Este domingo, el Teatro Municipal de Santiago se convirtió en el escenario perfecto para el gran final de la gira de celebración de los 30 años del icónico disco Que me parta un Rayo, de la banda española Christina y Los Subterráneos.
Tras estos detalles, la cita de este domingo en el Municipal sería un momento memorable para los cientos de fans que ya llenaban este bello recinto de la capital.
Después de dos años, Christina Rosenvinge volvió a Chile, y a eso de las 21 horas se dio inicio a la presentación de Felipe Schuster, encargado de telonear a Christina. Con una espera mínima, que no alcanzaba a catalogarse como divisimo, entró Christina Rosenvinge al escenario.
La atmósfera de complicidad entre la artista y sus seguidores comenzaba a desarrollarse. Christina se tomó unos minutos para justificar su demora.
Christina Rosenvinge visitó tierras chilenas por primera vez un 13 de julio de 1993, en un concierto en el Teatro Teletón que trajo consigo un álbum que tan sólo un año antes había revolucionado el pop rock hispano.
Un Recorrido por Clásicos y Nuevas Interpretaciones
Los mejores momentos de la noche, de hecho, fueron cuando Christina Rosenvinge se entregó a ese rock aletargado, a ratos pesado e inquietante que plasmó en parte de su repertorio más reciente. En esos instantes, a veces la electricidad deja de estar en dosis controladas y se toma por asalto toda la canción hasta casi deformarla. En otros, las armonías toman rumbos inesperados, intercalando pasajes dulces con unos menos convencionales.
Cuando lo hace, toma algún desvío. “Mil pedazos” la tocó con nuevos arreglos; “Tú por mí” la renovó al compartirla con una Camila Moreno que era niña cuando esa canción sonaba en radios chilenas; y “Voy en un coche” la electrificó al menos un poco más de lo habitual, con cita al paro camionero de por medio.
La guitarra de “Voy en un coche” apenas comenzaba a sonar cuando los pasos de baile se apoderaron de la pista de baile.
Las guitarras siguen arriba con “Tengo una pistola”, momento ideal para que Christina nos salude y nos cuente que se siente muy feliz de estar en nuestro país ya que ha podido estar en lugares como Chillán, entre otros, lo que ya lo hace ser una chilena más. Bajan los decibeles pero no el canto con “Alguien que cuide de mí”, en dónde se acercó al público de las primeras filas para saludar a los presentes y agradecer de alguna forma la presencia tomando de la mano a un fan y bailando con él mientras cantaba: “Alguien que cuide de mí. Que quiera matarme.
“Jorge y yo” un tema dedicado a su hermano, fue uno de los momentos más sensibles de la velada. Se vio una Christina conmovida frente a su retorno sonoro hacia la infancia. Una historia de mitos y leyendas. Una melodía que se impone sobre el silencio y juega con la ficción. Un libro de Violeta Parra llegó al escenario. Era un obsequio de un fan. Christina se tomó unos minutos para apreciarlo y manifestar su agradecimiento. Un híbrido entre “Pálido” y “Tu boca” se lució durante el show. Seguido de un tema empoderado y rebelde como lo es “La Muy puta“. La cumbre de los éxitos se prolongaba hasta el final de la noche. Los himnos de la melancolía española no cesaron. Y de la pena al fervor adolescente, un solo paso.
Un Legado Musical que Trasciende Generaciones
La noche que seguiría en esta revisión especial del disco que cumplió 30 años, mientras además de música nos entregaba algunos mensajes como que seguía la falta de grupos de chicas, ya que si bien hay solistas, faltan bandas femeninas, por lo cual invitaba a las presentes a animarse y tomar la guitarra, el bajo y la batería con la fuerza de “Las Suelas de Mis botas”.
Para mí ‘Que Me Parta Un Rayo’ es un disco chileno, si te digo la verdad, porque creo que hemos tocado estas canciones allí más que en ningún sitio, y además en su momento también tuvo tremendo éxito allí, y bueno, conectó especialmente.
Claro, eso es lo bonito, que es un disco que ha traspasado las generaciones y ha traspasado su momento. En su momento yo creo que tuvo un impacto por encima de lo musical, tuvo un impacto sociológico porque resultaba muy novedoso que una mujer hiciera rock y que cantara en español, y de esas letras que tenían tanto descaro, tanto desparpajo y al mismo tiempo tan sentimentales, porque hay algunas canciones también que hablan muy abiertamente de emociones.
Es muy distinto en unos sentidos y absolutamente igual en otros. Es muy distinto porque las personas cambiamos, entonces esas canciones están hechas un poco con la inocencia de alguien que acaba de aprender a tocar la guitarra, solamente sabía poner como ocho acordes, entonces con esos ocho acordes hice todo el disco entero. Entonces, esa ingenuidad que tenía entonces, pues ahora ya encuentro que no la tengo, cuando hago canciones soy mucho más consciente de lo que hago, y sin embargo, hay algo que sigue exactamente igual que es que hay una forma de entender el mundo a través de la música y de las canciones.
Entonces, ese disco es donde descubrí esto mucho más que en el proyecto anterior. Tiene algo de nostálgico, pero es más bien celebrar también el pasado, celebrar a todas las personas que hemos sido.
Bueno, esto ha sido un trabajo maravilloso, ha sido un trabajo precioso que empezó como un encargo y luego se convirtió en un proyecto personal, y eso fue llevar la figura de Safo al mundo del teatro y luego, como propuesta para la obra de teatro, fue transformar los versos en canciones, que era lo que eran originalmente, y luego esto se transformó en un disco que ha tenido su propia vida.
Y hay algo tan puro y tan bonito en los versos de Safo, algo atemporal, por ejemplo, Safo es la primera que en una canción habla de morir de amor, y no está hablando de morirse, está hablando de algo sexual.
Claro, es la primera cantautora que habla del amor y habla de lo que le duele… de lo que le duele el cuerpo y habla del deseo, sobre todo. Lo hace en el Siglo XVII antes de Cristo y resulta tan moderno lo que ella escribe, que habla de cómo le tiembla el pulso, le tiembla la lengua, como se queda medio ciega, medio sorda, de puro deseo hacia una chica que le gusta.
Sí, yo de hecho quiero llevar Los Versos Sáficos a Chile y creo que será lo próximo, y bueno estoy ya trabajando en algo que vendrá después. Tengo un montones de recuerdos y no hay uno sólo, cada concierto ha sido increíblemente memorable. En la última gira tuvimos unos momentos preciosos en Concepción, por ejemplo, hubo un vendaval y una lluvia tremenda y tal, entonces hubo que cancelar el concierto fuera y tuvimos que tocar dentro del teatro.
Pues todo eso es muy impactante, muy conmovedor para mí, recibo todo ese cariño con los brazos abiertos. Os invito a todos a que vengáis el 13 de octubre a cerrar la gira de conmemoración de Que me parta un rayo.
En vivo, Christina Rosenvinge interpreta distintos personajes. Entre canción y canción, es sencilla, sonríe con genuina alegría y hasta pide que la ayuden con un teclado que la sobrepasasa. Cuando toca y canta, a ratos es dulce y hasta enternecedora. Luego, en aquellas composiciones más oscuras, se vuelve inquietante.
Y pese al clamor de parte del público, nunca se entrega completamente a la nostalgia por el repertorio de Christina & Los Subterráneos.
“Pareciera que Christina tuviese un pacto con el diablo” comentaba uno de los asistentes luego de finalizada la presentación.
Christina Rosenvinge tiene 53 años.
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