Barrio Casas de las Mercedes: Historia de una Transformación Urbana

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En un hecho urbano tan acotado como una casa pueden percibirse las huellas de las formas y el sentido del crecimiento de una ciudad. La relevancia de una obra en la construcción, evolución y destino del territorio inmediato donde se inserta, se devela aquí a partir de la lectura de los acontecimientos de una casa patronal a lo largo de los siglos. Tales formas de interacción escalar que permite reconocer las huellas de lo mayor en lo menor y viceversa, constituyen una parte muy medular de los fenómenos con que la arquitectura ha debido tratar a lo largo de la historia.

La casa de Lo Contador sita en el que hoy es el barrio de Pedro de Valdivia Norte, en Santiago, ha resistido casi milagrosamente al paso del tiempo y al crecimiento de la ciudad. Hoy, literalmente sumergida en el tejido urbano del barrio, tal vez no sea tan aparente la relación que existe entre ella y el área urbana que la rodea. Menos frecuentemente somos conscientes de cuánto una pieza arquitectónica puede ser factor clave en el desarrollo de un área urbana. Especialmente, cuando ella no es meramente un volumen aislado sino parte de una forma territorial.

Constitución de la Propiedad y Reconstitución Geográfica

Parte de la encomienda concedida por Pedro de Valdivia a Rodrigo de Araya, los terrenos ubicados entre el cerro San Cristóbal y el río Mapocho habían sufrido sucesivas subdivisiones durante los siglos XVII y XVIII. A fines del siglo XVIII la rinconada determinada por la falda del cerro, dos de sus puntillas y el río estaba dividida en una serie de propiedades de unas pocas hectáreas cada una. Corresponde a Francisco de Avaria el haber reunificado la propiedad a través de una serie de compras haciendo coincidir sus límites prediales con unos límites geográficos muy precisos, que hasta hoy lo hacen claramente identificable.

Casado con Matilde Salamanca, Avaria dejó en herencia la propiedad a su sobrina huérfana Mercedes Contador, de quien actuaba como tutor, y construyó en ella una casa que formaría posteriormente parte de su dote. Es difícil reconstruir con exactitud lo que serían las características del área en la época. En cualquier caso es probable que haya estado en parte plantado de frutales, como nogales y olivos, de los que existen registros explícitos en documentos posteriores.

Lo Contador era en sus inicios una chacra suburbana que, a pesar de estar físicamente bastante cercana al centro se percibía, de facto como una propiedad extramuros. La entonces incipiente ciudad de Santiago bordeaba los 40.000 habitantes y no superará la barrera del Santa Lucía, hacia el oriente, hasta bien entrado el siglo XIX. Los diversos planos que de ella se dibujan durante los siglos XVIII y XIX, no incluyen, por tanto el área de Lo Contador.

La construcción del puente de Cal y Canto, relativamente contemporáneo con las compras de Avaria, apoyó el difícil desarrollo de la ciudad hacia el norte, y facilitó las conexiones de Lo Contador con el centro de Santiago. Estas, y hasta un siglo y medio más tarde, se producían básicamente por el flanco norte de la propiedad, a través de un camino que atravesaba la actual zona de Bellavista.

El Trazo de la Alquería

Es sobre estos terrenos que Francisco de Avaria construirá la casa de Lo Contador, desde entonces centro de gravedad de la propiedad. La casa seguirá el modelo de una alquería como lo hacen una serie de casas rurales contemporáneas en los alrededores de Santiago: un solo cuerpo longitudinal de dos pisos, con corredores tanto en su cara norte como en su cara sur y escaleras de acceso que exceden el volumen del edificio. Los recintos del primer nivel -cuartitos y bodegas- estaban destinados a servicio, mientras las habitaciones principales se localizaban en el segundo. La superposición de servicio y bodegas con habitaciones establece una relación frecuente en casas de campo europeas y que irá desapareciendo en Chile en la medida en que se constituyan patios de servicio y llaverías.

