Este 23 de octubre se celebra el cumpleaños de uno de los artistas más influyentes del rock latinoamericano, Charly García. Su biografía, contada como una novela alocada, revela años agitados marcados por su genialidad musical, sus letras, reflexiones ingeniosas y su impacto en los años 80.
La Influencia de Charly García
Si bien Charly no es el padre del rock argentino, porque antes estuvieron Papo, Spinetta, Charly impulsó a los grupos Sui generis, Seru Girán, y a la vez influyó en muchos artistas los cuales tienen algo de la impronta de Charly. Charly fue el primero en tener mujeres en su banda, no había tanta música en los 70, pero le dio lugar a muchas, porque la mujer inspira a Charly.
En un viaje a Chile, en el Hotel Sheraton, me encontré con Steven Tyler. En ese momento Charly estaba internado y siempre trataba como ayudarlo, y yo le decía a la gente que sólo él sabía lo que pasaba en el extraño mundo que sólo él habita. Steven me dio buenos consejos y Charly al escucharlos comprendió lo que debía hacer.
Charly García, Fito Páez y Andrés Calamaro: Un Triángulo de Talentos
Cuando el hombre de "Demoliendo hoteles" inauguró su gloriosa era solista en 1982, Calamaro se convirtió en tecladista de su conjunto. Cerca de un año después partió a integrar Los Abuelos de la Nada y, como una suerte de posta histórica, Fito Páez lo sustituyó en ese puesto. Pero el destino siempre se encarga de reordenar las jerarquías y hoy los tres comparten una posición mucho más horizontal: son los grandes sobrevivientes del rock argentino clásico y tradicional.
Con las muertes de Gustavo Cerati y Luis Alberto Spinetta, quedaron sin querer como el último refugio de una de las generaciones más influyentes y exitosas del cancionero hispanohablante del siglo pasado. Aunque otros coetáneos siguen igual de activos -Pedro Aznar, David Lebón, Nito Mestre-, ninguno tiene una obra que se les acerque en impacto popular.
A ellos los une el haber hecho grandes canciones, y en muchas ocasiones, los unió la amistad y un modo de vida. No son carreras homologables, porque cada uno tiene una historia diferente. Charly viene con un aura de leyenda y los otros son seres más cotidianos. Pero los tres llevan la tradición del mejor rock argentino, cada uno con su presente", teoriza Sergio Marchi, autor de la biografía No digas nada, de Charly García.
El mismo García conoció a Calamaro en 1978, cuando apenas tenía 17 años y era tecladista del grupo Raíces. Ahí lo bautizó como "su pollo" y lo sumó a su banda, pero desde esos días se perfilaban las turbulencias que marcarían la relación: si esto se tratara de un linaje familiar, el autor de "Flaca" sería el hijo desafiante y atrevido de Charly, mientras que el hombre de "Mariposa tecknicolor" sería su retoño más obediente.
Por ejemplo, Charly le produjo el disco debut de 1982 a Los Abuelos de la Nada, donde venía el hit "Sin gamulán", escrito y cantado por Calamaro, justo en la temporada donde el ex Serú Girán pegaba con otros éxitos gigantescos, como "Yendo de la cama al living" y "Yo no quiero volverme tan loco": el alumno no tuvo complejos en desafiar en los ránkings y en las ventas a su maestro.
Pero todo era atrás sin golpes. "El salmón" se envalentonó en los 80 con una carrera solista apadrinada de nuevo por Charly, pero que curiosamente tuvo escasísimo eco comercial. A la par, el tercer vértice del triángulo, Fito, sólo crecía.
Encuentros y Desencuentros entre Charly García y Andrés Calamaro
En algún momento de 1998 estalló el conflicto entre Andrés Calamaro y Charly García. Si había dos personas que no podían estar peleadas, eran estas; compañeros de muchísimos años, con una enormidad de escenarios tomados en complicidad para realizar jams interminables, y tantas otras cosas que no se pueden mencionar. Andrés era, en los peores tiempos de Charly, alguien con quien se podía conversar sobre esas cuestiones tan delicadas que uno no alcanza a entender y que solo deben ser tratadas en la más absoluta intimidad pero con la mayor confianza.
Andrés tenía la suficiente experiencia como para entender bien a García; conoció la fama que se torna manía y que desacomoda lugares bien temprano con Los Abuelos de la Nada, a quienes Charly les produjo el primer disco. Brilló junto a él en aquel grupo de acompañamiento que también incluía a Gustavo Bazterrica, Cachorro López y Willy Iturri, con el que se presentó Yendo de la cama al living en la cancha de Ferro. Fue natural que se convirtiera en compinche musical y humano de Charly.
