La Historia de Volkswagen en São Paulo: Desde su Llegada a Brasil Hasta la Cooperación con la Dictadura Militar

  • Autor de la entrada:
  • Categoría de la entrada:blog

La fábrica de automóviles Volkswagen tiene sus raíces en el ingeniero austríaco Ferdinand Porsche, quien en 1930 fundó un negocio en Stuttgart con el objetivo de fabricar un coche pequeño y barato para Alemania. Porsche quería construir un automóvil que fuera económico y accesible para el pueblo, en un momento de crisis en que los fabricantes producían solo para la clase alta.

Los Primeros Pasos de Volkswagen

En 1932, Porsche diseñó un auto diminuto y compacto, con un motor refrigerado por aire, parecido al que equiparía años después al Volkswagen. Su nombre era Tipus 32, y en él ya es posible vislumbrar al VW Sedán. A finales de la década de los 30, nació el Tipus 60, a partir del cual la Daimler-Benz construyó el modelo VW3, que ya tiene los rasgos del Sedán (Beetle en inglés -es decir, Escarabajo). Para impulsar la construcción en masa de ese modelo, se desarrolló la fábrica VW en Wolfsburgo.

La Segunda Guerra Mundial detuvo la producción de automóviles Sedán, que sería retomada por los británicos en Wolfsburgo. En septiembre de 1948, la Volkswagenwerk Gmbh pasó de nuevo a manos de Alemania, bajo la dirección de Heinrich Nordhoff, quien durante 20 años dirigió la empresa con el objetivo de "fabricar un solo modelo de automóvil, hacer los menos cambios posibles en su diseño (solo para mejorar la calidad) para no perder su espíritu".

Expansión a Brasil y la Planta de São Paulo

En 1953, Volkswagen inauguró la planta de Sao Paulo, en Brasil. Para 1955, la empresa alcanzó un millón de autos producidos con base en el modelo VW Sedán. El crecimiento fue tan rápido, debido a la alta demanda en América del Sur, que en 1953 se decidió abrir una planta de ensamble en la ciudad brasileña de São Paulo, donde fue denominado Volkswagen Kombi, nombre que popularmente la conocemos por estos lados.

El 16 de junio de 1956 se colocaría la primera piedra de la planta Volkswagen do Brasil S.A. en São Bernardo do Campo (São Paulo). El nuevo presidente Juscelino Kubitschek de Oliveira (1956-1961) apoyó decididamente la instalación de la filial alemana en su país, esperando que los alemanes desplazaran a las compañías automotrices estadounidenses General Motors, Ford y Chrysler.

El 18 de noviembre de 1959, el presidente Kubitschek asistió personalmente a la ceremonia oficial de inauguración de la filial y se paseó en un VW descapotable con Heinrich Nordhoff.

El Volkswagen Kombi

Con casi 70 años de historia, el Volkswagen Transporter o “Kombi”, tiene como base la plataforma "T". Originalmente se llamaban Volkswagen Tipo 2, indicando su posición con respecto al Volkswagen Tipo 1 o Escarabajo. Desde sus inicios se le denominó Volkswagen Transporter o Volkswagen Bus en el caso de las versiones de pasajeros y Kombi para la carga.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, Volkswagen de Wolfsburg (Alemania) quedó en manos del gobierno británico, el cual recibió el 23 de abril de 1947 una propuesta del empresario holandés Ben Pon para comercializar la marca en los Países Bajos. Utilizando un Escarabajo que recorría la planta transformado en un vehículo de carga, el empresario propuso la creación de un modelo de carga comercial, logrando pronto la aprobación de la compañía. Así, a fines de 1948 comenzó el proceso de construcción.

Para finales de la década ya existían más de 30 versiones distintas. Siempre destacó por su motor trasero de 1.100 cc, cuatro cilindros opuestos, refrigerado por aire que rendía una potencia máxima de 25 CV. Era fiable, robusta y económica, con una amplia capacidad de carga (760 kilos) y una velocidad máxima de 80 km/h. En cierto modo revolucionó el concepto de transporte ligero que se tenía hasta el momento. Su bajo costo, sencillez, robustez y facilidad de mantenimiento fueron sus claves, siendo también el motivo por el que se convirtiese en el vehículo elegido por el movimiento hippie en los años sesenta.

En sus dos primeras generaciones fue la más económica del mercado, pero actualmente es una de las más caras.

La Relación de Pelé con Volkswagen

El primer acercamiento de Edson Arantes do Nascimento con Volkswagen fue a inicios de su carrera profesional, ya que al poco tiempo de haber fichado con el Santos Futebol Clube, y con solo 16 años de edad, le fue obsequiado, por parte del dueño de un concesionario local de nombre Walter Hebert, un Escarabajo. Esta buena relación entre Santos y Volkswagen, hizo posible uno de los pasajes más curiosos en la historia del futbol, ya que el equipo brasileño realizó una gira por Europa en la que disputaron 19 partidos en 49 días.