Una sección longitudinal de Lo Contador muestra bien la forma en que los recintos de servicio se levantan del suelo lo mínimo posible, mientras las habitaciones del segundo piso alcanzan una altura mayor, acentuada en el volumen original por no existir cielos rasos: una suerte de piano nobile levantado sobre un podio sólido. La independencia de los dos pisos es bien notable ya que las bodegas -actual túnel- se conectaban directamente al camino de ingreso y al campo, mientras a las habitaciones se accedía desde los patios.

Por otra parte, el esquema constructivo de la alquería aparente en su corte transversal, muestra su original estructura: dos muros longitudinales de adobe conectados entre sí por elementos del mismo material (entre los cuales se localizan los cuartitos), sobre el cual se levantan los dos muros paralelos del segundo piso. Tanto el entramado de piso como la estructura de techumbre y las divisiones de las habitaciones del segundo nivel están construidas en madera. Estos últimos, aunque aparecen como muros, se construyen a la manera de una doble quincha, teniendo la virtud de conectar los muros longitudinales y no cargar el entramado de piso.

Muy pronto recibió la casa una adición hacia el oriente consistente en un recinto que alojaba dos lagares de piedra, lo que da testimonio de la importancia que las viñas deben haber adquirido en la propiedad a fines del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX. Como en otras casas del período la cocina era un recinto independiente ubicado al norte. Siendo básicamente un volumen oriente-poniente, la casa parece haberse extendido a través de tapiales en el sentido norte-sur, configurando una trama de recintos que se extendía desde el cerro al río. Ella se orientaba principalmente al norte, hacia donde se localizaba el jardín desde donde se llegaba desde Santiago. Hay testimonios también acerca de la posibilidad de entrar a través de un zaguancillo desde el sur donde se localizaba el patio principal.

Lo Contador representa la manifestación de un saber constructivo local que ha alcanzado una cierta madurez. Con muy pocos medios, básicamente adobes y maderas nativas, fue capaz de plantear soluciones que, aunque modestas en términos arquitectónicos, tenían una potencia derivada de sus dimensiones y de su escala territorial. La construcción de Lo Contador seguramente por parte de maestros de obra locales es contemporánea y contrasta con la llegada de una arquitectura culta, representada por la figura de Joaquín Toesca quien, en esos años está construyendo el palacio de La Moneda y la nueva fachada de la Catedral de Santiago.

De la Alquería al Patio

El desarrollo de la casa desde la primitiva alquería hasta la casa de patios que hoy conocemos, constituye su transformación fundamental. Ella está marcada por un cambio simultáneo en el uso de la casa que pasa, por voluntad de Mercedes Contador, desde una chacra suburbana a ser una casa de retiros. Para alcanzar esta condición había debido producirse un largo proceso, incluyendo el juicio de divorcio de Mercedes Contador de su marido Antonio de Hermida. Más allá de los detalles anecdóticos de un matrimonio, aparentemente infeliz desde sus comienzos, interesa destacar el apasionado interés de ambos litigantes por conservar la chacra de Lo Contador entre sus bienes. Si Mercedes Contador ganó la batalla fue a costa de no pocas sesiones de otros bienes a favor de su marido.

No es fácil reconstruir el proceso por el cual el patio alcanza su actual condición. Sin embargo, para cumplir con sus nuevas funciones, y más temprano de lo que habitualmente se ha creído, la casa adquirió una capilla, un refectorio y unos cuartos de alojamiento. Capilla y refectorio se sitúan como dos cuerpos perpendiculares a la alquería y los cuartos de alojamiento en la actual crujía sur, probablemente en mas de una etapa. Simultáneamente se construyen los baños en el punto en que la acequia que cruzaba el patio pasaba bajo el cuerpo poniente. Junto al refectorio se instaló una nueva cocina. Para mediados del siglo XIX corredores rodeaban completamente el patio. Es probable que la última zona en construirse hayan sido los recintos de la esquina sur-oriente del patio.

La extensión de la casa a partir del núcleo inicial de la alquería y la doble función a la que debió servir, dejan sus huellas en la estructura de la casa. La alquería y los volúmenes alrededor del patio podían funcionar con cierta independencia. A la muerte de Mercedes Contador la casa fue heredada por don Diego Martínez Contador, quedando gravada por diversas obligaciones religiosas de las cuales su nuevo propietario procuró liberarla. Hacia fines de siglo, mientras en Santiago Vicuña Mackenna impulsa sus reformas urbanas, se hace crecientemente importante la explotación de canteras en el cerro. Con excepción de la de la puntilla, estas deberán detenerse con la expropiación del cerro en 1917.

