Harrison Ford es, sin duda, una de las mayores estrellas de la industria del cine. Una verdadera leyenda del cine es Harrison Ford. El actor oriundo de Chicago protagonizó durante la noche de los Critics Choice Awards uno de los momentos más emocionantes.
“Estoy realmente feliz de estar aquí esta noche y ver hacia dónde se dirige nuestra industria y a todas las personas talentosas que están obteniendo oportunidades que probablemente no hubieran existido en la primera parte de mi carrera. Me siento enormemente afortunado. En el momento en el que estuvo a punto de soltar las lágrimas agradeció a su esposa Calista Kay Flockhart.
Pero Ford también es un actor consumado, cuyo éxito se atribuye a la forma en que sitúa a sus personajes incluso en las situaciones más inverosímiles. Cuando Ford llegó a la cima de su fama durante la década de los ochenta, era la antítesis de los héroes de acción que en ese entonces se exhibía en las películas.
Indiana Jones, Han Solo, Rick Deckard, son algunos de los personajes más memorables en la historia de Hollywood y Harrison Ford, quien cumplió 80 años, ha sido el responsable de llevarlos a todos a la pantalla grande.
Indiana Jones: Un papel icónico
Indiana Jones marcó un antes y un después; el personaje daba la sensación de que sabía que con un paso en falso habría acabado muerto. Fueron seis minutos de ovación ininterrumpida. Habían pasado quince años desde la última vez que Harrison Ford, uno de los actores imprescindibles del cine anglosajón, vistió por última vez el desgastado sombrero que por tanto tiempo lo unió a Indiana Jones, el asombroso arqueólogo creado por George Lucas y Steven Spielberg que revolucionó el cine de aventuras.
Hoy, una de las sagas más taquilleras de la historia regresa con nuevos aires: por primera vez sin Spielberg en la dirección -ahora la silla fue ocupada por James Mangold- y con un protagonista octogenario rejuvenecido digitalmente, las peripecias de Indy están prontas a volver a la gran pantalla con Indiana Jones y el dial del destino. El filme llega a marcar varios hitos cinematográficos, pues no implicará sólo la despedida oficial de Ford con uno de sus personajes más icónicos.
También será la última banda sonora de John Williams, el mítico compositor responsable de las melodías más entrañables del cine moderno. Por todo eso es que su reciente estreno en Cannes estuvo cargado de una emotividad especial. Ninguno de los presentes dudó a la hora de levantarse de sus butacas para aplaudir profusamente el trabajo de Mangold y un Harrison Ford que apenas podía contener las lágrimas.
Y es por eso también que la organización del festival decidió aprovechar la instancia para homenajear al actor con la Palma de Oro de Honor, como una forma de reconocer sus casi seis décadas de carrera en la industria. La quinta entrega de la franquicia será la última protagonizada por Harrison Ford en los más de cuarenta años de la saga.
Con un 8.4, la mejor película de acuerdo al portal IMBd es nada más ni nada menos que la primera película de la saga. 2. La tercera entrega protagonizada por Harrison Ford también es la tercera en orden cronológico. En esta cinta, Indy debe evitar que los nazis encuentren el Santo Grial. 4. El último largometraje dirigido por Steven Spielberg, muestra la aventura de Indy en búsqueda de un valioso cráneo de cristal en Perú.
De carpintero a estrella: Sus inicios
Sin embargo, su camino hacia la actuación no fue del todo sencillo. Para llegar a encarnar al profesor Henry Walton Jones, Ford debió pasar por varios oficios, papeles y prejuicios que pusieron en jaque su elección como el protagonista de Indiana Jones, cuyas películas arribaron la semana pasada al catálogo de Disney +.
Sus inicios en la actuación son más o menos conocidos. Hijo de padre católico y madre judía, nació en Chicago el 23 de julio de 1942. Durante sus años escolares no fue precisamente un alumno destacado por su desempeño académico, pero igualmente ingresó a la universidad para estudiar literatura inglesa y filosofía. Ahí fue cuando comenzó a frecuentar cursos de arte dramático, los que, poco a poco, terminaron por convencerlo de que su vocación estaba en la actuación.
