Volkswagen, la Policía Nacional y la Historia: Una Mirada Profunda

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La historia de Volkswagen se entrelaza con eventos políticos y sociales significativos en diferentes países, incluyendo Chile y Brasil. En Chile, un Volkswagen blanco jugó un papel inesperado durante la elección del presidente Salvador Allende, mientras que en Brasil, la empresa enfrentó acusaciones de colaborar con la dictadura militar.

Volkswagen y el Apoyo a Salvador Allende en Chile

El 4 de septiembre de 1970, el día en que Salvador Allende fue electo presidente de Chile, Carmelo Soria y Laura González-Vera participaron activamente. Soria trasladó por Santiago en su Volkswagen blanco a obreros y campesinos hacia los centros de votación, mientras su esposa fue apoderada de una mesa de sufragio en un colegio de Las Condes.

El Caso Carmelo Soria: Un Crimen Impune por Años

Una de las últimas frases que pronunció Carmelo Soria a sus secuestradores, un grupo de agentes de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), la policía secreta del dictador Augusto Pinochet (1973-1990), mientras era torturado, fue “pobre Chile”. Según el proceso judicial, tenía sus ojos vendados y estaba amarrado a una silla en una casa en Lo Curro, un sector acomodado de Santiago, la capital de Chile, en un cuartel hasta donde lo llevó la brigada Mulchén. Su cadáver fracturado apareció dentro de su auto, con las llaves puestas, los vidrios quebrados y una botella de pisco, en un riachuelo en el sector norte de la ciudad.

Era el 16 de julio de 1976 -casi tres años después del golpe de Estado- y llevaba dos días desaparecido. La escena fue pensada para que pareciera un accidente. Pero, 47 años después, la Corte Suprema chilena -tras un dramático devenir judicial por más de cuatro décadas en que el caso fue cerrado varias veces e, incluso, dos de sus homicidas fueron amnistiados-, condenó el 22 de agosto a seis exagentes de la DINA y a dos exmilitares por homicidio. Carmelo Soria, ciudadano español y chileno, militante del Partido Comunista, que trabajaba en la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), tenía 54 años y tres hijos -Laura, Carmen y Luis- cuando fue asesinado. Su esposa, la médica chilena Laura González-Vera nunca creyó en la versión policial.

Carmelo Soria Espinoza nació en Madrid en 1921. Llegó a Santiago el año nuevo de 1947, cuenta el libro Carmelo, matar dos veces a un mismo hombre (Ceibo), de los periodistas chilenos Andrés López Awad y Camilo Pérez Alveal, lanzado en abril pasado. Ambos hermanos habían sido opositores a la dictadura de Francisco Franco (1939 y 1975) y, en España, en su juventud, habían sido parte de la Federación Universitaria Escolar (FUE).

Durante los primeros años del régimen autoritario, la casa de la familia Soria González-Vera sirvió de refugio para ocultar a varios opositores que eran buscados, entre ellos, la diputada comunista Mireya Baltra. En paralelo a su cargo en CELADE, Soria colaboró clandestinamente en la impresión del diario del Partido Comunista El Siglo, que había sido clausurado, junto a excompañeros de Quimantú. El 14 de julio, los agentes de Pinochet secuestraron a Carmelo Soria.

Volkswagen en Brasil: Colaboración con la Dictadura Militar

En Brasil, la historia de Volkswagen toma un giro oscuro al revelarse su colaboración con la dictadura militar (1964-1985). La compañía admitió su participación en las detenciones ilegales, vigilancias y torturas de trabajadores en su filial durante este período.

VW reconoció no sólo el hecho de que empleados de seguridad de su fábrica en Brasil cooperaron con la policía secreta brasileña, sino que admitió también que los máximos representantes alemanes de la firma en São Paulo y miembros del directorio de su matriz en Alemania (Wolfsburg) habían consentido este tipo de colaboración con el régimen dictatorial brasileño. Oficialmente, se ha hablado de un acuerdo judicial que contempla el pago de una indemnización de 5,5 millones de euros.

Investigación y Revelaciones

Ante la acusación de parte de la comisión brasileña, el jefe del archivo histórico de VW, el historiador Manfred Grieger, decidió iniciar una investigación para establecer la autenticidad de las imputaciones. Para ello, ese mismo año 2014, viaja a Brasil. Las informaciones y pruebas que logró recopilar en terreno se mostraron irrebatibles. En septiembre de 2015, mes en el que el Departamento de Justicia del Estado de São Paulo inició una investigación contra la filial alemana, la noticia fue publicada por los principales medios alemanes. Es en este contexto en el que el historiador Manfred Grieger entra en conflicto con su empleador y es desvinculado en octubre de este mismo año.

Mientras Kooper se dedicaba a reunir informaciones sobre lo realmente ocurrido y a identificar a los actores involucrados, lo cual contemplaba la pregunta sobre qué supieron los miembros del consejo de VW, los periodistas Stefanie Dodt, Thomas Aders y otros colegas preparaban un documental con el título: “Komplizen? VW und die brasilianische Militärdiktatur”.

