Autoescuela Gala: Opiniones y Reflexiones sobre la Conducción y la Vida

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La vida, al igual que el aprendizaje de la conducción, puede ser un camino lleno de desafíos y descubrimientos. En este artículo, exploraremos diversas perspectivas sobre la vida y la superación personal, a través del análisis de películas como "No sé decir adiós" y "Aprendiendo a conducir".

"No sé decir adiós": Un Retrato Familiar en la Soledad

Lino Escalera, director de "No sé decir adiós" (2017), presentó su película como una radiografía de la familia. En este filme, se analizan las relaciones paterno-filiales, los encuentros y desencuentros de dos hermanas, la adolescencia de quien es hija y nieta, o la familia política.

La familia no se aborda desde una óptica de denuncia o bajo un sentido de culpabilidad de quienes han errado en algún momento, entre otras cosas, porque todos nos hemos equivocado en nuestra vida con quien no es más próximo. Podríamos hablar también de la soledad con todas las evocaciones creativas que ello permite, puesto que ambas hermanas, magistralmente encarnadas por Nathalie Poza y Lola Dueñas, la hija de Blanca, que es el personaje de Lola Dueñas, su marido y, por supuesto, el padre enfermo, evidencian enormes carencias afectivas.

La hija adolescente es que, por no tener no tiene ni hermanos ni primos, ni tampoco se ve nadie de su edad en la película y ya he adelantado que la soledad es la madre (la triste madre) de la creatividad. Como muestra, un botón y recordemos, por ello, cómo Quevedo buscó el retiro en la paz de los desiertos, acompañado de unos pocos, pero doctos libros, para mejor conversar con los difuntos que los escribieron, según manifiesta en su soneto "Desde la Torre".

Vidas Espectrales y la Insatisfacción

Prefiero dirigir mi crónica a ese poderoso mundo de espectros que define "No sé decir adiós". Y es que, efectivamente, como sombras parecen vagar por la vida el padre y las dos hijas. Y sombras es lo que dibuja Platón en su alegoría de la caverna, como todos sabemos.

Los prisioneros, de cara al fondo de la cueva, no pueden verse ellos entre sí ni tampoco pueden ver los objetos que a sus espaldas son transportados: sólo ven las sombras de ellos mismos y las de esos objetos, sombras que aparecen reflejadas en la pared a la que miran. Únicamente ven sombras y lo que Platón, por boca de Sócrates, se pregunta es qué sucedería a uno de estos hombres si lograra soltarse de sus cadenas y acceder directamente a la luz del sol. El resultado final de esta narración platónica no es muy halagüeño, pero al menos un hombre pudo ver la luz.

Vidas espectrales, por ello, que manifiestan insatisfacción a todos los niveles: el padre, que es profesor de autoescuela, porque sus horizontes no van allá de sus lecciones o la televisión. Carla, una profesional de éxito en el mundo de la publicidad, porque su tristeza no se rellena con los contratos que pueda conseguir: el sexo con desconocidos, el alcohol y la cocaína parecen ser sus inseparables compañeros de viaje.

En la misma medida que considero muy elocuente una escena en la que ambas hermanas están vestidas de negro de cintura para arriba y el plano consiste en uno medio, donde tan sólo se les ve la parte superior del atuendo y dialogan las dos reprochándose los éxitos y fracasos de la otra. Recriminándose por los éxitos y fracaso personales. De ahí que el espectador, que sólo ve el negro de la indumentaria y los rostros anhelantes, asiste desde su butaca a un diálogo de fantasmas con encarnadura humana, valga la redundancia.

Creo que en esa escena, mejor que en ninguna otra, podemos acercarnos a las dos hermanas como si de dos sombras quejumbrosas se tratara.

"Aprendiendo a conducir": Un Nuevo Comienzo en el Asfalto

La vida de Wendy, una escritora que parece llevar una existencia apacible en Manhattan, se empieza a torcer en el momento en que su marido Ted abre los trámites para divorciarse. Además del fracaso matrimonial y del lío burocrático que conlleva tal separación, a Wendy le surge un problema: ¿cómo se moverá por la ciudad? Hasta el momento, Ted y su coche eran los encargados del transporte, pero nuestra protagonista no sabe conducir.

Es entonces cuando aparece la figura de Darwan, un hombre que llegó desde la India por temas políticos y que comparte su oficio de taxista con clases particulares de conducción. Aprendiendo a conducir guarda algunos mecanismos habituales del cine de Coixet. Comenzando por lo inmediatamente notorio, los personajes femeninos vuelven a hacer gala no sólo de mayor protagonismo respecto de sus homólogos masculinos, sino de una construcción más entera y creíble.

Hablamos del papel de Wendy, pero también de otros secundarios como el de Jasleen, que logra mantener la compostura pese a que en principio apuntaba a ser poco profundo. Otra de las características habituales de Coixet es que los personajes que pone en liza han atravesado situaciones difíciles en su vida y sufren para reintroducirse en la nueva vida social.

Es lo que sucede aquí con Wendy: su matrimonio se ha roto y debe dar inicio a una nueva etapa. Sin embargo, estos nexos de unión entre Aprendiendo a conducir y el resto de la obra cinematográfica de Coixet prácticamente terminan ahí. Pronto descubrimos que esta última película aparca el excesivo dramatismo que vimos en Mi vida sin mí o La vida secreta de las palabras para en su lugar apostar por un giro hacia la comedia. Con algún tinte dramático, pero comedia al fin y al cabo.

Y la verdad es que algún gag tiene cierta gracia, según un servidor nada suficiente como para soltar la carcajada, pero sí sabe mantener un tono alegre y distendido durante todo el relato. Ayuda en este punto la fotografía muy viva de Manel Ruiz, en contraste con otras obras donde Jean-Claude Larrieu usaba colores más apagados. Un cambio lógico, en tanto que el mensaje en un principio parece ser bastante más esperanzador.

La Importancia de los Actores y la Dirección

Pese a las visibles diferencias respecto a trabajos anteriores, lo que no cambia en Coixet es el saber rodearse de actores excepcionales. Si su problema en otras obras era pecar de un excesivo trascendentalismo, consideración de la que buena culpa tenía el detallar con pelos y señales a través de diálogos lo que ya se podía ver en la pantalla, en esta ocasión podemos decir que sucede justo lo contrario: Coixet apenas araña la superficie de una comedia cuyo punto de partida ofrecía suficientes motivos como para pensar que podría haber sido bastante más profunda.

El problema es que los dos protagonistas se estorban mutuamente, en 105 minutos de metraje no hay suficiente material como para contar sus respectivas historias de una manera satisfactoria. Podemos concluir que Aprendiendo a conducir es un filme bastante agradable para echar el rato y recomendable para fans de Coixet siempre que acudan avisados del cambio de registro llevado a cabo por la realizadora en este trabajo.

Si bien recurre a mecanismos argumentales algo manidos (más presentes en el personaje de Darwan que en el de Wendy, todo sea dicho), los utiliza de una manera honesta y distendida, sin intentar hacer pasar a su película por algo que no es. No obstante, ésta resultará poco satisfactoria si uno acude a su visionado con expectativas diferentes a las mencionadas, ya que no deja demasiado lugar a extraer algo realmente notorio fuera de esos 105 minutos, si exceptuamos quizá la notable interpretación de Patricia Clarkson y la propia curiosidad por ver a Coixet intentarlo con un nuevo género.

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