José Miguel Carrera fue una figura fundamental en la historia de Chile, desempeñando un papel crucial en el proceso de independencia del país. Su vida, marcada por la pasión, la controversia y el sacrificio, lo convirtió en un personaje clave de la Patria Vieja.
Primeros Años y Participación en la Primera Junta de Gobierno
Al conocer el movimiento que culminó con la reunión de la Primera Junta de Gobierno, el 18 de septiembre de 1810 en la que participó su padre don Ignacio, regresó a Chile renunciando a su carrera militar. El Diario arranca con la proclamación de la Primera Junta de Gobierno, cuando Carrera se encontraba en Europa. Lo mismo ocurre con el motín de Figueroa y la instauración del primer Congreso Nacional. Pero a pesar de su ausencia, Carrera no escatima juicios lapidarios hacia sus protagonistas.
Fue el primer Presidente de Chile y su gobierno se caracterizó por numerosas obras de adelanto para la nación, como la introducción de la imprenta, la creación del primer periódico La Aurora de Chile, las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, la creación de la primera bandera y escudo nacional, la educación gratuita para hombres y mujeres, el establecimiento de industrias de tejidos y cultivo del tabaco y algodón, la creación del Instituto Nacional, la formación de la Biblioteca Nacional, el hermoseamiento de la Alameda de las Delicias, la creación del Hospital Militar, la fundación de la primera Escuela Militar y la adquisición de elementos para el ejército.
Carrera Militar y Campañas
Ante la invasión de Pareja en 1813, el Senado lo designó General en Jefe del Ejército, y bajo su mando se realizaron las primeras campañas en que se llevaron a efecto gloriosos combates como los de Yerbas Buenas, San Carlos, la toma de Concepción y Talcahuano, el sitio de Chillán. Las vicisitudes políticas lo alejaron del mando.
A partir de 1813, con la llegada de la expedición militar realista bajo el mando de Pareja, el Diario sufre un cambio radical: empieza a dar testimonio casi cotidiano de cómo el valle central chileno es repasado una y otra vez por los ejércitos en lucha, dejando una estela de asesinatos, saqueos e incendios que afectan principalmente a la población civil. Ante estos desastres, nuestros próceres de la Patria Vieja despliegan su infinita incompetencia, improvisación y frivolidad.
El calamitoso sitio de Chillán durante el invierno de 1813 hace tambalear el prestigio militar de Carrera, pero el golpe de gracia lo recibe en octubre siguiente en la batalla de El Roble. Allí, un ataque sorpresa del ejército realista está a punto de aniquilar a la fuerza patriota. Carrera, en la confusión del ataque, acaba zambulléndose en el río Itata para salvarse. De aquí en adelante, Carrera se desliza, irremediable, en la catástrofe, hasta tocar fondo en el desastre de Rancagua.
Y el nuevo General en Jefe Bernardo O´Higgins firmó el Tratado de Lircay con los realistas, con lo cual Chile volvía a ser español. Reconciliados Carrera y O´Higgins, afrontaron la guerra contra el Brigadier Osorio, que invadió de nuevo el país. José Miguel Carrera, Comandante en Jefe, nombró a Bernardo O´Higgins comandante de la primera división, a su hermano Juan José al mando de la segunda y a Luis Carrera, en la tercera. La primera y segunda división tuvieron que encerrarse en Rancagua sitiados por los realistas, y la tercera división acudió en su apoyo, pero no pudo romper el cerco español.
Exilio y Búsqueda de Apoyo en Estados Unidos
Desconocida su autoridad por el Gobernador de Mendoza, General José de San Martín, continuó a Buenos Aires, pero la persecución política a que lo sometieron San Martín y la Logia Lautarina, hicieron amargos sus días en la capital de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Las maquinaciones políticas del Director Supremo de las Provincias Unidas Pueyrredón, dieron como resultado la incautación de sus naves y elementos, y su prisión en Buenos Aires. Perseguido nuevamente, logró fugarse a Montevideo, donde estableció su Imprenta, denominada “Imprenta Federal”, a través de la cual atacó violentamente a las autoridades de Buenos Aires y Chile, cargando la tinta de su pluma al saber el asesinato de sus hermanos en Mendoza el 8 de abril de 1818.
