Historia del Toyota Corona Mark II en Chile

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Hace unas décadas, el panorama automotriz en Santiago y otras ciudades chilenas era muy diferente al actual. No existían los atascos ni la "hora punta". Los niños podían jugar en la calle sin problemas, deteniendo sus juegos solo al grito de "¡autoooo!". Esto se debía a que el parque automotriz era más reducido y comprar un vehículo, nuevo o usado, era costoso, especialmente los importados.

Varios modelos se popularizaron en esos años, algunos de producción nacional, que hoy son verdaderas joyas para los nostálgicos. Si eres uno de ellos, te invitamos a recordar la historia de un clásico:

El Toyota Cressida en Chile

Toyota, a finales de los ochenta e inicios de los noventa, se embarcó en un ambicioso plan de renovación de todo su portafolio de modelos, partiendo desde el compacto Corolla Tercel, Corolla, Corona, Célica, Hilux, Hiace y su buque insignia Cressida, que se comercializó escasamente en Chile. La gama de colores se limitaba al gris plata metalizado, café metalizado, beige metalizado, burdeo metalizado y blanco. Recurrimos a nuestros archivos para hacer un breve recuento acerca de la historia de este sedán que en Chile llegamos a conocer en cuatro generaciones, entre 1976 a 1992.

Primera Generación (1976)

La primera generación del Toyota Cressida la conocimos en Chile en versiones sedán de cuatro puertas y station wagon, ambas propulsadas por un motor de 2 litros y caja manuales de cuatro marchas. Se reconocía por su frontal que buscaba emular un estilo británico. En algunos mercados se llegó incluso a ofrecer con un motor de seis cilindros. Fue una alternativa al Nissan Laurel/Máxima.

Segunda Generación (1980-1985)

La segunda generación del Toyota Cressida, conocida internamente bajo el código MX-63, la tuvimos en Chile entre 1980 a 1985. Los modelos 83 a 85 presentaron un sutil facelift, que afectó principalmente sus ópticos delanteros, parachoques y máscara, además de adicionar frenos de discos en las cuatro ruedas. Sólo conocimos la variante berlina en dos niveles de equipamiento: DX y GL.

Tercera Generación (1985/86)

A contar de 1985/86 conocimos la tercera entrega del Toyota Cressida, que destacaba por sus líneas rectas y angulosas, además del empleo ventanillas con contornos muy delgados. Se ofreció en el formato sedán 2.4 GL y un escasísimo station wagon 2.4 XL, que tenía la particularidad de tener dos limpiaparabrisas traseros.

Cuarta Generación (1989-1991)

La cuarta generación del Toyota Cressida fue lanzada en 1988 como modelo de 1989, bajo el código de proyecto MX 83. Recordemos que esta generación recibió un somero «facelift» que afectó a su máscara y el cambio del logo «Toyota» por el logo vigente hasta hoy: un círculo que simboliza el mundo con la «T» sobre él. A nivel global, esta generación se comercializó en tres niveles de equipamientos: GLX, GL y XL, en tipologías sedán y station. Esta última no la conocimos en Chile.

La gama de motores iba desde un motor con inyección electrónica de 1.988c.c.

Análisis Estético

Analizando sus líneas, podemos señalar con toda propiedad, que el Cressida luce clásico y refinado a la vez, comenzando por su generosos faros rectangulares decorados con sutiles listones cromados y seccionados en dos piezas (principales luces bajas y altas) y esquinas luces de posición y repetidores laterales de los intermitentes. Ambos ópticos flanqueaban una máscara cromada de cuatro lamas con el logo del fabricante al centro. El parachoques del color de la carrocería, era guarnecido por una franja plástica con un listón cromado que envolvía todo su contorno.

Lateralmente, vemos que su perfil iba en directa consonancia con el visto en otros sedanes de la marca de esos años, como Corolla y Corona, con un parabrisas generoso que se eleva suave y elegantemente de manera suave y redondeada. Lo mismo acontece en la caída hacia el maletero. Encontramos que era adecuada la proporción entre superficie vidriada y aquella de acero, con contornos de puertas negros, envueltos, al igual que las ventanas por listones cromados. Las manillas de las puertas son cromadas.

