La producción agrícola en Chile enfrenta desafíos complejos debido al cambio climático y la pérdida de biodiversidad.
En este contexto, el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA), en colaboración con INDAP, está liderando un programa de transición hacia la agricultura sostenible, entregando herramientas y conocimientos científicos a los agricultores para mejorar la producción y la resiliencia de los cultivos.
Investigadores nacionales han demostrado en pruebas de laboratorio que incorporar algas marinas locales al alimento de rumiantes podría reducir la producción del gas de efecto invernadero hasta en 99%.
Ahora, los científicos iniciaron pruebas directamente en animales con resultados igualmente alentadores.
El biólogo marino Rodrigo Fuentes desarrolló un biofertilizante en base a esta planta acuática junto al helecho de agua.
Azolem se produce con la colaboración de 18 personas de las comunas de Los Ángeles, Santa Bárbara, Quilleco, Quilaco y Alto Biobío, en la Región del Biobío, que cultivan estas plantas en diferentes tipos de recipientes o piscinas.
Así, las comunidades obtienen alimento para el ganado, fertilizante para sus cultivos y beneficios económicos por ventas de sus productos agrícolas.
El grupo de investigación Materiales Carbonosos y Medio Ambiente (MCMA) del Instituto Universitario de Materiales de la Universidad de Alicante (UA) está avanzando en el desarrollo de un envase de carbón activado procedente de residuos de cáscara de almendra y huesos de aceituna que ayuda a la conservación de frutas y verduras y que es reciclable y biodegradable.
En el sur de Chile, donde los paisajes se entrelazan con historias de resistencia y tradición, está surgiendo un movimiento silencioso pero transformador: el desarrollo de destilerías artesanales que rescatan y revalorizan los recursos frutícolas patrimoniales de la región.
La Cuenca del Llanquihue y el Archipiélago de Chiloé, con su biodiversidad y legado cultural, han comenzado a consolidarse como un epicentro emergente en la producción de destilados únicos, capaces de competir en los mercados más exigentes del mundo.
Para no quedar atrás, toda industria debe realizar cambios y adaptarse a los tiempos actuales, y la fruticultura no es la excepción.
Nuevas tecnologías para mejorar cosechas y rendimientos, controlar plagas, frutas adaptadas al cambio climático o resistentes a enfermedades, marcaron la pauta en 2024, tendencias que de seguro no se detendrán en 2025.
La Asociación de Viveros de Chile (AGV), en un nuevo paso hacia la modernización del sector viverista, apuesta a la implementación de la innovadora tecnología denominada Viroscope, desarrollada por Multiplex Spa.
Esta herramienta disruptiva, procesa datos de secuenciación masiva (HTS) para obtener la identificación molecular de alta certeza de virus en plantas de importancia agrícola, redefiniendo el estándar en el diagnóstico fitosanitario.
Un equipo de investigadores de Ingeniería de la UC, liderados por el profesor Miguel Torres, están desarrollando un innovador robot para ejecutar tareas agrícolas de manera autónoma.
Este avance tecnológico busca apoyar el trabajo de los agricultores chilenos.
Investigadores españoles están estudiando métodos para mejorar la detección del norovirus humano y el virus de la hepatitis A en verduras de hoja verde y berries.
Dirigido por la doctora Susana Guix, de la Universidad de Barcelona, el estudio pretende perfeccionar los procesos de extracción, concentración y detección de virus para superar los retos asociados a las bajas concentraciones de virus y los falsos positivos.
Scentian Bio, con sede en Auckland, aprovecha sus biosensores patentados basados en receptores olfativos de insectos para ayudar a determinar el momento ideal para la cosecha de kiwis.
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