Quilapayún: Historia y Significado de un Ícono de la Música Chilena

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Solemnes en su sonido y presencia, fruto de la rigurosa dirección artística de Víctor Jara en sus primeros años, las canciones de Quilapayún van desde los contenidos latinoamericanistas, antimperialistas y, a veces, abiertamente contingentes, a profundas reflexiones de la existencia humana.

Tres estudiantes universitarios fueron el eje fundador del grupo: Los hermanos Julio y Eduardo Carrasco y Julio Numhauser. El nombre, que en lengua mapuche significa 'tres barbas', buscaba representar la fuerza que querían transmitir, y su compromiso político, que al poco tiempo los llevó a ser orgullosos militantes del Partido Comunista.

Si bien su inspiración era la música folklórica, la búsqueda de autenticidad los llevó a diferenciarse deliberadamente de la estampa de los conjuntos de huasos y de la elegancia del Neofolklore, que se difundía mucho en esos años. Pero Quilapayún agregaba a ese discurso artístico un componente político.

La casa de Julio Numhauser contaba con una especial colección de instrumentos, que fueron el soporte para los primeros tiempos del grupo, cuando la idea no pasaba de ser un pasatiempo. Se acercaron entonces al cantautor Ángel Parra a pedirle que fuera su director, en un trabajo conjunto que, si bien no se prolongó por mucho tiempo, contribuyó a consolidar la personalidad de Quilapayún.

En 1966, ya con el egresado de Artes Carlos Quezada integrado al grupo, en la Peña de Valparaíso le pidieron al cantautor Víctor Jara, que tomara la dirección del conjunto. A pesar de sus múltiples ocupaciones, el cantautor asumió con generosidad ese rol, y - como dice Eduardo Carrasco en el documental Quilapayún más allá de la canción- "forjó la personalidad de Quilapayún".

Como director de teatro , Jara desarrolló una cuidada puesta en escena, e impuso de un disciplinado ritmo de funcionamiento. Victor Jara, además, le entregó al conjunto algunas composiciones ("Somos pájaros libres", "Gira, gira, girasol", "El soldado") y los presentó al sello Odeón (EMI), la multinacional con la que trabajaron hasta 1973.

Entre sus colaboraciones más significativas está la grabación de un disco en conjunto, Canciones folklóricas de América, y la puesta en escena del tema "Plegaria a un labrador", con el que Jara participó en 1968 del Primer Festival de la Nueva Canción Chilena, en el Estadio Chile.

En 1967 registraron su primer disco para el sello Odeón (Quilapayún), con canciones de Ángel Parra ("El pueblo"), Víctor Jara ("La canción del minero", "La cueca triste"), populares latinoamericanas y algunas propias, en el inicio de un camino que los llevó a registrar cinco discos con esa compañía. El retiro de Julio Carrasco y Numhauser (quien más tarde formó Amerindios y desarrolló luego una carrera solista) dejó a Eduardo Carrasco como el único integrante original. Así, una nueva formación de Quilapayún tomó forma con tres nuevos nombres.

En paralelo a sus grabaciones con Odeón, Quilapayún inauguró en 1967 la Discoteca del Cantar Popular, Dicap, compañía discográfica del Partido Comunista. La iniciativa nació de una serie de canciones muy políticas que el grupo quería grabar y que, ante la posible negativa de EMI, prefirieron hacerlo con las Juventudes Comunistas. El disco se llamó X Vietnam, fue un saludo al Noveno Festival Mundial de las Juventudes Democráticas en Bulgaria, y apareció bajo etiqueta Jota Jota (más tarde, Dicap).

Tras la edición del disco Basta (1969), que incluyó el clásico "La muralla", el grupo se separó de Víctor Jara (quien emprendió un trabajo similar con los nacientes Inti-Illimani), y se acercó a otros formatos musicales. Su intención coincidió con la propuesta del compositor Luis Advis para registrar la Cantata Santa María de Iquique.

El trabajo , obra mayor de la música chilena, es una Cantata que narra una matanza de obreros del salitre ocurrida en Iquique, en diciembre de 1907. Grabada en 1970, la Cantata Santa María de Iquique, y estrenada en agosto de ese año en el Estadio Chile, fue la primera obra conceptual del conjunto y es un momento esencial en la música popular chilena. A ella le siguieron las obras Vivir como él (1971), de Frank Fernández (un homenaje a un guerrillero vietnamita) y La fragua (1973), historia de la lucha de clases escrita por Sergio Ortega.

Quilapayún ya había grabado temas emblemáticos como "La muralla" y "Carabina 30 30" cuando registraron "Venceremos", de Sergio Ortega, (con letra de Claudio Iturra), el himno oficial de la campaña presidencial de Salvador Allende. La incorporación a su repertorio de canciones que ellos llamaron "contingentes" -como "Las ollitas", "La batea" o "El enano maldito acota"-, los puso en el centro de la polarización política que se vivía en esos años.

