Estoy segura y tengo la convicción de que los niños son nuestro futuro, ávido de aprendizaje y cariño. Pero han sido olvidados por nuestra sociedad, muchas veces vulnerados y los que son rescatados de la vulnerabilidad, ni siquiera se les entregan las herramientas necesarias para hacer frente a su desarrollo como ciudadanos que forman parte del sistema chileno.
¿Cómo puedes crecer en un país donde los derechos básicos como ciudadanos son aplicables solo para quienes tienen recursos económicos suficientes para exigirlos y protegerlos? ¿Cómo podemos mejorar como sociedad si acallamos a nuestros niños (y también a nuestros adultos mayores) rebajándolos a ser solo una carga para el país, apreciar su aporte natural a un ecosistema civil respetuoso e inclusivo? Estas preguntas y muchas otras llenaron mi cabeza y sólo quise ayudar de algún modo para hacer mi aporte.
En el año 2017 me inscribo en la lista de voluntarios de Fundación Abrázame para ayudar y aportar con cariño, juegos, manos y mucho corazón a hogares que alberga a bebés, niños y niñas y adolescentes que necesitas apoyo constante para seguir creciendo.
Creo que los voluntarios no tienen nada de especial, no me malentiendan, en efecto es una labor muy linda sacrifica y desinteresada, lo cual la hace honorable, pero creo que esta labor está intrínsecamente relacionada con nuestras vidas, nuestro tránsito por las calles del crecimiento personal y colectivo como sociedad. Un pueblo es pueblo por quienes lo habitan, y es entre todos los que lo componen donde encontraremos nuestra propia identidad.
Crecer no solo es hacerlo uno mismo, debemos crecer como colectivo, con cada una de las personas que componen un país, y eso incluye necesariamente un aporte voluntario y responsable de cada uno de nosotros. Siento que el voluntariado ha venido a mi vida como un despertar inesperado de algo que se encontraba dormido en mi interior, pero que anhelaba salir en todo momento, el problema es que no sabemos escuchar a nuestro cuerpo. Somos muy pequeños y frágiles individualmente, en cambio como grupo humano trabajando juntos con y para nuestra comunidad, podemos hacer de nosotros nuestro entorno algo mucho mejor.
Experiencia como Voluntaria en el Hogar
Ser voluntaria de Fundación Abrázame me abrió una nueva puerta llena de amor y respeto por nuestros niños y niñas. Tuve la oportunidad maravillosa de participar como reforzadora escolar en clases de Ciencias. Comenzó rápidamente el voluntariado que consistía en hacer clases de reforzamiento escolar una vez por semana a un grupo de niñas que necesitaban consolidar conceptos en distintas asignaturas.
Esta aventura maravillosa comenzó un miércoles, teníamos en la sala siete alumnas niñas (colegio de niñas), pertenecían a 5º de primaria; teníamos que trabajar en dupla. Al decir aventura, quiero referirme a toda la gama de experiencias que se fueron dando a lo largo de estas clases semanales durante 4 meses. Las niñas nos conocieron, mi curso era un grupo pequeño que a un comienzo solo eran dos y después subieron a siete.
Ellas eran muy inquietas, con muchas ganas de mostrase y destacar. Sin embargo, había dos factores importantes que intervenían en la fluidez de las clases, primero el hambre y segundo el cansancio. Ambos hacían que las niñas reclamaran por tener hambre y por estar cansadas. Es ahí que junto con mi dupla decidimos brindarles una pequeña colación cada vez que iríamos a la sala de clases (un presupuesto solidario, no calculado para nosotras).
Para mí fue una grata experiencia, me enseñó a ser profesora y al tener como ventaja mi profesión de psicóloga, fue un trabajo muy llevadero, digo ventaja porque noté que al resto de mis compañeros muchas veces les hacía falta herramientas de psicopedagogía para afrontar una población diversa, con problemas reales que, a su vez, e muchos casos están en situación de vulnerabilidad. ¡Soy una privilegiada!
En septiembre del 2016 en medio de un Assessment laboral, la psicóloga a cargo de me habló de Fundación Abrázame de la cual me enamoré en ese mismo minuto. Dada la trascendencia de trabajar con menores el proceso fue largo y acucioso. A quién de alguna manera se vea reflejado quiero traspasarles a través de estas modestas palabras que la sonrisa pura de un bebé, o el abrazo y miles de besitos de los más pequeñitos cada vez que estás con ellos, definitivamente supera con mucho lo que alguna vez pudiera yo haber imaginado como el mejor de los sueños del alma.
Es curioso… uno va a compartir parte de su tiempo, a dar amor como lo veo yo, sin embargo, sales con el corazón lleno de alegría y cosas puras.
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