En el contexto del feminismo y la reivindicación de la mujer en la historia peruana, la figura de Mercedes Cabello de Carbonera emerge como un referente clave. A través de su obra y la reinterpretación de personajes históricos femeninos, Cabello de Carbonera contribuyó significativamente a la redefinición del rol de la mujer en la sociedad.
María Jesús Alvarado y La Perricholi: Un Ejemplo de Resignificación Femenina
María Jesús Alvarado, escritora y feminista, jugó un papel crucial en la resemantización de la ciudadanía femenina dentro del proyecto desarrollista peruano. Alvarado se dedicó a destruir el mito del Perú como un país moderno. Desde ese lugar, inició la escritura de La Perricholi, radionovela que, una década más tarde, sería publicada como libro en Argentina.
En la obra es posible detectar tres de las líneas que habían definido las acciones de Alvarado: la recuperación/construcción de referentes femeninos históricos que dieran cuenta del origen de las mujeres intelectuales, la formación académica de las peruanas y la creación de espacios educativos donde las jóvenes pudieran adquirir herramientas de trabajo y conseguir su autonomía económica.
La Perricholi, además, comienza a emitirse cuando el movimiento feminista está viviendo un proceso de readecuación, porque los debates en torno al derecho al voto de las mujeres, las articulaciones con organizaciones internacionales y la negociación con los partidos políticos locales se estaban multiplicando y, como era de esperarse, segmentando. Tanto la elección de esta protagonista, como el hecho de usar la radio como plataforma para su reivindicación demuestran que María Jesús Alvarado quería resemantizar e inscribir la ciudadanía femenina dentro del proyecto desarrollista en construcción.
El Contexto Histórico y el Rol de la Mujer
También es pertinente mencionar que en los años posteriores a la derrota en la Guerra del Pacífico (1890-1920), aumentaron los nacimientos ilegítimos, se expandió el trabajo femenino y se gestó un proyecto de educación laica para las peruanas, con lo cual, la dicotomía mujer-espacio privado / hombre-espacio público acabó por replantearse.
Evolución Femenina, la organización que fundó y presidió María Jesús Alvarado, tenía como finalidad “eliminar las limitaciones a los derechos civiles de la mujer [que, por entonces] no podía realizar ningún acto jurídico; es decir, no podía dar, vender, hipotecar ni adquirir a título gratuito u oneroso, sin intervención del marido o sin su consentimiento escrito” (Zegarra 2016: 89). En 1912, es decir, dos décadas antes de la emisión de La Perricholi, la autora había indicado que la inferioridad femenina no se fundaba “en ningún principio científico, en ninguna verdad real, sino simplemente en invertebrados hábitos, en injustos prejuicios sociales” (citado en Zegarra 2016: 241).
Adicionalmente, María Jesús había pensado las relaciones existentes entre la subordinación de la mujer y otras formas de discriminación. Desde la doctrina positivista, ella se posicionó frente al trato que recibían los y las indígena, al tiempo que “suscribió la potencialidad moral de la educación, capaz de regenerar a los grupos subalternos, de otorgarles conciencia de su valer y de desarrollar facultades. Pero, al conocer de los crímenes contra la población indígena y la debilidad y corrupción del Estado, antepuso la vigilancia ciudadana para conseguir justicia”, al igual que las intelectuales Virginia León o Dora Mayer, María Jesús Alvarado se dedicó a destruir el mito del Perú como un país moderno (Zegarra 2019: 385-386).
El Debate en Torno a La Perricholi
Como diría Sara Beatriz Guardia (2002), el Virrey Manuel de Amat nunca fue condenado por tener una amante casi cincuenta años menor que él ni por tener un hijo no reconocido; a pesar de ello, a La Perricholi, conocida así “por el insulto perra chola que le propinó el Virrey […]no le perdonaron sus amores con el representante del poder […], quien posteriormente partió a España donde se casó con una noble y murió sin dejar descendencia legítima” (104); es decir, el poder económico y la masculinidad protegían la honra de un hombre que era parte de la relación que llevó a Micaela a ser condenada y, por tanto, excluida como modelo de feminidad deseable.
Mostrar esto ante los radioescuchas podía significar un replanteamiento del debate que negaba el sufragio femenino porque las mujeres no tenían la madurez necesaria para elegir responsablemente al presidente. Ocurre algo similar con el otorgamiento del voto solo a aquellas mujeres que hubieran sido escolarizadas. En la radionovela se muestra que Micaela Villegas había sido excluida de la educación formal; no obstante, tenía el talento necesario para adquirir conocimientos alternativos en otros espacios.
Gracias a esto, “puso en jaque a todo el aparato cortesano limeño [pues] ella es como una figura picaresca del mundo colonial en crisis, un fruto de la común misoginia con que la sátira, los pasos, los entremeses y el teatro de aquella época trataban a la mujer” (Hampe Martínez 2001: 338). Había pues que contener esta figura que desbordaba los límites identitarios establecidos por la corona y, además, lo hacía en el espacio público, lo que impedía que fuera silenciada.
Interpretaciones y Reivindicaciones de La Perricholi
La respuesta fue entonces condenar su actitud, lo que generó una serie de reacciones como la de Rosa Arciniega, periodista de tendencia hispanofílica y con una producción literaria cargada de gestos de reivindicación del papel de la mujer en la historia. Ya en 1934, Arciniega trató de proteger la honra de Micaela indicando que era imposible conocer su verdadera historia, dado que las leyendas, los mitos y los estereotipos de género se superponían sobre su identidad.