El 3 de junio, Pelé y el resto de su equipo visitaron la planta de Wolfsburg, Alemania, donde disputaron un encuentro con el entonces equipo amateur homónimo, conformado por trabajadores de la misma planta. El resultado fue 6-3 a favor de los brasileños.

Al volver a Brasil tras ganar el Mundial de México en 1970, se presentó una gran polémica, ya que Paulo Maluf, entonces alcalde de São Paulo, compró 25 Volkswagen Escarabajo color verde, los cuales serían entregados a la delegación brasileña. Sin embargo, estos autos fueron adquiridos con el erario público, lo que derivó en una demanda que duró 36 años.

Tras su retiro, la relación entre Grupo Volkswagen y Edson Arantes do Nascimento fue retomada en diversos momentos. Cuando se presentó la Kombi última Edición, Pelé reveló que era un gran fan de este modelo que llevaba fabricándose en Brasil desde 1950, ya que su padre era dueño de una Kombi (allá se escribe con K), a la cual el apodaban la Filomena y era la encargada de llevarlo a los entrenamientos de futbol.

Volkswagen y la Dictadura Militar en Brasil

Un informe de 2016 estableció que agentes de seguridad en Volkswagen do Brasil habían cooperado con el régimen militar. La compañía alemana ofreció disculpas y anunció un acuerdo. Volkswagen pagaría cerca de 36 millones de reales (más de $ 5 mil millones) en compensación por haber perseguido empleados durante la dictadura militar brasileña entre 1964 y 1985.

Una comisión encargada por el gobierno de ese país había encontrado evidencia de que compañías, incluida Volkswagen, ayudaron de manera secreta a identificar a sospechosos “subversivos” durante casi dos décadas. Muchos de ellos fueron despedidos, detenidos o acosados por policía y que luego no pudieron encontrar trabajo en ninguna otra empresa.

La compañía de Wolfsburgo firmó un acuerdo el miércoles pasado con el estado brasileño y persecutores en Sao Paulo, que contempla la entrega de 16,8 millones de reales ($ 2.400 millones) a la asociación de ex empleados y sus descendientes. El resto del dinero será donado a instituciones de derechos humanos.

Hiltrud Werner, miembro del consejo directivo de VW, declaró que "es importante actuar responsablemente con este capítulo negro en la historia de Brasil y promover la transparencia".

Christopher Kopper, profesional de la Universidad de Bielefeld, quien fue comisionado de Volkswagen para investigar los hechos, dijo que esta compensación era histórica y que sería la primera vez que la firma acepta responsabilidad en violación de derechos contra sus propios trabajadores que ocurrieron después del nacionalsocialismo.

Volkswagen explica que si bien la investigación de Kopper halló cooperación entre sus servicios de seguridad y el régimen brasileño, no hay evidencia de que esos hechos hayan correspondido a cooperación institucionalizada por Volkswagen.

VW reconoció no sólo el hecho de que empleados de seguridad de su fábrica en Brasil cooperaron con la policía secreta brasileña, sino que admitió también que los máximos representantes alemanes de la firma en São Paulo y miembros del directorio de su matriz en Alemania (Wolfsburg) habían consentido este tipo de colaboración con el régimen dictatorial brasileño.

Oficialmente, se ha hablado de un acuerdo judicial que, entre otras cosas, contempla el pago de una indemnización de 5,5 millones de euros. Un poco más de la mitad de este dinero irá directamente a los afectados y sus familias, y la otra parte sería para apoyar el trabajo de organizaciones brasileñas dedicadas a la defensa de los derechos humanos.

De esta manera, finaliza, por lo menos jurídicamente, una historia que se había iniciado en 2014, cuando la Comisión de la Verdad de Brasil, creada por la presidenta Dilma Rousseff (2011), estableció los gravísimos abusos de derechos humanos ocurridos en la planta de Volkswagen do Brasil durante la dictadura.

Ante la acusación de parte de la comisión brasileña, el jefe del archivo histórico de VW, el historiador Manfred Grieger, decidió iniciar una investigación para establecer la autenticidad de las imputaciones. En septiembre de 2015, mes en el que el Departamento de Justicia del Estado de São Paulo inició una investigación contra la filial alemana, la noticia fue publicada por los principales medios alemanes.

Ya a inicios de 2016, numerosos periodistas de investigación comenzaron a establecer que las pruebas de las acusaciones eran concluyentes. Como las críticas a VW aumentaron por esta decisión, la junta de directores decide contratar al profesor de la Universidad de Bielefeld, Christopher Kooper. La tarea encomendada: analizar el caso nuevamente y escribir un “informe histórico”.

Mientras Kooper se dedicaba a reunir informaciones sobre lo realmente ocurrido y a identificar a los actores involucrados, lo cual contemplaba la pregunta sobre qué supieron los miembros del consejo de VW, los periodistas Stefanie Dodt, Thomas Aders y otros colegas preparaban un documental con el título: “Komplizen? VW und die brasilianische Militärdiktatur”.

