Fíate del Señor: Significado y Profundidad

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El origen de la frase "Fíate del Señor" está en Dios mismo, en la Biblia, que es su Palabra.

“Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿o quién fue su consejero? ¿o quién le dio a él primero, para que le sea pagado? Porque de él y por él y en él, son todas las cosas. A él sea gloria por siglos.

“Fíate de Jehová de todo tu corazón y no estribes en tu prudencia. Reconócelo en todos tus caminos y él enderezará tus veredas.

Esto sucede cuando doblegamos nuestra voluntad a la de Dios expresada en la Biblia.

Por ejemplo, Dios me manda dar el diezmo: “Desde hoy lo voy a dar”; “con su ayuda me propongo cambiar mi mal genio”; “voy a luchar contra mi lengua mentirosa”; “no voy a faltar más a la Iglesia”; “desde hoy voy a hacer el culto familiar en mi hogar y mi devocional personal”; etc., etc.

Busquemos de todo corazón, pidiendo su dirección sabía, leyendo, meditando y disfrutando de la Palabra de Dios, que es nuestra guía, alabando y glorificándole, porque él es el único digno de toda la honra y toda la gloria.

Errores Comunes al No Confiar en el Señor

  1. Por ejemplo, tomar decisiones sin oración.
  2. Oramos por algo que deseamos sin tomar en cuenta la voluntad de Dios, sabiendo que por su perfección él no se equivoca y si Dios contesta lo contrario a lo que deseamos no lo aceptamos y con desagrado decimos: ¡Dios no contesta mi oración ¡tanto que le pedí y no me lo dio!
  3. O bien, conocer la Palabra de Dios, pero vivir de acuerdo a nuestra propia manera de pensar, producto del orgullo, sin acatar sus consejos, demostrando desobediencia.

Importancia del Día del Señor

El día domingo no nos pertenece. La Biblia nos enseña: “Seis días trabajarás y harás toda tu obra, mas el séptimo será de reposo para Jehová tu Dios Éxodo 20:6.

Es para Dios. El domingo es para dedicarlo íntegro al servicio del Señor.

¿Qué cuenta le daremos, si le usurpamos el único día de la semana que nos pide?

El es más generoso: nos da seis días para ocuparlos en nosotros y sólo nos pide uno para él.

Sabiduría de los Proverbios

El título, Proverbios, se tomó de las primeras palabras del libro. La palabra hebrea traducida como "proverbios" deriva de la raíz mashal, que significa "ser semejante", "comparar".

Parece evidente que Salomón fue el autor del libro (cf. caps. 1: 1; 10: 1; 25: 1).

El tema del libro de los Proverbios es la exaltación de la sabiduría, que se describe como "el temor de Jehová" (caps. 1: 1-7; 9: 10).

Aunque la sabiduría se basa en mantener una relación correcta con Dios, el libro no es en verdad un tratado religioso.

La mayor parte de su instrucción es ética y moral, y no espiritual.

"Sus principios de diligencia, honradez, economía, temperancia y pureza, son el secreto del verdadero éxito.

En cuanto al significado de la palabra "proverbios", ver la Introducción, pág. 957. Estos proverbios o aforismos, se presentan en el paralelismo típico de la poesía hebrea.

Fue dotado con tal grado de sabiduría, que maravillaba a todo el mundo (1 Rey. 3: 12; 10: 23-25). Era un observador diligente de las obras creadas por Dios, y su trato con personas de todas las naciones aumentó su caudal de conocimiento y comprensión (1 Rey.

La "sabiduría" se distingue del "conocimiento" (Heb. dá'ath, cap. 2: 6), en que " sabiduría" atrañe al carácter y la conducta, en tanto que "ciencia" se refiere principalmente a la cultura intelectual.

El conocimiento puede ser sólo una acumulación de hechos inconexos, sin la capacidad de aplicarlos a la vida práctica. En cambio la sabiduría es la facultad que permite aplicar los hechos en la vida práctica.

La sabiduría que describe Salomón es abarcante en el sentido de que cubre todas las fases de la vida práctica. No separa la piedad de los deberes comunes de la vida.

Practicar la sabiduría es una función de la inteligencia. La verdadera ciencia o el verdadero conocimiento no garantiza un proceder correcto; pero éste va acompañado de un conocimiento de lo que es correcto, y depende de ese conocimiento.

El Temor de Jehová

Es decir, reverencia para el Señor. El temor de Jehová es la actitud reverente compuesta de amor, temor reverente y gratitud, característica de los que han comprendido su propia indignidad y han encontrado la salvación en el bondadoso plan de Dios.

El hebreo dice comienzo del "conocimiento" (dá'ath), como traducen BJ y VM. Heb. re'shith. Esta palabra también puede significar "parte principal".

El temor de Jehová no sólo es el primer paso en la adquisición de todo verdadero conocimiento sino también la esencia del mismo.