Al tiempo decidió trasladarse a Los Ángeles con su primera esposa, la también actriz Mary Marquardt, pero acercarse al territorio hollywoodense no fue suficiente para mejorar sus oportunidades laborales. De hecho, al principio le fue bastante dificultoso encontrar papeles medianamente relevantes: los primeros trabajos de Ford fueron, justamente, secundarios y de extra.
Algunos de ellos ni si quiera fueron suficientes como para que su nombre figurara en los créditos, como en Ladrón y amante (1966), su debut en la pantalla grande, y Luv... quiere decir amor (1967). El poco movimiento dentro de la industria lo llevó a ejercer como carpintero autodidacta, y fue ahí cuando, en medio de un trabajo en los Estudios Goldwyn, conoció a un joven director que cambiaría su vida para siempre: George Lucas. Con él, Ford consiguió uno su primer rol importante, en la película American Graffiti (1973).
Y aunque el papel le significó un aumento considerable de ofertas, todavía faltaba para que sellaran el contrato que haría que ambos saltaran al estrellato definitivo. Mientras Ford realizaba algunos arreglos de carpintería en su casa, Lucas aprovechó de pedirle ayuda con los castings para su próximo proyecto, una suerte de ópera espacial que pronto decantaría en la exitosa saga de Star Wars.
En un principio, el director se mostró reacio a ofrecerle una audición oficial. No le gustaba trabajar con los mismos actores y Ford ya había sido parte de American Graffiti. Pero al ver su desempeño, terminó por convencerse de que no había otro actor tan indicado como él para encarnar a Han Solo, acaso uno de los personajes más queridos de la saga de Skywalker. Un rol para el que incluso se consideró a Al Pacino.
Han Solo: Evitando la fórmula Scorsese-De Niro
En mayo de 1977, Star wars: Una nueva esperanza explotó en la taquilla y junto con ella, la fama de ambos. Las cifras de recaudación fueron más que buenas y Ford pudo por fin dedicarse exclusivamente a la actuación. El día del estreno, Lucas se encontraba de vacaciones en alguna playa de Hawái acompañado de Steven Spielberg, uno de sus amigos más entrañables de la industria.
Entonces, Spielberg venía saliendo del éxito de Tiburón, y entre la vorágine que significó el recibimiento de aquel trabajo, le comentó a Lucas su intención de dirigir una nueva película de James Bond. Lucas recordó el proyecto que dejó archivado a principios de los setenta: la historia de un aventurero llamado Indiana Smith que rememoraba la épica de las películas que solía ver cuando niño, y que llevaba un tiempo trabajando junto a Philip Kaufman.
Ese día en la playa, el hombre detrás de E.T. aprobó la idea de su amigo, sellando uno de los matrimonios creativos más exitosos de la historia del cine. Sólo tuvo una acotación: cambiar el apellido Smith por “Jones”. Al año siguiente, ambos cineastas se embarcaron en la escritura del guion y la odisea por encontrar una casa cinematográfica. A pesar de que ambos ya gozaban de un nombre en el medio, Spielberg era conocido por ser un director que se excedía en los presupuestos y las fechas de grabación.
Sin embargo, Lucas no estaba dispuesto a transar un cambio en la silla de dirección, y finalmente fue Paramount quien aceptó, a regañadientes, financiar la película. Con los principales problemas resueltos, la dupla se sumergió en otra tarea tanto más importante, y que era encontrar al actor perfecto para encarnar al héroe arqueológico que recorrería el mundo buscando artilugios y luchando contra quienes buscaran hacer el mal a través de ellos.