Los datos biográficos de Schultz-Wenk no son raros para un alemán llegado a América Latina en los años posteriores a 1945. En 1931, a los 17 años, Schultz-Wenk ya se había unido al Partido Nazi (NSDAP). Posteriormente, participaría en la Segunda Guerra Mundial como oficial naval. Después de la derrota de Alemania emigraría a Brasil y se quedaría en el país. En un momento, decidió asumir la nacionalidad brasileña. Sin embargo, el historiador Christopher Kopper concluye, basándose en la lectura del intercambio de sus cartas con Heinrich Nordhoff, que Schultz-Wenkse se sintió siempre perteneciente al pueblo alemán.

Kopper agrega a este dato un juicio que revela otra dimensión del gerente sobre su sentido de pertenencia. Esto se resume de la siguiente manera: Schultz-Wenk siempre contempló a su entorno con “superioridad colonial”. Quizás esto es una de las razones del hecho, por ejemplo, que el máximo representante de VW do Brasil nunca se preocupó de aprender el portugués de manera adecuada para su cargo. Su mentalidad nunca le permitió entender el efecto del hecho de que la mayoría de sus trabajadores brasileños venían de la pobrísima región del noreste de Brasil y eran, habitualmente, analfabetos.

La verdad es que a nivel del directorio y de la gerencia de la corporación este “temperamento colonial” fue la norma. Schultz-Wenk se preocupó de que en VW do Brasil prácticamente todos los puestos de responsabilidad a nivel gerencial y del directorio fueran ocupados por alemanes.

En el contexto de los 50 y 60 esta política gerencial se combinaría con un fenómeno migratorio sobre el cual el mismo Schultz-Wenk tiene que haber estado muy bien informado. Se trata de los inmigrantes germano parlantes de primera generación en dichos años, muchos de los cuales habían estado comprometidos activamente con el régimen totalitario de Adolf Hitler. Entre los que encontraron un puesto de trabajo en WV do Brasil se hallaba, por ejemplo, Franz Stangl, ni más ni menos que uno de los tres comandantes del campo exterminio de Treblinka. Stangl trabajaría en la planta de São Paulo entre octubre de 1959 y junio de 1967, mes en el que fue capturado y extraditado a Alemania para enfrentar los tribunales de justicia. Allí, la pena que se le otorgó fue cadena perpetua.

La “mentalidad dominante” a la Schultz-Wenk se encargaría de influenciar también en las políticas de alianza de la empresa. Un ejemplo determinante que ilustra esto es la incorporación de Ademar Rudge como jefe del Departamento de Seguridad de VW do Brasil: un ex oficial del Estado Mayor del Ejército brasileño. La filial integraría también a este equipo al ex coronel Eugenio Ramos y a otros ex oficiales.

Kooper establece que estas contrataciones no fueron producto de la casualidad. Rápidamente Rudge y su equipo comenzarían a preparar, a base de seguimientos y espionaje, listas negras con nombres de dirigentes sindicales y trabajadores de izquierda, listas que estarían dispuestas para ser usadas llegado el momento.

El informe no deja espacio para las dudas. Los dos militares a cargo del departamento de seguridad, Rudge y Ramos, fueron contratados, primero, con conocimiento tácito del consejo gerencial y de administración de VW y, segundo, para hacer exactamente lo que hicieron: organizar y ejecutar una política de observación, persecución y represión contra los trabajadores de la firma, tender puentes de comunicación entre la filial y los militares y ayudar al aparato represivo de la dictadura.

VW do Brasil estuvo desde muy temprano en la lista de empresas que los militares consideraban como potenciales colaboradores para apoyar la logística que exigía el golpe militar. Y VW do Brasil cumplió con esas expectativas facilitando sus autos y transportes y entregando dinero a través de la organización que agrupaba a la gran industria. Christopher Kopper concluye que ya mucho antes del golpe cívico-militar (31 marzo 1964) se había establecido sistemáticamente una “relación especial” entre la empresa y las fuerzas uniformadas de Brasil.

Establecido todo lo anterior no nos debería sorprender que el gerente general de VW do Brasil, Friedrich Schultz-Wenk, no haya reaccionado de ninguna manera sorprendido al golpe de estado. Por el contrario, su actitud fue decididamente positiva, incluso eufórica. Schultz-Wenk expresó por escrito al consejo en Wolfsburg su satisfacción por la detención de comunistas, dirigentes sindicales y obreros pertenecientes a organizaciones de trabajadores.

Parece ser que no existen indicios claros de que la filial en São Paulo haya organizado un centro fijo de tortura en sus recintos. En concreto, miembros del departamento de seguridad de la filial colaboraron en su arresto y proporcionaron instalaciones de VW do Brasil para su tortura por parte de la policía política del régimen.

tags:

Deja una respuesta