Historia de la Inmigración Japonesa en América Latina

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Los estudios migratorios permiten analizar aspectos diversos de la historia universal. En este caso, los intereses económicos y el desarrollo de las relaciones diplomáticas se interrelacionan íntimamente con el proceso migratorio o más bien influyen de modo relevante en la forma como se manifiesta.

Cuando nos detenemos a plantearnos el enfoque teórico, para cualquier caso de inmigración en Chile, surgen necesariamente diversas dudas ante las peculiaridades que este proceso ha experimentado, en nuestro país, en comparación con lo que ha ocurrido en aquellos países del Continente que se caracterizaron por una fuerte y masiva recepción de inmigrantes. Por otro lado, difícilmente alguna de las teorías existentes pueda explicar en forma singular cualquier fenómeno migratorio, por lo cual se hace necesario recurrir a varias de ellas para poder comprender cualquiera de los procesos que elijamos, especialmente cuando se trata de migraciones que corresponden a situaciones muy particulares, por su escaso número, que las califica como situaciones excepcionales, como es el caso de la inmigración japonesa a Chile.

Se agrega a lo precedente, la ausencia de teorías propiamente enunciadas desde perspectivas propias de la disciplina de la Historia. No existen propuestas teóricas apropiadas a explicar los fenómenos migratorios en perspectiva histórica, siendo la mayor parte de dichos enfoques procedentes desde la economía o la sociología, lo que nos obliga a adaptar e incorporar necesariamente las teorías de dichas disciplinas, junto a otras como la geografía, la psicología, la antropología, etc. Siendo los estudios migratorios de carácter muy amplios y multidisciplinares, los enfoques se hacen más diversos, de allí la afirmación de Arango:” las migraciones son polifacéticas y multiformes, conceptualmente complejas y difíciles de medir”.

En procura de una mejor identificación del fenómeno migratorio a Chile debemos establecer que no se trata de un proceso masivo, ante lo cual las teorías clásicas aplicadas a los tradicionales flujos europeos orientados a los Estados Unidos, Argentina o Brasil no son apropiadas para comprender el caso nuestro. El Estado chileno realizó importantes esfuerzos por atraer inmigrantes ya sea como colonos o trabajadores industriales, sin embargo, sus intentos no fructificaron. La gran mayoría de los que llegaron, usando las franquicias estatales, reemigraron a otros países, mayoritariamente a Argentina y los pocos que se quedaron optaron por instalarse como trabajadores independientes.

Efectivamente, los inmigrantes que finalmente se establecieron en Chile lo hicieron atraídos por las posibilidades que les ofrecía el medio como pequeños empresarios ya sea en actividades comerciales o industriales. Es sabido que cuantitativamente la inmigración en Chile a comienzos del siglo XX apenas llegaba a un 4% de la población, empero su incidencia en la actividad económica superaba ampliamente tal porcentaje pudiendo advertirse que, en los principales centros urbanos, el comercio y la industria, mayoritariamente estaban en manos de foráneos.

Los enfoques teóricos relacionados con el desarrollo empresarial han tenido bastante difusión para comprender dichas experiencias producidas por los flujos migratorios ocurridos desde la segunda mitad del siglo XX. En procura de una mejor comprensión del desarrollo empresarial o de gestión privada que caracterizó a los inmigrantes, podemos recurrir a diferentes enfoques que permiten incorporar diversos aportes para una mejor comprensión de los fenómenos de inserción laboral, teniendo a los inmigrantes como protagonistas.

Entre los teóricos que surgen como más sugerentes para una mejor comprensión del desarrollo laboral como trabajadores independientes se encuentran R. Waldinger, H. Aldrich y R Ward. Estos investigadores proponen, como método para entender las posibilidades de los migrantes para lograr desempeñarse en forma autónoma, analizar las capacidades individuales de cada sujeto, las de la comunidad inmigrante, en cuanto a sus capacidades de desarrollar redes sociales y solidarias, como también las oportunidades que ofrece la sociedad receptora a través de sus políticas públicas, las posibilidades del mercado y la actitud de acogida hacia los inmigrantes a partir de la visión, valoración cultural y sociopolítica que se ha construido de tal comunidad.

Es lo que se conoce como el método integrador, que une dos posiciones unidimensionales: aquella que acentúa, como factores primordiales, las capacidades personales, culturales, reunidos en los “recursos étnicos” y la otra que privilegia las potencialidades de la sociedad de acogida, a través de su “contexto de recepción”. El modelo integrador lo que hace es considerar tanto los recursos étnicos como los del contexto de recepción. R. Waldinger, H. Aldrich y R.