Con él compuso su Diario en Buenos Aires, adonde llegó a principios de 1815. Despojado del poder político y militar, sin amigos ni influencias, tomó la determinación de viajar a Estados Unidos en demanda de armas y equipo militar. Al embarcarse hacia Norfolk dejó a su mujer, Mercedes Fontecilla, sumida en la pobreza más desoladora. Desde esta fecha y durante seis años, Carrera desplegó una energía inagotable con el propósito de organizar una fuerza armada para retornar a Chile.
Participación en las Guerras Civiles Argentinas y Trágico Final
Unido a los caudillos Francisco Ramírez de Entre Ríos y Estanislao López de Santa Fe, es uno de los vencedores de la batalla de Cepeda. Participó en el Tratado del Pilar, que da término a la Constitución Unitaria de 1819, y consagró el régimen federal en Argentina. El Tratado concede soldados, armas y equipo con los que organiza su nuevo “Ejército Restaurador”.
Como se sabe, tras su fusilamiento, los restos de Carrera fueron descuartizados y exhibidos públicamente. Al otro lado de la cordillera, otra antigua adversaria celebraba y ponía fin a su propio autoexilio de 10 años.
Mercedes Fontecilla y el Legado Familiar
Mercedes Fuentecilla fue la fiel esposa de José Miguel Carrera. Fuentecilla llevó una vida de sacrificio y abnegación, compartiendo los devenires y fracasos de su marido. A pesar de su noble cuna y riquezas familiares, sufrió grandes penurias. Incluso en algunos momentos pasaba apuros para alimentar a sus hijos. Las cartas de Carrera a su mujer, dan cuenta del gran amor que sentía por ella. Mercedes era su fuente de consuelo y desahogo frente a sus enfermedades y maltrechas condiciones en que habitaba.
Durante la reconquista española y el proceso de Independencia en general, Javiera intercambió misivas con sus cuñadas Mercedes Fontecilla, esposa de José Miguel y Ana María Cotapos, esposa de Juan José. Al mismo tiempo, las mujeres de elite no estuvieron exentas de castigo al ser descubiertas participando en conspiraciones políticas; este fue el caso de Ana María Cotapos y la madre de Mercedes Fontecilla por apoyar la conspiración de 1817 y el de Luisa Recabarren por colaborar con los patriotas. Todas ellas fueron recluidas en conventos por apoyar la causa independentista.
Javiera Carrera y la Repatriación de los Restos de sus Hermanos
Corría 1823 y en Chile un golpe de Estado lograba la abdicación del Director Supremo Bernardo O'Higgins, tras seis años en el cargo. El llamado padre de la Patria daba un paso al costado, amenazado por una inminente guerra civil liderada por su opositor Ramón Freire, y se autoexiliaba en Perú.
Javiera Carrera, única mujer del clan que luchara activamente por la Independencia de Chile, aunque en rivalidad con O'Higgins, regresaba al país arrastrando todavía el velo negro de la derrota. Sus últimos años los pasaría recluida en su hacienda de El Monte, dedicada a las labores domésticas y a la caridad. Cuatro años después, durante el gobierno de Francisco Antonio Pinto, lograría al fin su deseo más anhelado: repatriar los cuerpos de sus hermanos Luis, Juan José y José Miguel, fusilados en Mendoza, en 1818 y 1821, respectivamente.
La Casa de los Carrera en El Monte
Esa casa, donde Javiera Carrera pasó sus últimos años y que fuera testigo mudo de los hechos trágicos de la Independencia de Chile, ha sido por más de 100 años uno de los secretos mejor guardados de la localidad de El Monte. Hace 30 años funciona allí la Viña Doña Javiera, administrada por la actual familia propietaria de la hacienda, quienes han conservado el inmueble tal y como se levantara a mediados del siglo XVIII.
