La historia de Ford Motor Company es un testimonio de cómo la innovación y la adaptabilidad son fundamentales para la longevidad en cualquier industria. Fue en el 16 de junio de 1903, en una pequeña fábrica de vagones transformada de Detroit, cuando John S. Gray y Henry Ford fundaron Ford Motor Company. La marca del óvalo -que masificó el uso del automóvil con modelos como el Ford T- celebra este 16 de junio un nuevo aniversario, uno que lo halla en una transición hacia la electromovilidad y completamente volcada a los segmentos que históricamente le dieron más réditos.
Los Comienzos: El Model A y la Revolución del Model T
El primer auto de la marca, creado bajo la administración de Gray, fue el Modelo A de dos litros. Ensamblado en la planta de la calle Mack Avenue en Detroit, el A fue el primero de una generación de 19 vehículos que seguirían el orden alfabético. Entre los más famosos de esta estirpe se encuentra el modelo N que se vendió a un atractivo precio de US$ 500. Posteriormente, con Henry Ford al mando de la firma, la marca vivió otro periodo de prolífera producción.
En 1908 Henry Ford sorprendió al mundo al lanzar al mercado el Modelo T, vehículo que se convirtió en uno de los más simbólicos de la marca estadounidense hasta hoy y que revolucionó la industria automotriz dando inicio a la movilidad a grandes escalas. El coche de Ford llegó después de 22 años que Karl Benz patentara el que es conocido hasta ahora como el primer auto impulsado por motor a combustión interna de la historia en 1886. No obstante, el “T” fue el responsable de popularizar la producción en cadena, permitiendo bajar los precios y ampliar su alcance hacia la clase media.
El Model T, lanzado en 1911, revolucionó la forma en que se fabricaban y se consumían los automóviles. Introducir la producción en serie no solo hizo que los vehículos fueran accesibles para las masas, sino que también estableció un nuevo estándar en la manufactura industrial. Este endeudamiento a la eficiencia de la producción organizó las líneas de ensamblaje y transformó la industria en su totalidad. La producción en serie del Model T permitió a Ford establecerse no solo como una marca, sino como un ícono cultural estadounidense. Fue un testimonio de que la innovación no solo reside en crear un nuevo producto, sino también en cómo se producen y se ofrecen al consumidor.
La historia cuenta que la producción de este auto también generó cambios en la estructura interna de la compañía, como la creación de los primeros departamentos de color y diseño, establecer un sueldo mínimo para sus trabajadores y reducir la jornada laboral a ocho horas. Todo eso fue acompañado de una reducción de costos en la fabricación del icónico Modelo T, factor clave que le permitió una rápida expansión hacia la clase media. Por ejemplo, en 1908 su precio inicial era de 825 dólares, mientras que ya en 1925 había caído hasta los 260 dólares. Pero además, su fabricación significó la estandarización de la posición del volante, ya que hasta antes de este coche cada fabricante ubicaba al conductor en el lugar que quisiera.
Fue así como este vehículo sencillo, barato y fácil de reparar se convirtió en el primer auto masivo de la historia de Estados Unidos, alcanzando la increíble suma de 15 millones de unidades fabricadas hasta 1927.
El Ford T en Chile
Aunque han pasado más de 100 años desde su lanzamiento, este incombustible vehículo se rehúsa a desaparecer y de ahí que no es raro verlos en exhibiciones o incluso rodando por las calles de algunos países. En Chile no es la excepción y este modelo de 1911 sigue sorprendiendo a los fanáticos de las tuercas que no dudan en parar para apreciar de cerca una verdadera pieza histórica.
“El Ford T es lo más representantito de lo que es un auto antiguo, porque fue el primero en fabricarse en serie”, dice su dueño, Carlos Verdugo. El coche cuenta con un motor de 2.880 cc que es capaz de erogar una potencia de solo 20 caballos a 1.800 revoluciones por minuto. Su velocidad máxima, en tanto, ronda entre los 60 y 70 kilómetros por hora y equipa una transmisión de dos velocidades más una marcha atrás.
“Estos autos andan, pero aceleran poco. Estos autos doblan, pero no con mucha estabilidad. Estos paran, pero no frenan de golpe. Entonces hay que andar con mucho cuidado, viendo mucho el entorno y a la defensiva”, explica Verdugo. Carlos quedó encantado con el Ford T al punto de comprarse el suyo propio recién el año pasado. “Este es el único ‘T’ de 1911 que hay en Chile. Es el Ford más antiguo que hay en el país”, sostiene.De hecho, asegura que su “joyita” incluso “está dentro del top ten de los autos más antiguos de Chile”.
Expansión a Camionetas y la Serie F
Nueve años después de la revelación del Ford T, la marca creó un vehículo que permitía transportar objetos en la zona posterior. Usando como base la cabina y motor de su antecesor, el modelo TT salió al mercado en 1917, marcando la incursión de Ford en el segmento de camionetas, dando el puntapié para los modelos Ford que hoy lideran a escala global. En 1917 Ford comenzó a producir camiones y tractores, y dos años más tarde inició la construcción del complejo manufacturero de Rouge en Dearborn, Michigan. Para 1922, la corporación había adquirido la Lincoln Motor Company, y en 1925 construyó el primero de los 196 aeroplanos Ford Tri-Motor utilizados por las nacientes líneas aéreas comerciales de Norteamérica.
Ya en 1941 Ford había logrado vender más de 4 millones de camiones. Sin embargo, con el inicio de la Segunda Guerra Mundial las operaciones se detuvieron, aunque la experiencia ganada permaneció. A nueves años de la aparición del Model T, el automóvil que llegó a revolucionar la industria del automóvil, Ford decidió crear un vehículo que permitiera transportar objetos en la parte posterior. A diferencia del Model T, el Model TT era más largo y robusto, con un habitáculo en el que cabían un conductor y un pasajero. Al igual que el Model TT, su reemplazante, el Model AA, tenía capacidad para cargar 1,5 toneladas y estaba disponible en dos longitudes, con un nuevo motor y opciones del eje. Para seguir adelante en lo que se había convertido en un negocio muy competitivo, Ford reemplazó al Model AA en 1933 por el BB. Para 1941, Ford había acumulado más de 4 millones de camiones desde que incursionó en este segmento en 1917. Sin embargo, con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, las ventas bajaron y la producción fue suspendida hasta 1947. Después de la guerra, muchos estadounidenses de zonas rurales se trasladaron a centros urbanos y suburbanos en busca de trabajo, y muchos llevaron sus pick-up.
Ford vio esto como una oportunidad, y comenzó a trabajar en la próxima generación de camiones para 1948. Esta primera generación del F-Series cubría las Clases 2 al 7, desde la F-1 de media tonelada hasta la camioneta F-8 de cabina más grande. Con la llegada de la segunda generación en 1953, Ford aumentó la potencia del motor y la capacidad, y cambió la marca de la serie. De esta forma, el F-1 se convirtió en el F-100, mientras que los F-2 y F-3 fueron integrados en la nueva línea F-250, y el F-4 se convirtió en F-350. Desde ahí a la llegada de la sexta generación de la Serie F en 1975, Ford abandonó la popular F-100 para estrenar la camioneta F-150, de mayor capacidad y prestaciones. Eso no es casual.
Al día de hoy, el F-Series ha visto pasar 13 generaciones, las cuales han evolucionado para ofrecer cada vez mejor desempeño y comodidad. Tras más de 100 años desde el lanzamiento del modelo TT y con 14 generaciones de la Serie F producidas (la 14ª debutó en marzo en Chile y la probamos en mayo), la F-150 se convirtió en la pick-up más vendida del mundo, la más comercializada en Estados Unidos por 44 años consecutivos y líder en Chile en su categoría; integrando siempre elementos innovadores, ofreciendo mayor robustez, productividad y seguridad.
El Nacimiento del Mustang y el Bronco
Durante este proceso se comenzó a diseñar a fines de 1961 un vehículo pensando en las necesidades de una nueva generación de compradores jóvenes. El emblema del auto sería un “Wild Mustang”, es decir, un caballo salvaje que reflejaba el espíritu joven y rebelde que debía comenzar a proyectarse sobre la marca. Así, un 17 de abril de 1964, dentro de una década de gran efervescencia marcada por la rebeldía, nació el primer Mustang.
Hacia fines de 1961, Ford comenzó a diseñar un vehículo pensando en las necesidades de una nueva generación de compradores jóvenes. El emblema del auto sería un “Wild Mustang”, un caballo salvaje que reflejaba el espíritu joven y rebelde que comenzaba a proyectarse sobre la marca. Así fue como un 17 de abril de 1964, dentro de una década de gran efervescencia y marcada por la rebeldía de las nuevas generaciones, nació el primer Ford Mustang. Un modelo que se transformó al poco tiempo en un referente de los muscles cars americanos que coparon las cintas de Hollywood de las décadas del 60 y 70. No fue el único ‘equino’ de Ford que surgió por aquellos años.
A 16 meses de que la marca develó el Mustang, nació también el todoterreno Bronco (ver repaso de su historia). A diferencia de lo que hizo Ford con el citado Mustang, creando un nuevo segmento, el Bronco vino a ensuciarse las patas en el barro junto con otros dos fuertes competidores. Con su sello propio, al 4x4 más recordado de Ford no le tomó mucho tiempo para hacerse un espacio. Tanto así que la marca fabricó y vendió más de 1,1 millones de unidades Bronco hasta que acabó con su historia a mediados del 90.
Pero, no todo estaba dicho, porque en 2020 Ford presentó el renacido todoterreno Bronco, modelo que, coincidentemente, esta semana entró en producción para llegar al mercado como modelo 2022 (ver nota). El auténtico Bronco aún no pisa las calles, pero ya sumó 200 mil reservas.
Adaptación a Nuevas Tecnologías y Tendencias
A lo largo del siglo XX y XXI, Ford ha demostrado una notable capacidad de adaptación. Desde la entrada en el mundo de los automóviles deportivos con el lanzamiento del Mustang en 1964, hasta su enfoque en los camiones con la F-150, la compañía ha sabido mantener su esencia mientras se ajustaba a las demandas cambiantes del mercado. Estos modelos no solo han evolucionado en diseño, sino que también han incrementado su eficiencia, seguridad y conectividad. Este enfoque en la innovación ha permitido a Ford mantenerse a la vanguardia en la industria automotriz.
La Nueva Era de los Vehículos Eléctricos y Autónomos
El futuro de Ford promete ser igual de innovador. Con planes que abarcan desde vehículos eléctricos hasta la conducción autónoma proyectada para 2040, la compañía se coloca a la vanguardia de estos revolucionarios avances. Ford es parte activa del vuelco de la industria automotriz hacia la electromovilidad en consecuencia con el cuidado del medio ambiente que la humanidad exige. Este radical proyecto implica un presupuesto que para 2025 se incrementará a más de 30.000 millones de dólares.
Esto se traduce en un compromiso no solo con la innovación, sino también con un futuro más sostenible. La introducción de plataformas eléctricas y la inversión en tecnología de conducción autónoma son pasos significativos que reflejan cómo Ford busca redefinir la movilidad para las próximas generaciones. La transición hacia la electrificación no es solo una estrategia de marketing; es una necesidad estratégica para cumplir con las expectativas de los consumidores y las regulaciones medioambientales que se están implementando en diversos países.
En 2020 se inició la construcción del nuevo Centro de Vehículos Eléctricos Rouge en Dearborn, donde se construirá la recientemente develada F-150 Lightning, la versión eléctrica de la gran pick-up. La empresa se ha comprometido a reducir en un 40% su emisión de carbono durante los procesos de fabricación en todo el mundo mediante la mejora de la eficiencia energética y la conservación en. «Seremos líderes en el logro de la neutralidad de carbono porque es lo correcto para los clientes, el planeta y para Ford«, aseveró Bob Holycross, vicepresidente de Sustentabilidad, Medio Ambiente e Ingeniería de Seguridad de Ford. En el centro de ello se encuentra Blue Oval Intelligence, la plataforma de Ford basada en la nube que integrará los sistemas eléctricos, de distribución de energía, informáticos y de software en vehículos Ford y Lincoln conectados.
En esto se incluye una amplia gama de baterías de iones de litio (IonBoost); y de fosfato de hierro y litio (IonBoost Pro) para vehículos eléctricos, además de baterías de estado sólido de largo rango y bajo costo. El desarrollo de las baterías de estado sólido es producto de la ingeniería de Ford y del know-how de Solid Power, compañía en la que la marca automotriz tiene participación accionaria. Por otro lado, el compromiso en el mercado de los vehículos de pasajeros es que el 100% de su gama en dicha región sean capaces de producir cero emisiones para 2026.
Fordlandia: Un Experimento en la Selva Amazónica
En la Navidad de 1931, cuando la Gran Depresión asolaba el mundo, un prestigioso diario norteamericano daba con un ejemplo que parecía romper con las infaustas tonalidades de aquel período: "Fordlandia, una ciudad con todas las comodidades modernas, se ha creado en medio de un páramo que no ha visto nada más pretencioso que una choza con techo de paja. El agua, completamente filtrada, es suministrada bajo presión y la luz eléctrica ilumina las casas en una región donde este tipo de invenciones son una prueba de la magia del hombre blanco". Más aún, agregó otro semanario, "Henry Ford ha trasplantado gran parte de la civilización del siglo XX hasta el Amazonas".
El episodio corre por la mente del historiador estadounidense Greg Grandin, académico de la Universidad de Nueva York y experto en historia latinoamericana. Con Fordlandia. The rise and fall of Henry Ford's forgotten jungle city, construye un libro cuya ágil narrativa, que envuelve de cabo a rabo, transporta a los lindes de la ilusión y la leyenda. Narra la historia de uno de los experimentos más excéntricos del creador de los populares modelos de auto Ford T y A: la adquisición de 13 mil km2 de selva brasileña con el fin de instalar una plantación de caucho, el oro blanco que se requería para fabricar neumáticos.
Desde sus inicios en 1928, este asentamiento se pretendió como la encarnación de un ideal de progreso y civilización americanos en el Amazonas. Bajo la óptica de Ford, "el Amazonas ofrecía un nuevo comienzo en un lugar que imaginaba libre de la corrupción de sindicatos, políticos, judíos, abogados, militares y los banqueros de Nueva York, la oportunidad de unir no sólo la fábrica y el campo, sino también la industria y la comunidad en una unión que daría, además de una mayor eficiencia, la realización plena del ser humano".
Sin embargo, Fordlandia acabó en el ignominioso fracaso. Desde sus apocalípticos inicios -en que la quema de miles de árboles convirtió el lugar en un páramo de humo, cenizas y lodo-, hasta el abandono definitivo del soñado pueblito americano en 1945, todo fue a contrapelo. Un cóctel de enfermedades, violencia, rebeliones y plagas por doquier, acabaron por doblegar el ideal de redención del fordismo.
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