Spielberg nunca tuvo dudas: para él, Harrison Ford era el hombre indicado para vestir el traje de Indy. Pero Lucas mantenía su postura de no repetir a sus actores entre proyectos. Su respuesta quedó registrada en el anecdotario del cine moderno, pues, tras haber trabajado dos veces con Ford, se negaba rotundamente a que éste se convirtiera en su “Bobby De Niro”, haciendo referencia a la relación cinematográfica de Martin Scorsese con Robert de Niro y lo que vulgarmente se conoce como los “actores fetiches”.
Sin embargo, encontrar otro nombre no sería fácil. Entre los actores que desfilaron como posibles Indianas estuvieron Tim Matheson, Peter Coyote, John Shea y Tom Selleck, hasta que decidieron contratar a este último. De todas formas, Selleck no pudo aceptar el papel, pues tenía un contrato con la serie Magnum, P.I.
El tiempo pasaba, la fecha del rodaje se acercaba y aún no tenían al actor principal. Dos semanas antes de que iniciaran las grabaciones, y luego de que los productores de la película vieran el desempeño de Ford como Han Solo en El imperio contraataca¸ Spielberg volvió a proponerlo para protagonizar el filme. Quizás fue por la presión del tiempo o la dificultad para encontrar más candidatos.
Lo importante es que Lucas terminó por aceptar a Harrison Ford para el protagónico, sin imaginar que probablemente sería una de las mejores decisiones en torno a la franquicia. La entrega de Ford a la hora de encarnar al arqueólogo es cuento aparte. Desde un principio, el actor insistió en ser él mismo quien realizara las escenas de acción de la película, que componían una parte no menor de la historia. Aun así, contó con un doble de acción que, en la práctica, se limitó a realizar sólo algunas tomas.
Sin embargo, la decisión también tuvo sus consecuencias. Durante el rodaje de El arca perdida se lesionó los ligamentos de una rodilla y un hombro, y para El templo de la perdición sufrió de una hernia discal tras subir a un elefante, que lo dejaría paralizado justo cuando se rodaba la escena del combate contra un thuggee en su habitación.
Hay una historia particularmente llamativa dentro del anecdotario de Indiana Jones, y que tiene que ver con una de las escenas más recordadas de la saga, donde el arqueólogo se enfrenta a un árabe que hace vistosas maniobras con su espada. Justo ese día, Ford y parte del equipo se encontraban enfermos del estómago.
El malestar del actor lo hacía ir al baño constantemente, por lo que las grabaciones de esa jornada se realizaron en intervalos de 10 minutos. Para aquella escena, Spielberg tenía planeada una de las tantas peleas épicas que caracterizaron a la franquicia, hasta que Ford, indispuesto por la gastritis, le dijo: “¿Y por qué no simplemente le disparo?”.
La idea le hizo mucha gracia y terminó por configurar uno de los momentos más recordados de la película. Otra razón para reafirmar que, a pesar de las dudas y dificultades, la dupla Lucas-Spielberg tomó una buena decisión.
Más allá de los blockbusters: "Una segunda oportunidad" y otros roles destacados
Más allá de sus roles en franquicias icónicas, Harrison Ford ha demostrado su versatilidad en una variedad de géneros. Una de sus películas menos conocidas, pero igualmente destacable, es "Una segunda oportunidad".
Realizado por Mike Nichols ("Armas de mujer", 1988), se basa en un guión de Jeffrey Abrams ("Misión imposible 3", 2006). Se rodó en NYC y en los Paramount Studios. La acción tiene lugar en NYC y alrededores en torno a 1990. Narra la historia de Henry Turner (Harrison Ford), abogado neoyorquino implacable, arrogante, sin escrúpulos y de mal carácter, que vive absorto en el trabajo y en la búsqueda del éxito profesional y económico, sin miramientos y sin hacer ascos de marrullerías, la manipulación de la verdad y la ocultación de pruebas. A penas tiene tiempo para compartirlo con su mujer, Sarah (Annete Bening), y su hija única Rachel (Mikki Allen), de 11 años. Un día sale de casa a primeras horas de la noche para comprar tabaco en la tienda de 24 horas de la esquina. Inesperadamente recibe varios disparos, dos de los cuales le afectan el cerebro.