En agosto de 1973 - convertidos en sepeteto con la integración de Hugo Lagos en 1972- emprendieron una gira que no tuvo regreso. Originalmente surgió como una idea del propio presidente Allende para que lo acompañaran el encuentro de Países No Alineados en Argelia, pero el mandatario no viajó debido a la delicada situación política en Chile. El grupo, entonces, agendó fechas en París, y allí los soprendió el 11 de septiembre. Fue el inicio de un exilio que se prolongó hasta fines de los años '80.

Instalados en Colombes, una comuna aledaña a París, Quilapayún inició una serie de presentaciones en conciertos de solidaridad con la situación en Chile, y se convirtió en Europa en un símbolo de la resistencia. Desde entonces, y durante los años siguientes, recorrieron los cinco continentes llamando la atención sobre la situación chilena. De formación estable, tuvieron apenas dos cambios de integrantes.

En 1974 salió Rubén Escudero (que se fue a estudiar a Londres), y en 1978 Eduardo Carrasco resolvió salir de escena para dedicarse solamente a la dirección. Pero sus procesos creativos los fueron acercando a otras dimensiones a partir de entonces. En 1979 editaron el disco Umbral, lo que coincidió con su alejamiento del Partido Comunista, y el establecimiento de lazos con el pintor surrealista chileno Roberto Matta y el compositor Gustavo Becerra.

"La revolución y las estrellas" llamaron a este nuevo proceso. "Pusimos la idea del arte y la cultura adelante, y nos alejamos del estalinismo", explica hoy el entonces director del conjunto. "De poner el arte al servicio de la revolución. "Y todas las banderas que flamearon / se han ido desgarrando con el tiempo / Habría que decir que ya no estamos / cantando por las grandes alamedas", decía, por ejemplo, el tema de Eduardo Carrasco "Luz negra", que ilustra esa nueva filosofía, que tuvo otras expresiones en su trabajo artistico: Sumaron nuevos ritmos, agregaron temáticas más alegres en sus canciones, incoporaron rutinas de poesía y piezas de humor en sus conciertos.

La repercusión de esta nueva etapa fue intensa. En 1981 participaron en el prestigioso programa de televisión francés Le Gran Echiquier , donde solo han estado los grandes nombres de la música francesa, y donde estuvieron junto a Julio Cortázar, Roberto Bravo y con una escenografía diseñada por Roberto Matta. Y ese mismo 1981 protagonizaron un concierto sinfónico en España con el director griego Mikis Theodorakis, y en 1983 fueron uno de los primeros grupos que visitaron Argentina tras la salida de los militares. En 1984 estuvieron nada menos que dos semanas presentándose en el Teatro Olympia de París, para presentar el Tralalí Tralalá.

En tanto, en Chile, la censura que sufría su música, las dificultades para acceder a sus nuevos discos (apenas el sello Alerce se atrevió a editar algunas compilaciones) y la distancia con el entonces contundente Partido Comunista restaron difusión a su música, sobre todo la de esta nueva etapa.

En 1988 se acabó el exilio en Chile y pudieron ingresar a su país. Tras un concierto de reencuentro en el capitalino teatro California, al que convocaron cerca de dos mil personas y del cual registraron un nuevo disco en vivo, el conjunto partió de regreso a Francia. Eduardo Carrasco y Willy Oddó (quien ya había renunciado a Quilapayún el año anterior) no volvieron con ellos. Carrasco decidió concentrarse en labores académicas y en una intermitente carrera de cantautor solista.

Tras su gira por Chile y la salida de su director (rol que se dividió desde entonces entre Parada y Wang), la actividad del grupo descendió ostensiblemente. La falta de actividad los obligó a todos a buscar otros oficios para vivir, algunos muy alejados de la música. Tuvieron largos períodos de inactividad y escasas presentaciones en vivo durante la década. Hubo años enteros en los que incluso no se presentaron en público.

En 1997 regresaron a Chile tras casi una década de ausencia, y realizaron un remontaje de la Cantata de Santa María de Iquique. Matizado con "quince canciones esenciales" seleccionadas por el conjunto, el espectáculo se ofreció primero ante unas 15 mil personas en la abandonada salitrera de Santa Laura, y luego en otras tres ciudades a lo largo del país, incluyendo dos noches de lleno en el capitalino Teatro Monumental.