El Comienzo de Volkswagen do Brasil

La historia de VW do Brasil comienza en marzo de 1953, cuando su gerencia, con permanencia en la ciudad de Wolfsburg, llega a un acuerdo con la firma brasileña Brasmotor para que esta comenzara a ensamblar el legendario Escarabajo 1200 y el VW Transporta. El 16 de junio de 1956 se colocaría la primera piedra de la planta Volkswagen do Brasil S.A. en São Bernardo do Campo (São Paulo).

El nuevo presidente Juscelino Kubitschek de Oliveira (1956-1961) apoyó decididamente la instalación de la filial alemana en su país. Se entiende, entonces, que el mismo presidente Kubitschek haya asistido personalmente a la ceremonia oficial de inauguración de la filial el 18 de noviembre de 1959 y se paseara en un VW descapotable con un dichoso Heinrich Nordhoff. Otro que también estaba feliz era el gerente alemán Friedrich Schultz-Wenk, quien desde 1954 a 1969 estaría al frente de VW do Brasil.

Friedrich Schultz-Wenk: Un Ex-Nazi al Mando

Los datos biográficos de Schultz-Wenk no son raros para un alemán llegado a América Latina en los años posteriores a 1945. En 1931, a los 17 años, Schultz-Wenk ya se había unido al Partido Nazi (NSDAP). A pesar de que no era buscado por delitos de guerra o de lesa humanidad, después de la derrota de Alemania emigraría a Brasil y se quedaría en el país. Sin embargo, el historiador Christopher Kopper concluye, basándose en la lectura del intercambio de sus cartas con Heinrich Nordhoff, que Schultz-Wenkse se sintió siempre perteneciente al pueblo alemán. Esto se resume de la siguiente manera: Schultz-Wenk siempre contempló a su entorno con “superioridad colonial”.

La verdad es que a nivel del directorio y de la gerencia de la corporación este “temperamento colonial” fue la norma. Schultz-Wenk se preocupó de que en VW do Brasil prácticamente todos los puestos de responsabilidad a nivel gerencial y del directorio fueran ocupados por alemanes. Ciertamente, la gran mayoría de ellos no conocía el país ni el idioma cuando llegaron a ocupar sus puestos. En el contexto de los 50 y 60 esta política gerencial se combinaría con un fenómeno migratorio ‒ si se puede llamarlo así ‒ sobre el cual el mismo Schultz-Wenk tiene que haber estado muy bien informado.

Precisamente, este grupo, utilizando su bilingüismo y conocimiento del país, brindaría sus servicios como puentes de comunicación con los empleados brasileños. Por el contrario, entre los que encontraron un puesto de trabajo en WV do Brasil se hallaba, por ejemplo, Franz Stangl, ni más ni menos que uno de los tres comandantes del campo exterminio de Treblinka. Cuando más tarde se le preguntó al exjefe de VW Carl Hahn (1982-1993) si sabía que Franz Stangl había sido empleado por VW do Brasil durante años, incluso ocupando su nombre real, respondió: “La verdad es que no conocíamos de memoria los nombres de los comandantes de los campos de concentración … y menos que los hubiésemos contratado allí [en Brasil] cuando llegaron desde Alemania. Eso fue, creo yo, una historia completamente normal.”

Un ejemplo determinante que ilustra esto es la incorporación de Ademar Rudge como jefe del Departamento de Seguridad de VW do Brasil. ¿Quién era Rudge?: un ex oficial del Estado Mayor del Ejército brasileño. Rápidamente Rudge y su equipo comenzarían a preparar, a base de seguimientos y espionaje, listas negras con nombres de dirigentes sindicales y trabajadores de izquierda, listas que estarían dispuestas para ser usadas llegado el momento.

Los dos militares a cargo del departamento de seguridad, Rudge y Ramos, fueron contratados, primero, con conocimiento tácito del consejo gerencial y de administración de VW y, segundo, para hacer exactamente lo que hicieron: organizar y ejecutar una política de observación, persecución y represión contra los trabajadores de la firma, tender puentes de comunicación entre la filial y los militares y ayudar al aparato represivo de la dictadura. En consecuencia, Christopher Kopper concluye que ya mucho antes del golpe cívico-militar (31 marzo 1964) se había establecido sistemáticamente una “relación especial” entre la empresa y las fuerzas uniformadas de Brasil.

Schultz-Wenk expresó por escrito al consejo en Wolfsburg su satisfacción por la detención de comunistas, dirigentes sindicales y obreros pertenecientes a organizaciones de trabajadores. En concreto, miembros del departamento de seguridad de la filial colaboraron en su arresto y proporcionaron instalaciones de VW do Brasil para su tortura por parte de la policía política del régimen.