La película denuncia los excesos, basados en el fraude y la corrupción, que se cometen al servicio del éxito expeditivo y fácil. El tráfico ilegal de información privilegiada, el abuso de poder, las infracciones de la ley, la compra de voluntades y la corrupción, no son caminos de éxito, sino de enriquecimiento ilícito y delictivo. La película es, además, un relato sobre las segundas oportunidades, que en ocasiones resultan mejores que las primeras. Es interesante la descripción que se hace de las diferentes reacciones que se dan ante una persona con discapacidad sobrevenida.
La exclusión del discapacitado o su simple marginación laboral y social se repiten con demasiada frecuencia, pese a ser injustificables e injustas. Como película familiar, exalta el valor de la familia como apoyo insustituible para una vida profesional y personal activa, satisfactoria y equilibrada. La narración incluye desmayos sentimentalistas innecesarios y luce un optimismo edulcorado que devalúa el relato. La música, de Hans Zimmer ("Gladiator", 2000), aporta melodías que explican y refuerzan las incidencias de la acción. Añade un fragmento de un concierto para piano de Mozart. La fotografía, correcta y funcional, presta especial atención a la expresión corporal del protagonista. El guión toca temas de gran actualidad en su momento y aún más posteriormente. El tono de sermón que adopta resta fuerza, reciedumbre y poder de convicción a la obra. La interpretación de Harrison Ford es sobresaliente.
Otros roles destacados
En honor a su cumpleaños y a la manera de Velvet hemos querido construir una lista con las cinco mejores actuaciones de este actorazo:
- Avión Presidencial: Uno de los grandes éxitos de taquilla de Harrison Ford durante los 90 fue esta película dirigida por el alemán Wolfgang Petersen, donde da vida a uno de los mejores presidentes de los Estados Unidos en el cine. Eso le ayudó a consolidarse una vez más como el héroe de acción preferido en Estados Unidos, aunque después de esta película no volvería a tener un éxito de esta magnitud en la cartelera mundial. En la película, Ford como Presidente de los Estados Unidos, regresa de un viaje oficial a Rusia a bordo del avión presidencial, cuando un grupo terrorista secuestra el aeroplano y toma como rehenes a su familia y al resto de su gabinete. Quedando el Presidente totalmente liberado…
- Blade Runner: La dura historia de amor futurista de Ridley Scott ha sido calificada como una de las mejores películas de todos los tiempos. Y aunque ciertos analistas tienden a centrarse en los escenarios y el diseño de producción, dando demasiado amor a la visión de la vida urbana y dejando poco espacio para la actuación de Ford como un ex policía encargado de cazar replicantes. Sin duda se trata de un papel que Ford encarnó a la perfección.
- El Fugitivo: Tommy Lee Jones ganó el Oscar por interpretar a un agente de la ley al estilo de Javert, pero Ford es igualmente impresionante como Richard Kimbell, un cirujano condenado injustamente por asesinar a su esposa. Es un rendimiento extraordinariamente físico.
- El Imperio Contraataca: Por supuesto que Star Wars tenía que ser la mejor película de Ford. Nada en el canon de Ford puede superar a Han Solo, el contrabandista descarado que en El Imperio Contraataca, actúa mejor que nunca. Es sarcástico y cada mirada que cruza con la princesa Leia es inolvidable.
Blade Runner 2049
El miércoles pasado, ad portas del estreno de Blade Runner 2049, llovió con todo en Santiago. Como nunca, con cuática. Algo inusual para los días primaverales, pero quizás, una señal o aviso para los fanáticos y fanáticas del espíritu de la Blade Runner original, esa que estaba cargada de lluvia ácida y emocional, donde el futuro se vislumbraba lúgubre, tórrido y, digámoslo, real.