Si el conocimiento no nos induce a entregar la vida a Jesucristo, ha errado su verdadero objetivo.

La Mujer en la Teología

La Escritura y la Tradición han reflexionado desde el inicio sobre el vínculo entre María y todas las mujeres, remontándose a la figura de Eva, que por analogía y por contraste ilumina su identidad y su vocación, de igual manera que Cristo, Nuevo Adán, ilumina el significado de la creación del primer hombre en el jardín del Edén y lo redime de su destino.

El relato de la creación de la mujer contenido en el segundo capítulo del libro del Génesis contiene una palabra clave referida a la mujer precisamente para indicar la tarea que el Creador le confía frente a la humanidad: la palabra “ayuda” (Gen 2, 18).

Así que, a partir de una lectura atenta del pasaje bíblico en su contexto, voy a tratar de responder a una pregunta fundamental: ¿en qué consiste la ayuda que la mujer está llamada a ofrecer al hombre?

En segundo lugar, extendiendo la mirada a la teología bíblica de la mujer en su complejidad, trataré de determinar qué puede decirse de la mujer que haga irreconciliable su diferencia respecto del hombre.

Si leemos el relato de la creación de la mujer en el contexto narrativo al que pertenece, podemos vislumbrar algunos detalles que quizá la interpretación más habitual de este pasaje tienda a dejar en la sombre.

El primer relato de la creación (Gen 1, 2-4a) presenta a la pareja humana como el vértice de la creación dentro de un equilibrio de fuerzas y de relaciones con el Creador y con el resto de la creación que parece perfecto.

Sin embargo, la experiencia cotidiana de los seres humanos rara vez alcanza esta armonía y perfección. ¿Cómo explicarlo?

Para responder a esta pregunta, el redactor del canon se sirve del segundo relato de la creación, que concentra de forma particular la atención del lector sobre la pareja humana y trata de comprender qué pudo comprometer el proyecto del Creador precisamente en el momento de su realización.

En el primer relato de la creación, el Creador había proclamado solemnemente que quería crear al ser humano a su propia imagen y semejanza, y el narrador parecía querer entender que la realización de este plan tenía que ver, especialmente, con la potestad concedida al hombre y a la mujer para ser procreadores junto con Dios[10].

Todo hace pensar que la mujer se presenta al hombre para que los dos puedan entrar en un diálogo, en un intercambio cara a cara.

Porque Dios dice explícitamente que quiere crear para el ser humano una ayuda que, literalmente, esté “frente a él”[12].

En primer lugar, la reacción llena de estupor de Adán parece confirmar que la tarea ha tenido éxito.

Pero la escena oculta un peligro: porque Adán, deslumbrado por la belleza de la mujer, la reduce a un hueso de su costado y se comporta con ella como había hecho con los animales: le da un nombre.

La mujer, por su parte, no reacciona. No se pone frente al hombre. Pero en un segundo momento se servirá de la fascinación que siente el hombre para manipularlo e invertir su posición de poder.

Además, el tentador encontrará su propio espacio para actuar, insinuándose en la distancia que el silencio se ha creado entre el hombre y la mujer. A diferencia de Adán, la serpiente entrará en diálogo con la mujer. Mientras que ellos dos no dialogan en todo el relato.

La instrumentación del otro, parece querer decirnos el relato; la falta de respeto por su diversidad -que se expresa, en especial, en el intento por definir, por capturar, al otro y en la incapacidad de entrar en diálogo, de dejar al otro el espacio necesario para que pueda expresarse e interpelarnos-, es lo que pone en peligro la relación dentro de la pareja, la relación con el resto de la creación y con Dios.

Pero esta no es la última palabra de la Biblia sobre la relación entre el hombre y la mujer. Lo cierto es que es solo la primera. En particular, el Cantar de los cantares parece haberse escrito con la intención de derribar el juicio condenatorio que pronuncia Dios ante la pareja humana.

La vocación de la mujer, por tanto, tiene que ver con la tarea de tejer y recomponer en el mundo los hilos del diálogo.

Por lo tanto, la ayuda que la mujer está llamada a prestar no solo al hombre, sino a toda la humanidad, representada por el Adán original, es la posibilidad de entrar en una relación de palabra.

Pues todo ser humano que viene al mundo aprende la palabra, sobre todo, en su relación con su madre[15].

La primera voz que escucha el bebé cuando aún está en el vientre, es precisamente la voz de su madre: ella es la primera que lo reconoce como persona, que lo interpela y lo estimula para hacer que el mundo escuche su propia voz.

La vocación de la mujer, por tanto, tiene que ver con la tarea de tejer y recomponer en el mundo los hilos del diálogo. Cuando una mujer renuncia a expresarse y a alentar a los demás -sea hombre o mujer- a eso mismo, es como si abdicara, de algún modo, de su vocación fundamental.

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