Akrapovic en BMW R 1200 GS: Opiniones y Experiencias

  • Autor de la entrada:
  • Categoría de la entrada:blog

Desde paisajes extremos hasta rutas míticas, la experiencia de viajar en moto es sinónimo de coraje y resiliencia. Para muchos, la elección de la moto adecuada es crucial, considerando factores como la fiabilidad mecánica y la polivalencia tanto en entornos urbanos como en viajes largos.

Durante el último lanzamiento de BMW Motorrad, se ofreció a periodistas especializados la oportunidad de aprender a manejar una moto, y a quienes ya lo hacen, perfeccionarse y disfrutar de los nuevos modelos. A bordo de toda la flota todo-terreno de BMW (X1, X3, X5 y X6) nos dirigimos hacia la ex-Ciudad Azul en El Noviciado, dirigidos por el instructor Andrés Jara.

Ahí, esperaban varias motos de la gama GS de BMW que vienen a ser motos de carácter mixto, hechas para viaje en carretera y con características endureras, para enfrentar terrenos más ásperos. Es el equivalente a un crossover en el mundo de las cuatro ruedas. Las motos de instrucción para los más novatos correspondían a unidades de las G650 GS y la F700 GS. No son motos pequeñas.

Para comenzar, lo primero es saber dónde están los frenos y el acelerador. No, las motos no son algo nuevo para mí, pero jamás había entrado en cuenta que todo lo que tiene que ver con frenos se encuentra al lado derecho, mientras que lo que corresponde a transmisión, al izquierdo. Y menos mal que los simuladores me habían enseñado algo sobre manejo de acelerador, embrague y caja de cambios.

Cuando ya nos habíamos adecuado a las motos, comenzamos a saber cómo se encienden y cómo se comporta su mecánica. Los consejos son los mismos que en un auto. Nadie acelera hasta el final y pisa los embragues a fondo. Todo se hace con mesura, tal cual como en la calle. Pero debo decir que el embrague es muy sensible y cuesta un poco habituarse a operarlo con la mano.

Lo segundo es no frenar con el freno de la rueda delantera y frenar con el pedal la rueda trasera para evitar no caernos.

Después realizamos un pequeño ejercicio de manejo de embrague, donde en una pequeña subida, aceleraríamos solo con la fuerza del motor y sin tocar acelerador. Al sentir que la moto se iba a detener, apretar el embrague para recuperar el ralentí y deslizarnos con cuidado hacia atrás. Y ahí caí en cuenta de un segundo detalle: el equilibrio.

Ya dominados el embrague y experimentado la inercia de la moto, pasamos a nuestra primera prueba de fuego. Conducir un tramo corto en línea recta, deteniéndonos al final, con el freno de la rueda trasera y accionando el embrague, como en un auto.

Por falta de motos más pequeñas, en esta ocasión me subí a una más grande, la F700 GS y si me sentí un tanto incomodo con el peso extra. Aparte de eso, un par de vueltas y ya estábamos todos en condiciones aceptables para poder realizar un pequeño paseo, donde aprenderíamos a girar sin miedo a inclinarnos un poco y a pasar los cambios (o recortar).

Y en este paseo volví a la G650 GS. Me fui lento, pero sin mayor problemas pude disfrutar bastante de la moto, sin dejar de lado la concentración en los juegos de embrague, caja y frenos. Mi segundo paseo fue más largo y más rápido, donde pude sentir más la moto en terrenos un poco más sueltos.

Al bajar de la moto me invadió esa inmediata sensación de «misión cumplida». Por fin había manejado una moto aprendiendo lo basico sobre su conducción. No tuve porrazos y lo que más me costó fue la sensibilidad del embrague, acostumbrarse a doblar más cerrado sin miedo y lo último… manejar el volumen general de la moto.

Para los que partimos en esto, es necesario una moto más pequeña, de menor tamaño y cilindrada. A las motos ahora las miro con otra perspectiva y quien sabe… a lo mejor en un futuro también me decida por una, o mejor, termine probando motos para #lanaranja.

tags:

Deja una respuesta