Por eso es necesario descifrar si la nueva producción y apuesta dirigida por Denis Villeneuve cumple con la difícil tarea de compararse con la cinta de 1982 que cambió el modo de ver la ciencia ficción y el cine contemporáneo; sin perderse, “como lágrimas en la lluvia”. ¿Prueba superada?
Recuerdos, usted habla de recuerdos
Partamos con que Blade Runner 2049 aterriza, en su historia, 30 años después de lo ocurrido con Deckard (Harrison Ford), Rachel (Sean Young) y los Nexus 6; mostrándonos un mundo aún más solitario (miedo) y aún más contaminado en todo sentido (más miedo), donde las clases sociales tienen a los replicantes o androides en lo más abajo, yéndose a la B, lo peors. Y aquí está el agente “K” (Ryan Gosling), parco y sumiso policía blade runner con carita de pena cuya pega es “retirar”, dar de baja o de frentón asesinar a robots que escapen de la ley.
Los busca, identifica, dispara, y al cajón. Todos los días, como una rutina, obedeciendo y terminando sus jornadas en su departamento acompañado sólo de Joy (Ana de Armas), su amiga multifuncional, pero virtual. Tristísimo escenario cada vez más próximo en los tiempos digitales de la actualidad. Por otro lado, tenemos a Niander Wallace (Jared Leto), director de la mayor corporación de creación de replicantes que anhela seguir evolucionando en sus productos, cueste lo que cueste, ser un dios.
Entonces algo sucede, que los caminos de éste y el agente “K” chocan, lo que puede cambiar el devenir de la no-humanidad. Teniendo esta sinopsis, primero debemos confirmar que esta historia cunde, te engancha, tiene más que lo suyo. Retoma las dudas y contextos de la predecesora, pero sin “replicar” los rollos del todo, más bien jugándosela por los personajes y sus problemas, su intimidad.
O sea, el eco de cine detectivesco continúa, no tanto desde el cine noir explícito, pero sumando una trama muchísimo más elaborada. Y las cosas que se citan o remiten del film ochentero (perfiles de los personajes, el detective, el científico megalómano, el del departamento de policías, la musa solidaria, etc.), tienen más motivaciones y profundidad. Dedito para arriba en este punto.
La ciudad de Hades 2.0
Sobre la estética, diseño, visualidad y fotografía acá nos jugamos por el empate. Es la firme. Pensemos en el hito que significó construir Blade Runner el ‘82, donde todo, pero todo, se ejecutó con efectos especiales análogos y superposiciones, nada digital.
Más bien con maquetas y sets gigantes, pintados a mano, jornadas interminables de grabación bajo lluvia y humo, incluso reciclando materiales y objetos de otras películas, como el Halcón Milenario de Star Wars o una nave de Encuentros Cercanos del Tercer Tipo. Esto, complementado con la obsesión y perfección excesiva de Ridley Scott en cada minúsculo detalle (con un imaginario gráfico conectado con Moebius), logran que este film se alce como referente y mito.
Fue alabado por Philip K. Dick, autor de la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? en la que se basó el film. ¡Pero, pero! A pesar de toda esta mega cuestión como precedente la entrega fílmica de este 2017, de 35 años después, también es joya, de la buena, brillando por sí sola. Créditos que tienen a Roger Deakis, emblemático director de fotografía hollywoodense reversionando los parajes de antaño, en esta ocasión virtualmente, y exhibiéndonos escenarios interminables, de colores brumosos, angulados, desoladores, recargados y maravillosos.
Su misión no es opacar los sucesos, sino cobijarlos, algo que quizás fue al revés en la película ochentera. Empate, absolutamente.
Duelo de replicantes
El ítem musical es más polémico. Porque es innegable la maestría y creatividad de Hans Zimmer y Benjamin Walllfish (que les adelantamos ganarán un Oscar ya sea por Blade Runner 2049 o por Dunkirk), decorando cada escena, diálogo y acción con melodías intigrantes y tecnológicas. Pero, siendo admirables, distan de tener la fuerza y vida propia que el griego Vangelis armó para Blade Runner. El loco hizo el soundtrack de una era, una película aparte.