Una apropiada complementación al planteamiento de R Waldinger, H. Aldrich y R Ward, efectúan J. Rath y R. Klossterman, quienes se detienen a analizar la forma como los inmigrantes se insertan tanto en su propia comunidad como en la sociedad de acogida, lo que denominan incrustación mixta (mixed embeddedness).

Causas y Características de la Inmigración Japonesa

El inicio del período Meiji en Japón (1868) significó comenzar una apertura al mundo y un proceso de modernización. Diversas transformaciones como reforma agraria y mayor tecnologización provocaron la necesidad de migrar a una importante masa de la población, lo que fue estimulado por el Estado, tanto como una estrategia para enfrentar el desempleo, como también para evitar problemas sociales. Tampoco estuvo ajeno, entre los intereses japoneses, el expandir la influencia político-económica en el mundo, apoyada y manifestada por Takeaki Enomoto, ministro de Asuntos Exteriores de Japón, desde fines del siglo XIX. Con tal objetivo, en 1890, envió agentes a diversos países para estudiar explícitamente posibilidades de enviar emigrantes.

A los intereses estatales, se sumaron también intereses privados, de compañías navieras y agentes que profitaron del tráfico de migrantes. En todo caso, la corriente migratoria asiática hacia América Latina no tuvo las características del movimiento europeo, que fue significativamente masivo, en gran parte planificado y atraído por los gobiernos latinoamericanos. “A diferencia de la migración europea, la de origen asiático, en general, no fue planificada ni deseada y tampoco concordó con el ideal racial postulado por los ideólogos de las sociedades de América Latina del siglo XIX.

Las modalidades de la inmigración japonesa en América Hispana fueron muy diversas, tanto en número como en objetivos. Los países donde llegaron en mayor número, sin duda fueron Brasil y Perú, en donde se les atrajo como mano de obra para satisfacer la fuerte demanda de labores propiamente agrícolas, como era el cultivo del café en Brasil y la caña de azúcar en el Perú. El ingreso de japoneses a América Latina, hasta el inicio de la II Guerra Mundial, fue muy disparejo como consecuencia, fundamentalmente, de las diferentes características de los mercados laborales de cada uno de los países receptores. Como es sabido la II Guerra Mundial generó un fuerte impacto en la población japonesa en el Continente americano, provocando muchas expulsiones como también retornos voluntarios, como resultado de la adhesión de los Estados Unidos al bando opositor a Japón. Incluso, muchos países de América Latina, como fue el caso de Chile, le declararon la guerra a Japón en 1945.

Distribución de la Inmigración Japonesa en América Latina

La Tabla N° 1 muestra el ingreso de inmigración japonesa a América Latina.

País Número de Inmigrantes (Aproximado)
Brasil >250,000
Perú 18,500 (hasta 1923)
México Variable, influenciado por políticas migratorias de EE.UU.
Argentina Principalmente reemigrantes de Brasil o Perú
Bolivia Pequeños grupos en la región amazónica y centros urbanos

Las cifras que aparecen en la Tabla 1 se refieren a los ingresos solamente, y por lo tanto no consideran las reemigraciones a otros países, como tampoco los retornos a Japón. Para el primer período, hasta la II Guerra Mundial, el total de japoneses que llegó a nuestro Continente fue aproximadamente de 250.000. Para el segundo período, posterior al conflicto bélico, los ingresos se alteraron sustantivamente.

Brasil

Brasil sobresale como el país que trajo la mayor cantidad de inmigrantes japoneses, sumando una cifra superior a 250.000 personas para todo el siglo XX, que constituye aproximadamente el 5% del total de inmigrantes que recibió, cuya mayoría la constituyeron fundamentalmente portugueses e italianos. El grupo mayoritario, que llegó atraído por la demanda cafetalera entre 1924 y 1934, estuvo constituido por grupos familiares, mayoritariamente jóvenes y se concentraron en el estado de Sao Paulo. Pese a ser Brasil el país que mayor cantidad de inmigrantes japoneses recibió, ello no significa que no tuvieran que enfrentar acciones de rechazo de diversos sectores de la sociedad bajo argumentos fundamentalmente de carácter racista, sin embargo, la presión de los hacendados permitió se mantuviera esta corriente. En todo caso, es importante señalar que los inmigrantes japoneses no se adaptaban fácilmente a la actividad cafetalera, lo que significó que rápidamente buscaron otras formas de subsistencia.

Perú

Perú se ha constituido en el segundo país en importancia, en relación con el volumen de inmigrantes japoneses que llegaron a su territorio. El primer grupo de inmigrantes japoneses salió en 1899 a bordo del “Sakura Maru” y estuvo compuesto por 790 personas contratadas a través de la Compañía Morioka que fue autorizada para efectuar este trabajo. Las naves que transportaban a los japoneses eran mucho más cómodas que las que trajeron antes a los chinos que lo hicieron en veleros, en muy malas condiciones higiénicas y en donde era común que cerca de un 10% del grupo falleciera durante la travesía. En el caso de los japoneses vinieron en barcos a vapor con diversas comodidades, entre ellas disponer de agua caliente para bañarse. Luego del primer grupo continuó un proceso que se tradujo en 82 viajes, durante los años de 1899 y 1923, que significó la venida al Perú de 18.500 inmigrantes. Todos ellos estuvieron destinados a satisfacer la demanda de las haciendas azucareras, muchas de las cuales pertenecían a capitales extranjero, como por ej. la British Sugar Company. Además de propietarios británicos había también algunos italianos.

México

El caso de México es muy particular, por su cercanía a Estados Unidos, ya que la mayor parte de los japoneses que se establecieron en dicho país, lo hicieron al fracasar o renunciar a su intento por llegar a los Estados Unidos, aunque fuera por vías ilegales. El cambio en las políticas migratorias en los Estados Unidos, limitando el ingreso de los japoneses, provocó una reorientación hacia México. Curiosamente, el primer contingente de 15 trabajadores contratados de japoneses, que llegó a México, procedía de Salt Lake City para trabajar en minería. Como consecuencia del buen desempeño de estos trabajadores las empresas mineras hicieron traer más obreros japoneses. Otra actividad que atrajo a los japoneses a México fueron los trabajos en la construcción de líneas férreas.

Durante la revolución mexicana (1910-20) se produjo también un desplazamiento de braceros japoneses establecidos en el Sur del país al cerrarse las minas y al ser saqueados los pequeños propietarios japoneses. Un fenómeno interesante que se produjo en México fue la migración de profesionales de la salud, especialmente médicos y odontólogos, como resultado de un convenio que les permitió el libre ejercicio de su profesión. Otro aporte destacable de los japoneses en México se produjo a nivel de la educación agrícola en escuelas y granjas destinadas a tal objetivo y a las cuales concurrían los hijos de los campesinos mexicanos. En determinados sectores de Chiapas, las escuelas establecidas por los japoneses fueron las únicas alternativas educacionales que tuvieron los niños de dichas zonas.

Argentina

En Argentina se produjo una situación similar a México en cuanto a que quienes llegaron no lo hicieron directamente con la intención de venir a Argentina. La mayoría reemigraron desde Brasil o Perú. A partir de 1910 se acentuó la venida de quienes lo hicieron como efecto de la llamada de parientes ya establecidos. En Buenos Aires, desde comienzos del siglo XX existían comerciantes establecidos que ofrecían productos originales de Japón. Mayoritariamente, la comunidad se concentró en actividades comerciales urbanas, aunque un grupo minoritario se insertó en actividades agrícolas de horticultura, pero como arrendatarios, ya que era muy difícil pudieran acceder a la propiedad de la tierra. En San Miguel de Tucumán se produjo una destacada concentración de japoneses en el comercio de las cafeterías.

Bolivia

Los primeros japoneses que llegaron a Bolivia lo hicieron en 1899, y fue un pequeño grupo de 91 inmigrantes procedentes de Perú, atraídos por las faenas de caucho en la región amazónica boliviana en donde se desarrollaron como una comunidad aislada que se abrió a los matrimonios exogámicos, factor que facilitó su integración al medio. Posteriormente, se fue conformando una comunidad de comerciantes, algunos de ellos importadores, en La Paz y Oruro. Luego de la II Guerra Mundial, un tercer grupo se estableció en Santa Cruz, con intervención de ambos gobiernos.

La presencia japonesa en otros países, además de los señalados, fue reducida y fundamentalmente por acción privada. A modo de excepción, para este período previo al conflicto de fines de la década de 1930, podemos señalar dos experiencias de colonización dirigidas por el gobierno japonés. El prime...

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