Se preguntaba concretamente por entonces si La Perricholi construida por Thornton Wilder en su obra, que era “agria, reconcentrada y hasta en cierto modo, vengativa, ¿es la auténtica Perricholi, romántica, bella y lírica que todavía puede comprenderse mejor a través de las viejas crónicas y de las leyendas orales deformadas, a través de sus gustos ornamentales, suntuarios y casi casi eglógicos?, ¿es la misma que paseaba su belleza clásica -también puede hablarse de un clasicismo en la belleza criolla- en la suntuosa elegancia de las carrozas virreinales?” (Arciniega 1934: 92).
Dos años más tarde, en 1936, al mismo tiempo que se emitía la radionovela de María Jesús Alvarado, se publicaba por primera vez el libro de Luis Alberto Sánchez, La Perricholi, texto en el que también se recogen y contrastan algunas versiones sobre el personaje. En este libro, a diferencia de lo que hace Arciniega, el escritor sí le atribuye a la protagonista rasgos de personalidad cuestionables desde el código del honor manejado a comienzos del siglo XX.
Irina Bajini (2013), por el contrario, varias décadas después, asegura que si bien la vida de Micaela Villegas estuvo “signada por la urgencia económica que la lleva a trabajar desde pequeña en el oficio de cómica [también vivió] el triunfo en edad muy temprana como intérprete de comedias barrocas españolas, in primis las de Calderón; los años de gloria al lado del hombre más importante del Perú, a su vez buen representante del pensamiento ilustrado” (155).
Aclara, por otra parte, que La Perricholi manejaba por sí misma sus negocios y que sus decisiones como subjetividad social no tenían “nada que ver con la versión de Palma, que insiste en el origen provinciano y humilde de la chola Micaela, ni con la de Merimée que la transforma en una gitana andina que se busca la vida bailando y cantando en la calle, la cual -luego de seducida y abandonada por el virrey- se arrepiente de sus pecados regalando a la Iglesia su carroza dorada” (155).
Precisamente en el texto de Merimeé recordado por Bajini se construye la imagen más descalificadora y violenta de Villegas. Se trata de un sainete basado en la vida de la peruana quien, según Delgado Cabrera y Menéndez Ayuso (2001), fue una mujer “dotada de una imaginación viva y habiendo recibido en Lima una cierta educación, desde muy joven recitaba poemas y cantaba acompañándose de la guitarra” (150), añaden que el Virrey se enamoró de ella y que “cansado de los continuos engaños, la insultó en cierta ocasión llamándola perra chola, lo que parece indicar que era india o, cuando menos, mestiza” (Delgado Cabrera y Menéndez Ayuso 2001: 150).
Entonces, según esta versión, La Perricholi no será una víctima de la genética, como se indica en unas lecturas contrarias al mestizaje cultural, sino un ser racional que había elegido conscientemente faltar a la promesa sobre la que se sostenía su pareja que, dicho sea de paso, no era reconocida por ninguna institución.
Por su parte, César Revoredo Martínez (1982) elige llamar al personaje Pirricholi porque, como aclara en la nota introductoria de su libro, el discurso de Sánchez en torno al apodo de Villegas solo se basa en Palma y Lavalle, al tiempo que deja de lado versiones como la de Gustavo Adolfo Otero o Luis Antonio Eriguren, para quien, según Garcilaso “a los hijos de los mulatos los llamaban cholos (vocablo de Barlovento) y que quiere decir perro, pero no de los muy castizos sino de los muy bellacos gozones, y los españoles usan de él por infamia y vituperio” (25), agrega que si se considera además que chulo significaba mestizo, “el virrey catalán pudo combinar el perri-choli (chulo) esto es chola-mestiza, así como decían lluver por llover, decían choli por chula” (25), disertación que irá acompañada de una serie de datos y de evaluaciones de la conducta de la actriz que buscan reivindicarla como una mestiza que amó a un personaje público y, por ello, fue injustamente condenada.
Algunas otras voces que quisieron lavar la imagen de La Perricholi se dedicaron a segmentar su pasado y a seleccionar qué episodios reflejaban el perfil que necesitaban darle al personaje. Micaela Villegas era la primera cómica peruana que recitaba versos de los ingenios españoles, en los teatros de Lima, [además] fue ella, la primera artista, que recuerda la historia del Teatro en el Perú […] era una mujer seductora, de una inteligencia muy viva y rápida; hablaba con gran locuacidad y salpicaba de chistes discretos su conversación, haciéndose de esa manera mucho más atrayente (176).
Asimismo, señala más adelante que “fue esta graciosa artista en la época del Virrey Amat, lo que la Dubarry en el reinado de Luis XIV, quien por cariño le dio el nombre de Perricholi” (176). Nuevamente, se destaca la inteligencia y la autonomía del personaje; no obstante, se silencia su deseo sexual porque la combinación de los tres elementos bien podría dar lugar a una identidad poco deseable para el Perú naciente.
No es aventurado afirmar entonces que la apropiación de Micaela Villegas llevada a cabo por María Jesús Alvarado va a contrapelo de las dos líneas dominantes y esto se hizo más explícito en la década de los cuarenta, cuando la radionovela apareció como libro.
Las Etapas de la Radio en Perú
En Una voz que cambia vidas, Julianna Ramírez Lozano propone la división de la historia de la radio en el Perú en cinco etapas. Indica que la primera se desarrolló entre 1924 y 1942 y que estuvo “caracterizada por la creación de la emisora OAX que, después, se convirtió en Radio Nacional, primera y única emisora en el dial limeño durante diez años” (Ramírez Lozano 2017: 120). Añade, posteriormente, que “La segunda etapa, 1943-1957, denominada la edad de oro de la radio peruana, se identificó por el crecimiento que protagonizó el medio y el éxito del radioteatro, que luego se convirtió en radionovela” (120).
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