La Transformación de Comienzos de Siglo

Diego Martínez muere en 1900, heredando la casa don Luis Martínez, quien la habita hasta su muerte en 1955. La existencia de un proyecto de remodelación fechado en 1915 y firmado por el arquitecto Ramón Fehrman Martínez, tal vez pariente de la familia, da indicaciones importantes para comprender algunas características de la actual casa. Fehrman Martínez pertenecía a una de las primeras generaciones de arquitectos formados en Chile y su intervención sobre la casa da cuenta de las complejas relaciones establecidas con la arquitectura colonial y rural.

El proyecto contemplaba la construcción de un torreón en el ángulo norponiente de la casa y la elaboración de las fachadas sur y poniente. Para ello, incorporando elementos estilísticos clásicos y del barroco español, se regularizaban las ventanas, se incluían balcones y se abría una nueva puerta de la capilla al exterior. Un nuevo cierro de ladrillo al poniente reemplazaba, en parte, al antiguo de adobe y una nueva escalera de acceso se situaba en el encuentro de este con la casa, cuyo primer nivel se revestía en piedra.

El proyecto de Fehrman se construyó muy parcialmente y con variantes. La fachada sur, simétrica y con elementos clásicos, que incluye el traslado del zaguán, y muy probablemente la apertura de nuevas ventanas hacia el río, es acaso su huella más visible. También la construcción de cielos rasos, las puertas más elaboradas y complejas del flanco sur del patio y la abundancia de elementos de piedra, parecen provenir de esta reforma. Por su parte, el pasillo del segundo piso de la alquería, recordando a Robin Evans, constituye un elemento aparentemente inocente pero que ya denuncia un modo bien diverso de entender la planta de la casa.

Pero acaso la transformación más substancial ocurrida en este momento en la casa es que ella comienza a mirar al sur, al río y a Providencia. Tal giro queda subrayado por el establecimiento de la fachada sur como la principal y el abandono del proyecto de la fachada poniente. El es coincidente con la decidida expansión de Santiago hacia el oriente producida desde comienzos del siglo XX. La llegada a la casa comienza a producirse cada vez más frecuentemente desde Providencia, a través de un precario puente peatonal situado frente a la antigua calle de Montolín.

La Casa y el Barrio

Las actividades agrícolas parecen haberse ido deteriorando, entre otros factores por problemas con los derechos de agua y el regadío. La explotación de la piedra se reducía sólo a la cantera de La Puntilla. La presión de una ciudad en expansión y la construcción de un puente vehicular frente a la recientemente abierta calle de Pedro de Valdivia Norte y posteriormente frente a Nueva de Lyon sellarán el destino inmobiliario de la chacra.

La población Pedro de Valdivia Norte, primer loteo en el área, se situaba entre la prolongación de la calle del mismo nombre hasta la falda del San Cristóbal y la calle El Cerro, teniendo como eje central Padre Letelier. Ella se plantea como una suerte de barrio modelo, con un núcleo central provisto de una plaza, un conjunto de edificios de tres pisos, locales comerciales y una parroquia. Sus calles ligeramente curvilíneas resolvían el trazado de vías en un terreno triangular y aparecían más naturales en una urbanización que buscaba un protagonismo de la vegetación.

Parte significativa de esta urbanización se hizo en terrenos que pertenecían al curso del río, por lo que los esfuerzos de urbanización e incluso de construcción de las casas no fueron pocos. La actual calle Los Conquistadores, el principal eje de conexión oriente-poniente, prácticamente calcó el trazado del antiguo camino agrícola que uniendo las dos puntillas recorría en forma rectilínea el borde del antiguo cauce del río. A partir de esta primera urbanización se completan posteriormente las de los sectores oriente y poniente.

El hecho de que el sector poniente de la chacra estaba, a excepción de unas cuantas casas junto al río, prácticamente sin urbanizar a fin de los años cincuenta, permite a Sergio Larraín sugerir dicho sector para instalar allí el nuevo campus que la Universidad Católica deseaba construir. Tal posibilidad no prosperó frente a la opción de la chacra San Joaquín, mucho mayor en superficie aunque peor localizada desde un punto de vista urbano.