Se conocieron en los estudios Fonema, cuando un todavía adolescente Andrés era el tecladista de Raíces, el grupo de Beto Satragni, que estaba grabando allí su primer disco. Charly llegó una tarde de 1978 junto a David Lebón para escuchar las cintas grabadas en el "Festival del amor", el concierto con el que despidió una etapa de su carrera, el de La Máquina de Hacer Pájaros, y dejó trazado un surco con Lebón, que finalmente devino en Serú Girán. Amistades en común los irían acercando, y Charly visitaría en alguna ocasión el Club Palta, con sede en lo de Andrés: una suerte de encuentro entre amigos, tóxico, fraterno y periódico.
El debut solista de Andrés se grabó en 1983 y se editó al año siguiente: Hotel Calamaro, que cuenta con Charly como ejecutante en cuatro canciones. También participó en "Desde que vi la raya", un tema del segundo álbum de Calamaro, Vida cruel; A su vez, Calamaro fue el tecladista de Las Ligas, una efímera banda de Charly en la que también estaban Richard Coleman, Fabiana Cantilo, Christian Basso y Fernando Samalea (salvo Fabiana, todos miembros del grupo solista de Andrés). Su ejecución fue para "Necesito un gol", incluida en Say no more, donde también aparecía la voz de Mónica, la mujer de Andrés durante los 90. Y por ella se iniciarían las hostilidades entre estos dos amigos, que hasta hacía poco, ambos junto con Mónica, se hacían llamar "Los Tres Chiflados Bien".
"La historia salió publicada en todos los periódicos sensacionalistas", comenzaba profetizando el primer tema de Say no more, "Estaba en llamas cuando me acosté". La voz de Mónica narraba los hechos con un tono de locura pastilleada. Lo que ella no podía suponer es que quedaría atrapada en un fuego de celos cruzado entre Andrés y Charly.
En 1997 se editaron Alta suciedad de Calamaro y Alta fidelidad de Charly y Mercedes Sosa. Y en esos dos títulos es donde aparece un fuerte roce. Charly creyó que había algún mensaje para Mónica en "Flaca" y que el título del álbum le estaba dedicado, por ser una respuestas directa a Alta fidelidad. Es en ese momento donde arrancan los disparos y los teléfonos descompuestos que originaron esta enemistad pública, y a estas alturas, legendaria. De algún modo, Andrés entabló una competencia musical con García, de la que quedaron marcas en Honestidad brutal y El salmón.
Se dijeron cosas a través de la prensa. Hubo exabruptos como Charly llamándolo "calamar asqueroso" por el programa "Televisión abierta", o a Andrés yendo a tocarle el timbre a García acompañado de un bate de béisbol, después de haber demolido una batea con la letra G en una tienda musical.
"Todo sucedió mucho antes de que llegara a los medios. Say no more salió en 1996, y entonces fue cuando Mónica y yo trabajamos juntos -aclara García a su biógrafo Sergio Marchi-. ¡Es como si lo hubiéramos engañado a Andrés durante tres años! Cuando él estaba perfectamente al tanto de todo y, además, vivía con Mónica en España… ¿Dónde está el engaño? Bueno, a mí me jodió por Mónica. Incluso lo charlamos y nos reímos, porque entre nosotros no pasó nada. Andrés dijo que yo me había acostado con su mujer, pero, en realidad, quizá alguna vez nos acostamos en la misma habitación o en habitaciones contiguas cuando Mónica me salvó con su tarjeta de crédito aquella vez que me echaron de un hotel en Madrid. Pero de ahí a lo otro… ¡pará un cachito! Y Andrés lo sabe. Son muchos años… Creo que todos tenemos el riesgo de pirar, que yo lo corrí con Say no more. Yo creo que a Andrés le pasó algo de eso. Porque, en verdad, el quilombo se armó cuando Mónica vino a Nueva York a verme tocar con Mercedes Sosa en el Lincoln Center, y un paparazzi le sacó una foto. Ella se hizo mucho problema. Yo le dije que no tenía por qué. Y después vi por qué".
Mercedes Sosa: La Voz de América Latina
Reconocida en los escenarios internacionales como “la voz de América”, Mercedes Sosa encarnó en su tierra natal un renovador movimiento del género folclórico. De sangre aborigen, fue una luchadora incansable de causas sociales y políticas. Calles, escuelas, centros culturales y hasta la terminal de un aeropuerto llevan hoy el nombre de este ícono del folclore argentino que supo emocionar hasta las lágrimas a un público variado. Este carisma sin igual la convirtió en la voz de la música popular latinoamericana.