Los vidrios del Toyota Cressida de esa generación tenía la especial característica de estar levemente tinteados en un color café, lo que le daba más abolengo a su clásica silueta. A la mitad de las puertas contaba con paddings laterales del mismo estilo de los presentes en su parachoques. Otro detalle es que el zócalo iba pintado negro, para protegerlo de manera adicional contra rayones y daños ocasionados por la corrosión. Obviamente contaba con cuatro guardafangos de color negro.

La parte trasera del Toyota Cressida, destaca por su generoso vidrio posteior, con aireadores de cabina en sus esquinas. Desde fuera el portaequipajes aparenta ser amplio, pero una vez que lo abrimos, no contaba con apertura a nivel del parachoques, como sí acontecía con el Corolla de esos años. Además el espacio disponible se veía seriamente reducido con la presencia del espacio del neumático de refacción al costado izquierdo. Totalmente alfombrado e iluminado.

Las luces traseras seguían el estilo de las delanteras en su forma, con luces combinadas que realzan su estilo distinguido. El modelo fotografiado, sin embargo no contaba con las letras «Toyota Cressida» cromadas del costado derecho de la tapa del portamaletas, pero si con el emblema toyota dorado al centro y la sigla GL del lado izquierdo.

Dimensiones y Competencia

Las dimensiones del Toyota Cressida, que por esos años competía con Mazda 929 y Nissan Laurel/Laurel Altima y Máxima, eran de respetables 4.690 mm de largo; 1.695 mm de ancho y 1.415 mm de alto. Su batalla alcanzaba los 2.680 mm. Su despeje era generoso: 165mm.

Interior

Pero lo más interesante se da al abrir la puerta del conductor, donde inmediatamente nos damos cuenta que no estamos en presencia de un Toyota cualquiera: la presencia del tapizado de felpa es abismante en los asientos y revestimientos interNos de las puertas, de color café claro en la versión que ilustra esta crónica. Los asientos son bastante mullidos y se ajustan perfectamente a nuestro cuerpo. Los delanteros eran regulables longitudinalmente, reclinables y en altura.

La sensación de control es total, por cuanto todos los mandos están al alcance de la mano y son fácilmente reconocibles. El volante es de cuatro rayos con una palanca adicional, un tanto incómoda en su ubicación para regular la altura (personalmente prefiero la que tiene el Corolla de ese año). El comando para regular los espejos es una perilla situada al costado izquierdo del tablero, bajo la rejilla de ventilación.

El cuadro de instrumentos es simple y fácil de leer: temperatura de refrigerante del motor, tacómetro, indicador de la palanca selectora de cambios, velocímetro y nivel de combustible. Los testigos principales están en la zona baja. En la consola encontramos un reloj digital, a cuyo costado se ubicaban dos rejillas aireadoras. En otros mercados bajo lo anterior, las versiones GLX disponían de mandos elementales satélites del sistema de audio.

Inmediatamente debajo encontramos los comandos del sistema de climatización con cuatro palancas e interruptor de accionamiento del sistema de aire acondicionado manual. Desconozco que radio traía de fábrica o instalada «After Market», pero sospecho que pudo ser una Kenwood. (Este ejemplar tiene una Pioneer desmontable.). Entre ambos asientos delanteros se ubicaba un apoyabrazos con tapa, que da pie a una amplia caja con dos niveles: el primero desmontable plástico y otro más profundo, que podía emplearse para depositar las cintas o cassettes con las selecciones musicales favoritas de su dueño.

Atrás, también disponia de cómodas plazas (para esos años) con dos apoyacabezas integrados y un útil apoyabrazos traseros.

Motorización

El motor 22R,representaba la tecnología superlativa de Toyota, destinada a otorgar un alto rendimiento, suavidad de marcha y fiabilidad a toda prueba. Le seguía el que conocimos por estos lares: el clásico 22R de 2.366 c.c. con cuatro cilindros en línea dispuesto longitudinalmente. Entrega una potencia de 80 kw a 4.800 vueltas, mientras que su par es de 186 Nm a 3.200 revoluciones, asociado a una suave y eficiente caja automática de 4 marchas.

Su combinación de un casco rígido y suspensión delantera McPherson y de horquillas oscilantes trasera, daba como resultado una estabilidad máxima para manejar con completa seguridad, gracias a sus eficientes frenos delanteros de discos, que ofrecen una gran resistencia a los cambios de intensidad.

La versión cuyas fotos ilustran esta nota corresponde a un ejemplar adquirido en diciembre de 1991.

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