Hoy uno de los herederos, el gestor cultural Francisco Yávar Correa (32) está dando marcha a un ambicioso plan que espera relevar el valor histórico de la casa y de paso convertirla en un nuevo polo cultural y artístico de la zona. La primera etapa ya es un hecho: la apertura a público de la Casa de los Carrera, decretada Monumento Nacional en 1974, a través de visitas guiadas donde es posible recorrer los espacios exactos por donde caminaron, comieron y durmieron los hermanos independentistas.
Hay lugares históricos indudables como la pileta de metal traída de Francia y donde se dice Javiera Carrera bordó la primera bandera nacional de la Patria Vieja, de colores azul, blanco y amarillo; también su cama original, y el comedor de mediados de 1800 que sirvió de punto de reunión familiar. Los jardines también permanecen intactos con un árbol de sequoya centenario y los tres magnolios plantados por la misma Javiera.
"La verdad es que mi abuelo materno, Francisco Correa Salas, conservó muy bien esta casa. El vivió en el ala histórica y yo con mis hermanos y mi madre residimos en otra ala más nueva, hasta que tuve 18 años. Siempre tuve en mi cabeza abrir este patrimonio a la comunidad, pero también convertirlo en algo de mayor valor. Hasta ahora la casa se ha ocupado para eventos, matrimonios y también la hemos prestado para grabaciones de comerciales, pero la verdad es que es muy poco conocida incluso por los vecinos de El Monte. Ahora ya empezamos a abrirla a público con visitas guiadas que hay que reservar con 48 horas de anticipación", cuenta Francisco Yávar.
La Casa de los Carrera está abierta de martes a domingo y tiene tres modalidades de visita: recorrido guiado ($ 10.000), visita y degustación de vinos ($ 15.000) y más almuerzo ($ 30.000). Estudiantes y personas de la tercera edad pagan la mitad, menores de 10 años entran gratis. "Me gustaría que el aporte fuera sólo simbólico pero por ahora debemos inyectar recursos para nuestro proyecto cultural", cuenta Yávar.
Se trata de la segunda etapa del plan que incluye la recuperación de un antiguo bodegón de 450 metros cuadrados donde eventualmente funcionará un centro cultura con sala de exhibiciones y auditorio. "Estoy convencido de que la historia se activa cuando se hacen cruces con otras expresiones como el arte contemporáneo. Este lugar va a revivir con todo el peso histórico que tiene, pero también mi visión es construir una nueva historia unida al arte y que pueda convertir a El Monte en un referente artístico", dice Yávar.
Ya hay un precedente. El año pasado el gestor cultural junto a la curadora Sofía Edwards y desarrollaron la muestra Húsares trágicos, donde por un fin de semana invitaron a 17 artistas a intervenir la casa con obras de video, pinturas, esculturas e instalaciones. Llegaron dos mil personas. Luego la misma exposición estuvo durante tres meses, entre julio y septiembre, en el MAC de Parque Forestal. "Fue la primera vez que hacíamos algo así y fue un éxito, nos dio la oportunidad de invitar a muchos vecinos que por primera vez visitaron la casa. La idea es seguir con estos proyectos de arte contemporáneo y sumarles conciertos al aire libre", agrega.
El proyecto de revitalización del bodegón costaría unos $ 250 millones y Francisco Yávar ya está en contacto con organismos públicos y privados para conseguir el financiamiento. Para eso está en plena conformación de la Fundación Doña Javiera, que él mismo presidirá y que contará entre sus miembros a la historiadora Ana María Ried, presidenta del Instituto de Investigaciones Históricas José Miguel Carrera. "El proyecto me interesa muchísimo, sobre todo poder habilitar uno de los sectores de la casa como museo, donde nosotros prestaríamos objetos y documentos para su exhibición. Dentro de los objetos más valiosos tenemos un retrato a pluma de cuerpo entero de José Miguel Carrera, la bitácora de su viaje a EEUU y el testamento que hizo en Montevideo. También de su cónyuge Mercedes Fontecilla tenemos un retrato en colores y unos aros", cuenta Ried, quien es además descendiente directa de los Carrera.