Si de interpretaciones se trata, los escenarios son positivos. Ryan Gosling aprovecha su carita de pena y contención más que nunca, aportando más matices que aquel Harrison Ford de 35 años, también con carita de pena, y en lo más alto de su éxito. “K” es invalidez, simetría, que poco a poco se va rebelando contra todo.
Ahora, interesante es el propio Deckard versión senior, donde Ford realmente nos toca el corazón y compenetra, kilómetros más que lo hecho en Star Wars o Indiana Jones con sus personajes en modo tercera edad. Funciona Jared Leto con este ser hermético y divino, Ana de Armas en su delicadeza, encierro y resilencia; Robin Wright porque es Robin Wright, y, el tapado, la sorpresa, el ex luchador Dave Bautista. Te pasaste.
Días del futuro pasado
Cuando Ridley Scott hizo Blade Runner se peleó con todo el mundo, hasta con él (aceptó dirigirla porque quería reflejar el dolor de la pérdida de su hermano fallecido de cáncer). La crítica y la taquilla la despedazaron en su momento, nadie la entendió, y tanto el elenco como la producción del film la sintieron como un hijo insufrible y tortuoso.
Eso sí, el tipo acertó con sus predicciones, esas que configuran un mundo lleno de razas, etnias, colores y cultos sobrepoblados, revueltos y perdidos; con los poderosos en ciudades espaciales o lejos del vulgo. En su vereda el canadiense también entrega sus mandamientos, enrostrándote un presente que no sabe los límites de la inteligencia artificial y la era digital, dejando a la humanidad esclavizada por los soportes tecnológicos y la nula privacidad (como el uso de los drones).
Pero evidentemente en un tono más esperanzador, más crepuscular que oscuro, donde las relaciones interpersonales y nuestros lazos (familiares, vivenciales o convicciones) son la clave para cambiar el presente. Bajo esta lupa, Blade Runner 2049 y la propuesta de Villeneuve extiende horizontes y promueve otros debates, desde la ciencia ficción y su notable ejecución.
Veredicto
En definitiva, sacando la calculadora, Blade Runner 2049 no es Blade Runner, es una secuela engañosa, un universo expandido de lo ya visto, que tiene la capacidad de usar los cimientos pero jugarse y atreverse a estilos y debates. Y en lo personal, esos riesgos, importan y encantan. Como lo hizo recientemente IT, Rogue One en Star Wars o Creed con Rocky. Haciendo de los clásicos, nuevos clásicos.
No es una película fácil (dura casi tres horas), no es blockbuster con humor y batallas pirotécnicas… es guión y cuestionamiento. Si te gustó la lluvia primaveral, con esa nostalgia y sol posterior, Blade Runner 2049 es tu carta. Y está dentro de las mejores de este año.
La película que inspiró a Harrison Ford
Harrison Ford, leyenda de Hollywood, tuvo un relativamente temprano interés por la actuación. Pero el camino no le resultó fácil. Debutó a fines de los sesenta, con papeles menores. Ya en los setentas, con roles en filmes como La conversación (1974) y American Graffiti (1973) comenzó a ganar algo de atención. Años después llegaría su gran oportunidad en Star Wars (1977).
Pero en su adolescencia hubo una película que gatilló ese interés en el cine. El mismo Harrison Ford lo comentó en una entrevista. “Nunca pensé en ser actor hasta que tenía 13 o 14 años, cuando vi Matar a un ruiseñor. Era una historia humana maravillosamente lograda, con un elemento de justicia social como uno de sus temas. Y eso tuvo una influencia muy fuerte en mí. Me cambió la vida".
Se trata de una película de 1962, dirigida por Robert Mulligan. Es una adaptación de la novela homónima de 1960, de la escritora Harper Lee, galardonada con el Premio Pulitzer.
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