Quilapayún volvió a Francia y anunció una próxima visita que no materializó sino hasta fines de 1999, pero con una convocatoria claramente menor. En 1999, esa misma etiqueta publica Al horizonte, trabajo grabado en París que combinó composiciones propias con versiones para títulos de autores como Serge Gainsbourg y Víctor Jara, buena muestra de la amplitud de referentes que para entonces caracterizaba a un conjunto que ya acogía sin prejuicios instrumentos eléctricos y citas a la llamada world-music.

Pero el conjunto acunaba una crisis en su interior. El año 2001, de Quilapayún fue apartado Guillermo García, y al año siguiente renunciaron Hugo Lagos y Hernán Gómez. Sus enfrentamientos con el director Rodolfo Parada, entonces, se hicieron públicos: Lo acusaban de registrar el nombre del grupo a título personal y de establecer formas de administración inadecuadas.

Dos Quilapayún

El año 2002, cuando la crisis del conjunto se hizo evidente, todos los ex integrantes del grupo que permanecían en Chile y Francia se reunieron. Ya había establecidos contactos previos, y - en Francia- a los tres renunciados - García, Lagos y Gómez- se sumó Carlos Quezada e Ismael Oddó, hijo de Willy. Su presentación en la celebración de los 30 años del Golpe Militar y un concierto en el Teatro Teletón de Santiago - que fue luego editado como DVD- marcaron el comienzo de un nuevo período en Quilapayún.

En cualquier caso, es ese conjunto el que ha mostrado una actividad mayor. Tras su reencuentro el 2003, realizaron presentaciones en México D. F., Quito, Madrid y en Francia. El 2005 llenaron tres veces el Estadio Víctor Jara junto a la facción histórica de Inti-Illimani, en una jornada también editada como disco y DVD a fines de 2005. Ese mismo año editaron una revisión de cortes inéditos de su historia La vida contra la muerte.

Con ensayos regulares, y presentaciones en vivo dentro y fuera de Chile, el grupo ha sumado a tres músicos: En Francia al percusionista Sebastián Quezada (hijo de Carlos Quezada) y en Chile al bajista Ricardo Caito Venegas (hijo de Ricardo Venegas) y al experimentado Fernando Carrasco, compositor, ex Barroco Andino, en los 70 parte de la escuela de "Quilapayunes" y amigo cercano del conjunto. El año 2009, con su singular forma de trabajo en dos países, registraron Solistas, un nuevo disco de canciones originales, que incluyó un tema con los fundadores Julio Numhausser y Julio Carrasco, además de una colaboración con el rapero Jimmy Fernández.

El 2012 presentaron un nuevo DVD en vivo, de su concierto de homenaje a Víctor Jara grabado el 2009 en el Teatro Teletón. En el 2013 lanzaron el disco Encuentros, que contó con la colaboración de músicos invitados (como Alvaro Henríquez, Ana Tijoux, Manuel García, Camila Moreno, Mauricio Redolés, Chancho en Piedra, entre muchos otros), y donde alternaron nuevas y viejas canciones. Ese mismo año protagonizaron tres conciertos a tablero vuelto en Santiago, en el Teatro Nescafé de las Artes, con la que es hasta ahora la única cita donde han estado en un mismo escenario los 11 músicos. El 2015 celebraron 50 años de vida, con un concierto gratuito - que convocó a cerca de 10 mil personas - frente a la Moneda en el centro de Santiago, y donde participaron 10 de los 11 músicos del conjunto. Con el mismo motivo han estado en varios otros países, en un itinerario de celebraciones que extendieron hasta el 2016.

Al mismo tiempo, la facción del conjunto que dirige Rodolfo Parada ha protagonizado también su historia, y se sigue considerando el único y verdadero Quilapayún, incluso tras los fallos judiciales del 2015. Tras la partida de Valladares el 2004, sumaron otros tres músicos que cambiaron varias veces. Editaron un DVD con un concierto en el Palau de la Música Catalana de Barcelona el año 2004, y desde el año 2007 han estado varias veces en Chile, fundamentalmente en el Teatro Caupolicán: El mismo 2007 celebrando los 100 años de la matanza de Santa María. El 2010 en el festejo de los 45 años del grupo. El 2011 en el espectáculo Juntos aquí estamos, con Illapu y la facción de Inti-Illimani que integran los hermanos Coulón. El 2014 en el teatro Nescafé de las Artes, presentando el que es el único disco de su historia: Absolutamente Quilapayún.

Por los mismos días de ese concierto, un fallo del Tribunal del Propiedad Intelectual chileno cerró la disputa por el nombre, reconociendo como representantes del nombre al colectivo de nombres integrantes del otro conjunto, en desmedro de la inscripción a nombre de Rodolfo Parada. El conflicto del nombre parece haber llegado a su final, pero fue una situación que - evidentemente- no les resultaba nada cómoda a ninguno de los involucrados.

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