El Legado Documental de Carrera: El Diario Militar
Buenos Aires, 7 de septiembre de 1815. José Miguel Carrera termina de redactar su “Diario Militar”. Sobre la mesa de trabajo se acumulan cientos de documentos y apuntes utilizados para la elaboración de un libro compuesto por muchas capas. La columna vertebral está constituida por el relato, bellamente manuscrito, minucioso y ordenado, de los cuatro intensos años que corren entre 1810 y 1814. En el amplio margen izquierdo de las fojas se ensamblan, además, breves textos escritos o adheridos en trozos de papel, cumpliendo la función de las actuales notas al pie. Y sobre todo ello, cruzando, abriendo y sustentando al cuerpo principal, se insertan cartas, partes militares, proclamas, bandos, oficios, procesos judiciales y otros papeles, hasta acumular 136 piezas documentales.
Porque este Diario no es, en estricto rigor, un diario. Si bien está organizado en orden cronológico, con fechas precisas que encabezan cada jornada, no es el fruto de una labor de registro cotidiano. Carrera en Buenos Aires ha descendido desde la condición de exiliado a la de proscrito. Los confusos y penosos antecedentes de la derrota patriota en Rancagua, las acusaciones de ineptitud, cobardía, traición e incluso de robo de caudales públicos, le han enajenado la confianza de las autoridades argentinas, que han favorecido a O’Higgins en sus planes de liberación de Chile. Como una forma de reivindicar su actuación y así convencer a los argentinos de que le restituyan su apoyo, compone el Diario.
Las últimas palabras que traza reflejan su incertidumbre. “Permaneciendo mucho tiempo en estas provincias, no sé lo que nos suceda”. Este rasgo demuestra la importancia que le adjudicaba a su acervo documental y la pasión que mostró por recopilar documentos que referían a su persona y a los acontecimientos en los que había participado. Incluso en los pasajes más accidentados de su vida, mantuvo su correspondencia rigurosamente ordenada y clasificada, junto con otras muchas piezas de inestimable valor histórico. Gracias a estos afanes su archivo personal llegó a ser muy abundante y valioso.
Durante estos dramáticos años, Carrera llevó siempre consigo su Diario. Asombra la importancia y cuidados que les prodigó a estos documentos en condiciones tan difíciles. Sus papeles, afortunadamente, corrieron una suerte menos atroz. Para el momento de su ejecución, residía en Mendoza la suegra de Carrera, doña Mercedes Valdivieso, quien había sido exiliada por O’Higgins junto a una numerosa familia. Tras la muerte de Carrera, la familia fue autorizada para regresar del exilio. La suegra preservó el Diario y la viuda, Mercedes Fontecilla, trajo un valioso archivo epistolar. Este material fue traspasado a José Miguel Carrera Fontecilla, único hijo varón del prócer.
Cercano a las ideas liberales revolucionarias, fue muy amigo y camarada político de Benjamín Vicuña Mackenna, a quien entregó parte importante del archivo de su padre. Los duros juicios que emitió Carrera en su Diario en contra de personajes e instituciones provocaron no solo la censura de sus contemporáneos, sino también de quienes vinieron después. La construcción simbólica de la patria, con sus héroes y sus gestas, y la supervivencia de muchos parientes y partidarios de los personajes escarnecidos por Carrera, hicieron de su libro un objeto incómodo.
