producción es ajustada a tiempo (just in time).

En este esquema productivo, la diversificación del riesgo es un elemento clave para reducir costos; de allí la descentralización productiva a través de un proceso de terciarización (outsourcing) de actividades. Desde el punto de vista territorial, la producción flexible supone a escala global una nueva división territorial del trabajo, efectivizada en la relocalización de empresas transnacionales en aquellos lugares con buena oferta de ventajas competitivas.

De este modo, emerge un proceso de competitividad entre los territorios para captar posibles inversiones, situación que deriva a escala local, cuando se "gana la partida", en una reindustria-lización con concentración de actividades y establecimientos. En este proceso cobran protagonismo tanto las pequeñas y medianas empresas locales como aquellas transnacionales, que fungen como proveedoras de las empresas ensambladoras que segmentan su producción hacia ellas. Ello no obstante, la conexión en red para operar permite "unir" territorialmente lo que se produce en diversos lugares y con el más bajo costo.

La especialización flexible se produce tanto en productos como en procesos y da cuenta de una estructura productiva que -sin quebrarse, y adaptándose a las necesidades de quien la maneja- cambia de forma con acelerada velocidad, con la intención de producir para un mercado que, paradójicamente, al mismo tiempo contribuye a diversificar y achicar.

La diversificación se visualiza en el incremento de oferta de productos y en las nuevas estrategias de venta a plazo que incentivan el consumo. Pero paralelamente, son las mismas empresas las que, al reducir costos mediante la precariedad laboral, reducen el mercado de consumo que intentan incrementar.

Mercado de Trabajo, Tecnología y Flexibilidad

Un concepto directamente relacionado con la paradoja mencionada es el de mercado de trabajo, ámbito fuertemente reconvertido para hacer lugar a la flexibilidad del nuevo modo productivo, en el cual las tecnologías son un factor coadyuvante del proceso de reestructuración del capital. La tecnología como factor supone un conjunto de conocimientos y métodos, incorporados tanto a procesos como a productos.

En el primer caso, hablamos de "tecnologías blandas" que permiten elevar la rapidez y la precisión de los procesos, reduciendo costos al capital; y en el segundo, se alude a "tecnologías duras" que permiten mejorar la calidad y diferenciación del producto. En ambos casos, su utilización se relaciona con el factor trabajo en términos de condición y no de determinación.

Por su parte, el trabajo puede ser definido como cualquier esfuerzo para conseguir un fin económico relacionado con la reproducción social. En este sentido, es diferente al concepto de fuerza de trabajo, que alude a la capacidad natural del hombre de desarrollar una actividad; ahora bien, cuando parte de esa fuerza de trabajo se pone en venta en el mercado, es decir, se mercantiliza y se la retribuye con un salario, es cuando hablamos de empleo y de la constitución de un mercado de trabajo, desarrollado en el marco de formas institucionales que concurren en la configuración de un determinado régimen de acumulación y de acuerdo con especificidades sociales, temporales y territoriales.

Al respecto Castel (1997), encarando la problemática del trabajo no como relación técnica de producción sino como soporte privilegiado de inscripción en la estructura social, construye metafóricamente "zonas" de cohesión social a partir del ingreso o no al mercado de trabajo. Así, la asociación trabajo estable - inserción relacional sólida, caracteriza una zona de integración. A la inversa, la ausencia de participación en actividades productivas produce exclusión y una zona de desafiliación. La vulnerabilidad social será la característica de la zona intermedia e inestable que se conjuga a partir del establecimiento de condiciones de trabajo precario y aleatorio.

Otros enfoques abordan la relación entre tecnología y empleo coincidiendo en señalar el efecto negativo de las nuevas tecnologías de la informática y telecomunicación en la generación de desempleo tecnológico. En esta dirección, Rifkin (1996) argumenta que "nuevas y más sofisticadas tecnologías informáticas basadas en la información y en el empleo de ordenadores llevarán a la civilización a situaciones cada vez más próximas a la desaparición del trabajo" (17).

La crítica apunta a señalar que las nuevas tecnologías ayudan a sustituir trabajo por capital contribuyendo a elevar el nivel de ganancia de las empresas, señalando asimismo que los empleos generados por las nuevas tecnologías no son suficientes para absorber el desempleo producido, y que los nuevos empleos, sobre todo de mandos medios, decrecen a medida que avanza una mayor incorporación de tecnología en las empresas, por lo que la brecha entre empleo y desempleo es cada vez mayor.

En un reciente trabajo, Sennett (2000) profundiza la crítica a la actual situación del mercado de trabajo a través de un análisis comparativo entre el ámbito de trabajo rígido, en vías de desaparición, y el de trabajo flexible, impuesto por el capitalismo flexible de la "Corte de Davos". Su análisis alude a las nuevas condiciones laborales y sus consecuencias opresoras sobre las personas.

Comienza su reflexión recordando la definición del término "flexibilidad", y señala que el mismo designa la capacidad de un árbol para ceder y recuperarse implicando, a la vez, su puesta a prueba y la restauración de su forma. Así, el autor indica que "en condiciones ideales, una conducta humana flexible debería tener la misma resistencia a la tensión: adaptable a las circunstancias cambiantes sin dejar que éstas lo rompan". No obstante, "las prácticas de la flexibilidad se centran principalmente en las fuerzas que doblegan a la gente" (Sennett, 2000: 47).

Este doblegamiento opera a nivel colectivo y se evidencia en las nuevas condiciones laborales imperantes en los mercados de trabajo, que al generar incertidumbre, ausencia de confianza y compromiso con raíces profundas, superficialidad del trabajo en equipo y -más que nada- el fantasma de no conseguir nada por uno mismo en el mundo (y de tampoco poder "hacerse" una vida mediante el trabajo), derivan en una consecuencia no deliberada por el capitalismo: el valor del lugar y el deseo de comunidad. Así, se enfatiza que "el lugar tiene...".

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