En el análisis de la obra de Elena Poniatowska, particularmente en La Flor de Lis, se ha afirmado que es una novela autobiográfica.
No obstante, es importante destacar su carácter estrictamente "ficticio" que biográfico. Poniatowska no nos cuenta su vida, sino un personaje creado por ella: Mariana. Sin embargo, los hechos de la novela y la biografía de la autora permiten sostener el carácter autobiográfico de la novela.
La novela explora temas en torno al sujeto autobiográfico, incluyendo el surgimiento del individualismo como ideología. Este individualismo se caracteriza porque el sujeto se sitúa de modo separado y distintivo dentro de la sociedad, creando un "ser" individual e íntegro en el acto mismo de la escritura y, por lo mismo, independiente de la comunidad en la que se inscribe.
Este concepto contrasta con las autobiografías escritas por mujeres, donde se destaca la interdependencia con lo "otro". El modelo autobiográfico masculino exhibe un sujeto ya formado, discreto y fijo, mientras que la autobiografía femenina se centra en la presencia real y el reconocimiento de otras conciencias.
En La Flor de Lis, la relación de Mariana con el sacerdote Teufel, sus amistades, en especial Therese Nissan, que pertenecen a la colonia francesa, ofrecen un contexto para entender su desarrollo. La novela describe a Mariana con su gran ejército de estrellas, describiendo lo que sueñan las niñas.
El poeta es quien tiene el poder de fijar, esto es, de definir. ¡Bellas garzas! de flores vivas y sonrosadas, móviles y apacibles (...). Como cinceladas en jaspe y albos de las damas inglesas.
Mariana se rebela, ligado a la familia, la comunidad; pero, sobre todo, a la figura materna. La novela explora la "subjetividad" de Mariana, a través de la cual Mariana ve el mundo. Busca referentes, otros espejos en los que pueda ver su imagen reflejada/fragmentada, el componente femenino de su "yo", una respuesta a las constantes inquietudes e inseguridades de Mariana, de pertenecer, de "ser".
En su relación con la madre, la hija ocupa un segundo lugar, como un signo tachado, el que provoca la frustración inicial de la niña. Su perfume es como la mía. No la posee, sino en la búsqueda de mi esperanza.
¿Afirma que su madre es la sola fuente de sus ilusiones? ¿Su abuela o sus amigas? A convertirse en la ausencia de un signo que pueda definirla. Esa constante añoranza que se sabe difícil de alcanzar. Está fuera de la órbita sagrada.
En la novela, todo se confunde con la ausencia, con aquello insostenible, inasible, sólo suya. Su aire de distracción a intentar desentrañar esa fugacidad, signos que puedan definir ese movimiento constante de la figura materna, llegar a la luz. Es mi mamá. O es una garza.
La novela nos describe el misterio inefable de Luz. Respecto a Luz ocurra en aquella travesía, en donde Luz, liviana, evanescente, semeja un ave, un vapor o una ola. Cielo mexicano, azul y duro. Es una amenaza, un signo de su vulnerabilidad.
Sofía es la certeza, la fijación del signo. Una "potranca fina" que no se deja domar, más cercana al lenguaje de Luz que al de su hermana, sino aquella fluidez de luz y agua que impide fijarla. Dentro de mí hay una inmensa confusión.
La novela también presenta la figura del padre Teufel, quien estaría llamado a representar la autoridad patriarcal. Describe el comportamiento de su hermana, que tanto Teufel como el abuelo francés, Barthelot o Sofía exhiben. Es su angustia. Detenida, resignada quizás, de creer.
Casimiro se esconde. Las recoge; pero las de Casimiro son abandonadas al azar. Que suda agua, en el último trago solitario, que de luz/vida. Ensaya la clarividencia de descubrirse en sus propios temblores, ese sitio de lo incierto, de lo postergado, de su propia condición de privilegio social. Casimiro es un extranjero de sí mismo y de su comunidad, Casimiro estaba llamado a cumplir. El eurocentrismo.
Otro de los lenguajes que influyen sobre Mariana es el cine. De los miembros de la colonia francesa. Decidor cuando enfrenta a la adinerada familia Barthelot, que, tras el lema del trabajo y la persistencia, se autoconvencen de su superioridad. Le increpa, sino a una alimentación defectuosa. Un impedimento de corte naturalista. Objetivos claros, voluntad, conocimiento y, por supuesto, una mesa bien servida. En México, o ¿acaso habían nacido en París? O no, los había nutrido el maíz, el fríjol, el chile, o no, en sus pupilas estaban impresos el Popo y el Ixta, no el Pic du Midi. ¡Favor no olvidaran salpimentarse con la mierda de sus prejuicios! Atrevido a gritar.
Prejuicios que criticaba en sus feligreses. Mariana, Luz, y la colonia francesa en general. El padre se hace de carne y hueso. Es exactamente el mismo que acusa en los acaudalados empresarios mexicanos. Ha enunciado como el poder del conocimiento, del verbo, la palabra de Dios. Como lo dice muchas veces Mariana, Teufel es un nuevo Cristo. Teufel es la Torre Eiffel. Rechazos, movimientos constantes, un sujeto detenido, puro, idéntico a sí mismo, diáfano. La imagen de la Virgen triste, sumisa, cabizbaja. Es un ejercicio que en Mariana no concluye.
La novela es analizada por Cynthia Steele, en la entrevista ya citada. ¿Qué dijo de sí misma? De darle a su vida un sentido. Desgarrarse y salir de los papeles estipulados. El centenario de la Revolución Francesa en 1889. Sentido de monumento del saber enciclopédico moderno.
tags:



