La canción "Ojos de Cielo" es una pieza emblemática en el repertorio de Mercedes Sosa, una artista profundamente ligada a la Nueva Canción Latinoamericana. Este movimiento musical surgió como un reflejo de las transformaciones sociales y políticas de fines de los años 60 y comienzos de los 70 en Chile y en toda Latinoamérica.
En el origen, Inti-Illimani fue un grupo que nació en la Universidad Técnica de Chile, estimulado por el proceso de reformas políticas y sociales. El conjunto quería ser reflejo de las transformaciones y su música rápidamente evidenció un alejamiento respecto de las formas de música popular más comerciales.
Como protagonista de la Nueva Canción Chilena, Inti-Illimani hizo en su segunda grabación italiana la presentación formal de esta escuela. El disco La Nueva Canción Chilena fue registrado en Milán en marzo de 1974 y consecuentemente con su título, incluyó canciones de los autores fundacionales del movimiento: Violeta Parra, Víctor Jara, Sergio Ortega y Patricio Manns entre otros.
El golpe de Estado del 11 de septiembre encontró al grupo de gira por Europa. Inti-Illimani comenzó entonces un largo exilio en Italia. Desde allí el conjunto hizo un incesante trabajo por la resistencia a la dictadura militar y se abocó a la edición constante de discos, regrabando buena parte de las canciones incluidas en su discografía chilena. En octubre de 1973 ya habían publicado el primero: Viva Chile!.
La estructura del disco, como lo demostró el tiempo, quería explicitar el profundo compromiso de Inti-lllimani con sus tres pilares: la justicia social, la cultura popular latinoamericana y el arte. Objetivo que, como carta de presentación, permitió al grupo ocupar un sitio privilegiado de respeto y reconocimiento público en su nuevo lugar de residencia.
En 1977 grabaron Chile resistencia, en un momento en que el conjunto comenzó a aceptar la idea de que el exilio sería más largo que lo imaginado. Por lo tanto, son canciones cruzadas por la angustia de una situación que se agudizaba y que en Chile tomaba la forma más violenta a manos de la represión ejercida por la dictadura militar.
Dos años más tarde y con el exilio convertido recién tras seis años de permanencia en Italia en una situación que comenzaba a ser definitiva, Inti-Illimani se embarcó en el sueño del regreso. Esta suerte de dimensión continental que abarcó Manns con sus versos sirvió al conjunto para pensar en un disco que incluyera la musicalización de otros poetas latinos.
Este es el punto de partida de Canción para matar una culebra, que incluye textos de Nicolás Guillén, una canción en quechua de Zenobio Dagha, canciones del folclor mexicano y venezolano y, por cierto, Patricio Manns y Víctor Jara.
Como venía anunciándose en los últimos álbumes de la era italiana del conjunto, la protesta de los primeros años del exilio fue dando espacio a melodías que se alejaron de lo político y acentuaron la melancolía del destierro. En 1996, Inti-Illimani vivió el momento más exitoso de su regreso a Chile con su disco Arriesgaré la piel.
Este trabajo lleva de regreso al grupo a canciones tradicionales latinoamericanas, como rancheras, boleros y son cubano. Salinas, director artístico del conjunto, ha dicho para entonces que los prejuicios fueron cayendo y que estilos tal vez un poco menospreciados como ésos fueron revalorados por ellos. El disco vendió más de quince mil unidades -curiosamente todo un récord en el mercado local para el conjunto-, y tuvo exitosas presentaciones en vivo.
Tras su aterrizaje en Chile en septiembre de 1988, en un arribo acompañado de miles de chilenos en el camino del aeropuerto a Santiago y un concierto multitudinario junto a los también retornados Illapu, en la población La Bandera, Inti-Illimani comenzó su reincorporación a la vida nacional.
El intenso ajetreo y las giras internacionales (viajando desde Chile) comenzaron a agrietar al grupo lenta y paulatinamente desde el año siguiente, 1997, con la partida de uno de los fundadores: el ecuatoriano Max Berrú. Al año siguiente lo imitó José Seves, por lo que el conjunto perdió a dos de sus voces más reconocibles (sin contar el aporte instrumental de Seves).
Para hacer el siguiente álbum, Amar de nuevo, también de canciones tradicionales, con boleros y otros ritmos latinoamericanos, se incorporaron Daniel Cantillana y el venezolano Jorge Ball, que había sido parte del conjunto a fines de los '70. Pero Ball no duraría mucho y ya para el siguiente, La rosa de los vientos (1999), dejó la formación de manera definitiva.
En el verano del año 2001, Inti-Illimani decidió hacer un recuento de su carrera en vivo con la participación de varios de sus ex integrantes. Un concierto hecho en la Quinta Vergara en Viña del Mar dio pie a la mirada antológica del conjunto que, además, para la ocasión revivió sus ponchos y las camisas color amaranto.
Como respuesta a esta deserción, el grupo se rearmó con el guitarrista Manuel Meriño (proveneniente del grupo Entrama), que no sólo reemplazó a Salinas en la interpretación y dirección musical, sino que además se puso a componer. Al tiempo apareció el disco Lugares comunes (2002), que dio continuidad al proyecto también en vivo, pues Inti-Illimani mantuvo su ritmo de giras locales e internacionales.
En el verano de 2004 y tras actuar en el Festival de Viña del Mar, esa tríada volvió a mermar, con el retiro de Durán. Esta partida detonó la crisis más importante en la historia del conjunto. En junio de 2004 Horacio Salinas anunció la reagrupación de tres de los ex Inti-Illimani históricos: él, además de Durán y Seves.
Luego los conciertos se repitieron en Buenos Aires y en tres noches en el Estadio Víctor Jara los días 20, 21 y 22 de agosto. El revuelo causado por la noticia ha producido el desencuentro más profundo entre las dos facciones del grupo, prometiendo acciones legales y judiciales en torno al uso del nombre Inti-Illimani.
Sobre el final de ese mismo año, la facción de Horacio Salinas -el Inti-Illimani Histórico- editó el álbum Esencial como un respaldo a la historia íntima del grupo en cuanto a las composiciones y su tratamiento. Hoy ambas agrupaciones escriben su historia por separado, manteniendo cada una su propia forma de llevar el patrimonio y la actividad artística del grupo.
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