La insistencia y la gestión personal de Larraín hicieron que se adquiriera la casa para instalar la Facultad de Arquitectura. El mismo adquirió la antigua casa de administración y el resto del lote ofrecido por la sucesión de d...

A los pies del cerro San Cristóbal, junto al río Mapocho, se encuentra el barrio conocido como Pedro de Valdivia Norte; un vecindario donde se respira la tranquilidad y la paz de los suburbios a pocos pasos de Avenida Providencia, muy próximo al centro de Santiago. Al cruzar el río Mapocho hacia el norte por el puente Pedro de Valdivia, la ciudad cambia de escala: el bullicio y ajetreo de Providencia se vuelve un eco distante a medida que nos adentramos en un barrio que nos recibe entre esculturas y jacarandás que acompañan el paso del río.

La avenida Santa María, con sus añosos plátanos orientales y enormes casonas propias de una elite antigua, se transforma en un límite virtual tras del cual se esconden veredas anchas y arboladas, donde tanto jóvenes como ancianos se sientan a reposar disfrutando de la sombra de un viejo ombú, convirtiendo la calle en una gran plaza pública. ¡Y los ciclistas! Resulta imposible no tratar de imaginar el pasado rural de este lugar, al sentir la geografía tan cercana. Al investigar, se manifiesta la importancia del valle del Mapocho para las culturas precolombinas que a través de un sistema de acequias y canales aprovechaban las aguas de los torrentes para regadío, que hacían de éste, un espacio privilegiado por su cercanía al río.

Ya en el siglo XVI, los terrenos que forman este barrio fueron parte de la encomienda que Pedro de Valdivia dió a Rodrigo de Araya. Múltiples propietarios y sucesivas subdivisiones fueron fragmentando el territorio, hasta que a finales del siglo XVIII Francisco de Avaria reunifica nuevamente el barrio y construye en él, como dote matrimonial a su sobrina Mercedes Contador, la alquería que más tarde formó parte de la casona colonial Lo Contador. Con el pasar de los años la casa se amplió y transformó, e incluso albergó una casa para retiros espirituales.

Por esos años, la chacra se abastecía de la actividad agrícola y de las canteras que existían en el cerro, las cuales funcionaron de forma plena hasta el año 1917. Con el paso de los años, la ciudad de Santiago se fue expandiendo hacia el oriente, lo que sumado a la decreciente actividad agrícola en estos terrenos y el cierre definitivo de las canteras que labraban el cerro, además de la construcción de los dos nuevos puentes que dieron continuidad a las Avenidas Pedro de Valdivia y Nueva de Lyon, hacia el año 1946 se dio paso a una nueva era en la historia del lugar: el desarrollo inmobiliario en él.

Siguiendo el modelo anglosajón de ciudad jardín, alrededor del eje Padre Letelier, que tiene como remate la Parroquia de la Sagrada Familia, se trazaron alargadas manzanas y calles de suaves curvas que resuelven el terreno triangular resultado de los límites del barrio, donde la vegetación y la geografía son las protagonistas.

Paralelamente a la urbanización del barrio, en el año 1959 la Universidad Católica adquiere la antigua casona Lo Contador, para albergar en ella la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos. Junto con ello, el decano de la facultad, el destacado arquitecto Sergio Larraín García Moreno, compró también entonces la casa que hoy lleva su nombre.

Como consecuencia de lo anterior, el barrio comienza a exhibir una evidente arquitectura de primer nivel producto de la estrecha relación con los arquitectos de la UC. El nuevo campus universitario se convierte en un espacio de innovación, donde la arquitectura tradicional chilena convive con modernos edificios y nuevas técnicas constructivas, como son la biblioteca subterránea de los arquitectos Teodoro Fernandez, Cecilia Puga y Smiljan Radic, o años más tarde el nuevo edificio de Diseño y Estudios Urbanos de Sebastián Irarrázaval, entre otros.

El cercano vínculo con la facultad favoreció también el desarrollo del barrio como un espacio de creación artística y experimentación arquitectónica.

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