Análisis de "Zamba para Olvidarte" de Daniel Toro y "Kamikaze" de Luis Alberto Spinetta

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El folklorista salteño Daniel Toro, autor de un cuantioso y reconocido cancionero cuya obra máxima es «Zamba para olvidarte», murió este jueves en un hospital de la capital de Salta. Daniel Toro había nacido en Salta en 1941. El músico estaba internado desde fines de abril.

El legado de Daniel Toro y "Zamba para Olvidarte"

«Algunos artistas quedan en la memoria colectiva solo por una canción. El camino musical del salteño comenzó en 1959 integrando varios conjuntos locales como Los Tabacaleros, Los Forasteros, Los Viñateros y Los Nombradores. Del cancionero nacional y popular, “Zamba para olvidarte” es como esos hits crossover que pegan en rankings estratificados al mismo tiempo. Como en Argentina nunca existió esa forma Billboard de medir la música diremos de esta zamba que es una de las mejores en su género pero también una de las mejores en esa categoría difusa a la que llamamos “canciones de amor” y, además, una metacanción que se refiere a sí misma y a la vez se libera del autor y de sus intérpretes.

Tiene vida propia. ¿Es Toro o es la zamba quien extraña? Mientras el autor escribe y canta para exorcizar el dolor de la pérdida y poner en marcha el mecanismo del olvido, la “pobre canción que da vueltas” en su guitarra parece regodearse en el recuerdo de la relación rota. La escribió para olvidarse, sí, pero la canción es una trampa porque, en su paradojal refinamiento rústico, el recuerdo siempre estará al acecho. La canción es indeleble, una vez que ha sido escuchada se queda para siempre dentro de uno, como bien lo canta Toro: “Mi zamba vivió conmigo, parte de mi soledad”.

La zamba fue registrada el 8 de marzo de 1976 con cuatro nombres distintos (“Zamba para olvidarte”, “Zamba para olvidar”, “Mi zamba para olvidar”, “Mi zamba para olvidarte”) por Toro, Julio Fontana (autor de la magnífica letra) y Casimiro Cobos. En el LP editado por Microfón ese mismo año aparece como Zamba para olvidarte, ya en el título del disco como de la canción que abría el lado 1. En la grabación original, según consta en la contratapa del LP, Toro fue acompañado por el Cuarteto Urpillay y el trío vocal Las Voces del Tiempo Nuevo. Una segunda edición cambió la ilustración pop-folk por una fotografía más clásica de Toro. Mercedes Sosa la revisitó en su álbum de duetos Cantora (2009) acompañada por Diego Torres. Es que no hay con que darle a esos tres minutos con diecinueve segundos perfectos. Parece escrita y grabada en esas piedras donde los que aman o dejaron de amarse dejan mensajes acaso eternos.

El disco en el que Toro (Salta, 1941) grabó “Zamba para Olvidarte” se llama igual que esta zamba que también lidera el ranking entre las más tocadas por los músicos ambulantes y se editó en 1976 después de ganar el concurso de mejor canción inédita en Cosquín. La tapa muestra un retrato tornasolado, cromo-disonante del cantor, contra una suerte de puesta de sol un poco pop, un poco folk.

Censura y Resignificación

A Toro lo prohibió la dictadura (que se ensañó sobre todo con el folklore) que lo incluyó en sus listas negras acaso pensando que el cantor de “Cuando tenga la tierra” sería alguna vez olvidado. Si bien esta canción dista en la superficie de ser considerada política es la misma censura imbécil de la dictadura la que la resignifica. “Zamba para olvidarte” se convierte, sin querer, en un ejercicio de memoria, de lo que nunca más hay que olvidar de aquellos años.