Por estos motivos, a lo largo de todo el siglo XIX el Diario estuvo disponible solo para unos pocos ojos privilegiados o como fuente documental para la confección de obras historiográficas, como la Historia general de Chile, del propio Barros Arana. Para estos fines más bien eruditos y de investigación se confeccionaron tres copias manuscritas del Diario, las que aún se conservan en el Archivo Nacional en las colecciones “Vicuña Mackenna”, “Gay Morla” y “Varios”.
Publicación del Diario y su Incautación por Pinochet
En 1899, el erudito Enrique Matta Vial se propuso publicar un repertorio que contuviera exclusivamente las fuentes para la historia de la Independencia. Con el auxilio de José Toribio Medina, quien puso a disposición de Matta los papeles de su archivo, se formó la “Colección de historiadores y documentos relativos a la Independencia de Chile”. Al año siguiente, arrancando el siglo XX, se publicó el primer volumen de esta colección, destinado nada menos que al “Diario militar del general don José Miguel Carrera”. Los 136 documentos anexos citados en el Diario fueron publicados en la misma colección, en el año 1913.
Tras el golpe de Estado, Luz Fierro Toro, descendiente de los Carrera que conservaba el Diario en su poder, dispuso que fuera entregado al Museo Histórico Nacional. Esta donación está documentada mediante un escrito fechado en abril de 1974. Sin embargo, el Museo se encontraba en reparaciones y el Diario fue enviado al Ministerio de Bienes Nacionales. Pasaron los años, hasta que en 1980 un funcionario lo descubrió y se lo enseñó al entonces ministro de Bienes Nacionales, general de Carabineros René Peri. Este jefe policial había realizado una serie de estudios históricos relacionados con su institución y supo reconocer el valor del manuscrito. Ante el sorprendente hallazgo, decidió, por propia voluntad, entregárselo a su jefe, el general Augusto Pinochet.
De manera sorprendente, el Diario que José Miguel Carrera escribió sobre el intenso período 1810-1814, el de la fundación de Chile nada menos, llegó a manos del dictador en 1980. Este se negó en varias oportunidades a devolverlo, pero tras ser incautados sus bienes gracias al caso Riggs, el Estado pudo recuperar el preciado documento.
En 1986, la Academia de Historia Militar publicó una tercera edición impresa del Diario. En el prólogo se advierte que fue publicada “por disposición expresa de S.E. el Presidente de la República”, es decir, por orden de Pinochet. Esta edición contiene tres versiones complementarias: a) una transcripción del texto existente en depósito legal en la Biblioteca Nacional, o sea, una de las copias manuscritas realizadas en el siglo XIX, b) una edición facsimilar fotografiada del manuscrito original de Carrera y c) una transcripción de ese mismo manuscrito.
Según Armando Moreno Martín, miembro del Instituto de Investigaciones Históricas José Miguel Carrera, el año 1991 o 1992 concurrió acompañado por directivos de ese instituto a entregarle al general Pinochet uno de los tomos del Archivo de José Miguel Carrera que publican periódicamente. En vista de la descarada declaración, la directora del Museo Histórico Nacional, Bárbara de Vos, envió una carta a Pinochet solicitando la devolución del Diario al museo, pero jamás obtuvo una respuesta. Juan Cristóbal Peña, quien ha escudriñado en el afán bibliófilo de Pinochet, ha estimado que poseyó una biblioteca personal de más de 55.000 volúmenes de la más variada índole y valor. Cuando el juez Carlos Cerda decretó la incautación de los bienes del general, fue necesario realizar un catastro de sus posesiones para hacer efectiva la medida. A esas alturas, ya era insostenible prolongar la usurpación del Diario. Sin embargo, voceros militares declararon que se considerarían “antecedentes legales, históricos y jurídicos” antes de resolver su destino.
Augusto Pinochet falleció el 10 de diciembre de 2006. Diez días después, el ministro de fuero Juan González dictó el sobreseimiento permanente de Pinochet, luego de recibir el certificado de defunción respectivo.
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