La Kombi de los Derechos Humanos en Valparaíso

En el contexto de las protestas sociales en Chile a partir de octubre de 2019, una Volkswagen Kombi se convirtió en un símbolo de resistencia en Valparaíso. Johannes Vera von Bargen, un trabajador público del Ministerio de Cultura, utilizó su Kombi para rescatar a víctimas de la represión policial.

Con un distintivo color beige pastel, una gruesa rueda de repuesto colgada en el morro, el rostro del músico Ray Charles estampado en su flanco derecho y un precario cartelito en el salpicadero (con una cruz y la abreviatura “DDHH”), la inconfundible Volkswagen Kombi de 1990 se ha convertido en un símbolo de resistencia porteña.

A lo largo del último año y medio, su conductor, el germano-chileno Johannes Vera von Bargen (48), ha sufrido amenazas, encerronas, persecuciones, continuos registros arbitrarios y hostigamiento por parte de Carabineros. Su delito: haber tenido el coraje de ocupar un vacío institucional y prestar un servicio humanitario sin pedir nada a cambio. A la “zona cero” de las protestas del puerto, allí donde más estragos se producían y los manifestantes caían heridos por balines o bombas lacrimógenas, ninguna ambulancia podía acercarse. Durante las marchas, emergía y se zambullía en los cruces de las esquinas, como un vigilante en la sombra, e irrumpía de sopetón en medio de las refriegas cuando alguien caía a tierra y se veía rodeado por las brigadas de salud voluntarias.

De las 30 personas que conformaban el grupo, al cabo de un mes solo quedarían él y un puñado más que brindaban colaboración desde otros lugares. Pronto se dio cuenta de la difícil situación que vivían los heridos y los brigadistas. “Uno siempre tiene la imagen de la guerra, donde aparece la bandera blanca, o aparece una cruz. Y en el fondo, lo de que «estamos en guerra» lo dijo nuestro propio presidente. El traslado de heridos era terrible, no había camillas, se cogía a las personas de pies y manos y eran trasladadas a una zona un poco más segura donde eventualmente llegaba la ambulancia. Yo tenía la Kombi y me dije: «pucha, mejor lo hago yo entonces».

“Ir con la Kombi a la «zona cero» significa mucho riesgo. La Kombi tiene muchos vidrios, además, ninguno está protegido. No cuenta con ningún seguro. Puros riesgos nomás, pero se hacía. Al final, nos organizamos y funcionó. Aunque Johannes salía solo, llegó un momento en que, cada vez que había un herido, recibía una llamada en su celular, ya fuese de otros rescatistas, de observadores o incluso fotógrafos. De hecho, una vez, cuando la Kombi patinó en la calle Cumming y acabó en la cuneta, los mismos jóvenes de la “primera línea” de las marchas se lanzaron en su ayuda para sacar al vehículo del bache.

La obsesión por fiscalizar y tener vigilado al vehículo y a su conductor llevó a los carabineros a seguirlo hasta su hogar mediante un dron. El hostigamiento a la Kombi se inscribe dentro de la represión regular que han sufrido las organizaciones de derechos humanos a lo largo de las protestas en Chile. Uno de ellos le pidió sus documentos y se marchó a revisarlos. Al regresar, indicó que faltaba un documento del vehículo, que Johannes asegura haberles dado. Le obligaron a entregar el vehículo.

Volkswagen Pide Disculpas y Ofrece Compensación

La compañía alemana Volkswagen informó que pagará cerca de 36 millones de reales (más de $ 5 mil millones) en compensación por haber perseguido empleados durante la dictadura militar brasileña entre 1964 y 1985. El resto del dinero -que completa los 36 millones de la moneda brasileña- será donado a instituciones de derechos humanos. “Es importante actuar responsablemente con este capítulo negro en la historia de Brasil y promover la transparencia”, dijo Hiltrud Werner, miembro del consejo directivo de VW, en un escrito emitido por la firma.

Christopher Kopper, profesional de la Universidad de Bielefeld, quien fue comisionado de Volkswagen para investigar los hechos, dijo que esta compensación era histórica. “Sería primera vez que la firma acepta responsabilidad en violación de derechos contra sus propios trabajadores que ocurrieron después del nacionalsocialismo”, sostuvo, según consigna la agencia Reuters.

Finalmente, Volkswagen explica que si bien la investigación de Kopper halló cooperación entre sus servicios de seguridad y el régimen brasileño, no hay evidencia de que esos hechos hayan correspondido a cooperación institucionalizada por Volkswagen.

Tabla Resumen de Compensaciones y Acciones de Volkswagen

País Evento Acción de Volkswagen Monto de Compensación (aproximado)
Brasil Colaboración con la dictadura militar (1964-1985), persecución de empleados Acuerdo judicial, reconocimiento de participación 5.5 millones de euros
Brasil Persecución de empleados durante la dictadura militar Compensación a ex empleados y sus descendientes, donación a instituciones de derechos humanos 36 millones de reales (aproximadamente $ 5 mil millones)

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