No poder cantar, no poder ser oído se le hizo tumor a Toro (que, como un guerrillero, se hacía llamar Casimiro Cobos) que por un cáncer de garganta se quedó sin voz entre 1979 y 1985. Una brutalidad, entre tantísimas, del régimen que hizo caer al país en un pozo del que todavía no aprendió a salir. Lastimar a un cantor popular cuya voz de tenor clara, conmovedora, había sido capaz de conjurar en el ritmo más característico del país el sentimiento confuso, ambiguo, de esos amores que al mismo tiempo necesitan terminarse y no pueden irse del todo.

El abordaje de temas sentimentales, cercanos al género melódico, le había costado a Toro antes el señalamiento de los mismos folkloristas embarcados en la ola revolucionaria que tiñó a la cultura de principios de los 70. Toro utilizó la contratapa del LP Canciones para mi pueblo (1971) para contestarles: “Para aquellos que duden de mi proyección eterna como folklorista tal vez les basten mis bagualas y mi rostro (escuchadas unas, observado el otro con atención y detenimiento) como ejemplos concretos que demostrarían el error sostenido (…) Desde este país indio y moreno quiero lanzar el torrente de mi hurgar en todos los cancioneros sin desprestigio para mi condición de artista nativo”.

Análisis musical de "Zamba para Olvidarte"

“Zamba para olvidarte” ( a veces acreditada con el más metafísico “Zamba para olvidar”) tiene todos los elementos característicos para reclamar su lugar en el Olimpo del folklore. El fraseo de las guitarras en la intro de la primera y la segunda vuelta, el bombo acoplado atrás como la voz interna de la zamba y el uso en contrapunto del coro que se hace unísono en ese vacío antes de la segunda vuelta donde se oye vibrante, inolvidable, el nombre mismo de la canción: “Y hace rato que te extraña/mi zamba para olvidar”. Al mismo tiempo que característica, tradicional, es distinta.

El universo musical de Luis Alberto Spinetta y "Kamikaze"

Luis Alberto Spinetta es un prócer del rock argentino y también de los cantautores a pura guitarra. «Kamikaze» es un disco publicado el año 1982, concebido en medio de la existencia de Spinetta Jade. Un disco que Spinetta crea hace casi cuatro décadas, pero que suena fresco, actual, moderno, eterno.

Análisis de algunas canciones del álbum

  • «El trueno procede»: Compuesto a los 12 años, es el mejor tema del disco. «Mi cerebro escupe ya el final del historial» (las imágenes de la vida propia antes de morir), «del comienzo que tal vez remprenderá» (el nuevo estado de alma y su posible rencarnación). El trueno procede (bajo nuestros sentidos) de la gran luz en el cielo (rayos).
  • «Ah, basta de pensar»: Spinetta se arma sólo con una guitarra en ¾ de cadencioso paso firme para un cuestionamiento intenso: «¿Qué razón de ser me habrá puesto piel en la inmensidad? / Mientras otros hablan de piel, ¿de qué sabrán?
  • «La aventura de la abeja reina»: Es una intensa fábula de una abeja entrando a una colmena-caverna desde donde no podrá salir a ver la luz.
  • «Y tu amor es una vieja medalla»: El noveno tema es «Y tu amor es una vieja medalla», intenso, al hueso, al alma. El amor de dos almas es ese que al final siempre se encuentran. Los amantes bajo el viento y la lluvia hacen temblar los pastos, amando sin reparar en que hasta el sol se ha ido.
  • «Quedándote o yéndote»: La otra canción que postula a favorita es «Quedándote o yéndote». Una verdad al piano y guitarra en acordes expansivos, con el viento en séptimas aumentadas. Plantar, crear… la luz del sol renueva la vida. Amar, crecer… la lluvia borra la maldad, lava las heridas de tu alma. Ya te saldrá la luz y así serás feliz, deberás luchar para descubrir la fe. El agua lleva la fuerza del fuego que habla por ti y por mí.
  • «Casas marcadas»: Todo se cierra con «Casas marcadas», una invitación a dejar que la luz «te brille, te guíe, toda tu vida».

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