Más conocida como “la Negra” interpretó versiones inigualables del Himno Nacional trasandino junto a Charly García, y de otros clásicos latinoamericanos como “Sólo le pido a Dios”, “Todavía cantamos” y «Gracias a la vida», de la chilena Violeta Parra. Proveniente de un hogar humilde, sus primeros pasos como cantora -tal como se definía ella- fueron ante los micrófonos de una radio. A partir de allí, su vida tomaría un rumbo que difícilmente pudo haber imaginado.
Ya consagrada como artista, en 2007 invitó al rockero Charly García al escenario de Cosquín y una nueva polémica se desató, por lo que decidió no volver.
Como principal exponente de la nueva canción argentina, su muerte fue lamentada por miles de personas que se acercaron a rendir homenaje en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso Nacional. De un carisma inigualable, compartió micrófono con los más variados artistas, entre ellos Luciano Pavarotti, Sting, Andrea Bocelli, Silvio Rodríguez, Caetano Veloso, y Shakira.
Considerada como una de las mayores exponentes de la música popular latinoamericana, su deceso ha producido profundas muestras de dolor tanto de sus compañeros artistas como de su público, quienes han concurrido hasta el Salón de los Pasos Perdidos de Congreso de la Nación de Argentina para despedir sus restos, que serán cremados mañana en el cementerio Chacarita.
"Su voz es única y será por siempre inolvidable. Dueña de un repertorio comprometido con la identidad latinoamericana y mujer de sensibilidad social, ‘La Negra’ fue una de las más grandes figuras que ha dado el canto popular universal", dijo la autoridad en un sentido adiós a la artista. En tanto, el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, destacó el compromiso político y social de Sosa y destacó que "caminó por el mundo con la frente alta". Punto en el que coincidió el músico y amigo de la cantante, Víctor Heredia.
En su apasionada búsqueda artística, Sosa incursionó en el rock and roll argentino, junto a populares músicos y compositores como Charly García, Fito Páez y León Gieco. Su relación con los músicos jóvenes de su país así como de otros países latinoamericanos fue constante y fructífera. Pero su mayor aporte fue quizás en el campo de la música folklórica latinoamericana, en el que mantuvo una intensa conexión con otros artistas como Atahualpa Yupanqui o Violeta Parra. Sus interpretaciones de la Cantata Suramericana o la Misa Criolla recibieron premios internacionales.
Abel Pintos y su admiración por Mercedes Sosa
Pintos rememora que su papá cantaba folclore y que su mamá escuchaba radio, pero “yo no me emocionaba con ninguna canción, hasta que escuché a Mercedes y lloraba de emoción con sus temas. A mis 6 años yo no comprendía en lo absoluto lo que decía, sin embargo había algo que gatillaba en mí.
Abel añade que “ella me trajo no solo el amor por ella y por su música, sino que el amor por la música en general, porque yo empiezo a descubrir a los músicos que después logran ser mis ídolos a través de ella. Él cuenta que a los 11 años fue a un show de Sosa y lloró de emoción al escucharla en vivo. Tres meses después, Mercedes reveló en un programa de TV que lo más fuerte que ha tenido con un fan era el caso de este niño. Tres años más tarde, se toparon en un festival y ella lo llevó a su camarín, donde, como Pintos relata, "me dijo ´si vas a llorar como la última vez que nos vimos, voy a procurar que no nos veamos más`, y yo lloré porque no podía creer que se acordara de mí. Luego me dijo que algún día cantaríamos juntos.
David Byrne y su visión de la música latinoamericana y Charly García
Finalizaba su concierto en el estadio Obras y, en el público, Charly García aguardaba listo y dispuesto para guiarlo en un breve tour por la bohemia de Buenos Aires. Para entonces, Byrne ya tenía una imagen bastante bien formada de la figura de su colega trasandino. Así lo describió en Diarios de bicicleta, la compilación de escritos donde registró sus peripecias como ciclista en diversas ciudades del mundo, entre ellas, la bonaerense: “Charly, uno de los instigadores del movimiento nacional del rock que emergió en los años ‘60, se hizo muy conocido a principios de los ‘70.
Hay otra anécdota que el músico recuerda de su paso por Argentina, y que tiene que ver con una tarde en que acompañó a Leon Gieco a la casa de Mercedes Sosa para tomar el té. La cantautora no era desconocida para Byrne. “Mercedes es una cantante increíble y toda una personalidad”, escribió Byrne en sus diarios. “A Mercedes se la podría asociar con la nueva trova, el movimiento de la nueva canción que emergió aquí y por toda Latinoamérica en los ‘60 y que no tuvo equivalente en el norte, aunque había cierto paralelismo con los cantantes folk de los ‘60, que también incluían en su repertorio canciones sobre política y derechos humanos. Sin embargo, cantar aquí sobre derechos humanos y libertad era, por lo menos en aquellos tiempos, un asunto de vida o muerte.
tags:



