El creciente interés actual por la formación de las familias y hogares transnacionales ni es casual ni es producto únicamente de la migración femenina que busca trabajo en otros países. Tampoco responde a un único patrón migratorio: aquel caracterizado por la migración laboral del proveedor masculino de la familia. Las familias migrantes han existido en el pasado y existen en el presente, y su condición transnacional va más allá de la toma de conciencia de algunos/as investigadores/as respecto de las nuevas dinámicas y configuraciones familiares que la migración de hombres y mujeres desencadena en las familias, y en consecuencia, más allá de la lectura que en cierta forma imponen los paradigmas teóricos actuales.
La familia transnacional: ¿un concepto tautológico?
Aunque se conocen algunos elementos que definen la familia transnacional, la tesis que se sustenta en este trabajo refiere a la falta de claridad sobre lo transnacional en el ámbito familiar apuntando a que “familia transnacional” es un concepto cuya novedad refiere principalmente a su forma familiar, pero no tanto a su contenido, el cuál es similar a cualquier definición de familia. En relación con ello, la definición de familia con la que se compara es aquella donde la familia es entendida en este como un conjunto de relaciones interdependientes con fines de reproducción primaria en diversos ámbitos de relación individuo sociedad, tales como: socialización, seguridad, afectos, disciplinamiento, subsistencia material. Estas relaciones se organizan a través del manejo del espacio, del tiempo, del parentesco sanguíneo y/o político, el poder y la autoridad.
En ello juegan una serie de recursos materiales y simbólicos que operan sobre la base de distinciones dicotómicas a modo de ejes de desigualdad: hombre/mujer, menor/adulto, sanguíneo/ político, doméstico/público, producción/reproducción, naturaleza/cultura, razón/emoción, homosexual/heterosexual, etc. (Alberdi,1999; Jelin, 1998; Yanagisako, 1979). La “distancia/proximidad geográfica” sería una dicotomía de las muchas que se incluyen dentro de la definición de familia, sin embargo ¿por qué esta dicotomía le otorgar al concepto de “familia transnacional” un estatus diferente al de familia.
La definición más utilizada de familia transnacional es la acuñada por Bryceson y Vuorela la cual señala que la familia transnacional es “Aquella familia cuyos miembros viven una parte o la mayor parte del tiempo separados los unos de los otros y que son capaces de crear vínculos que permiten que sus miembros se sientan parte de una unidad y perciban su bienestar desde una dimensión colectiva, a pesar de la distancia física.” (2002: 2). Además, las autoras añaden que intentar localizarlas sería un error porque son relacionales por naturaleza.
Ante esta definición se podría pensar, por defecto, que hoy por hoy la mayoría de las familias migrantes son transnacionales en tanto se mantienen (de forma más o menos intensa) en relación y fomentan, en mayor o menor grado, estos vínculos con algunos de sus familiares en origen -o más países-, sean éstos aquellos que ocupan las posiciones de hijos/as, padres o tíos/as, por mencionar sólo algunas, pero ¿Qué es lo que realmente las mantiene como familia más allá de encontrarse en una situación de transnacionalidad o impactados por lo transnacional, es decir, la distancia geográfica?
El debate sobre la distancia y la proximidad geográfica
Si ponemos la mirada en la separación de los miembros de la familia como una de las partes fundamentales de casi toda definición de familia transnacional, encontramos que detrás del discurso sobre las familias migrantes existe un debate implícito sobre la relación entre distancia y proximidad geográfica, y mantenimiento de las relaciones familiares y de parentesco. Sin embargo, este debate no es nuevo, sino que ha sido abordado por Mason (1999), y algunos aspectos del mismo han sido aplicados a su vez al estudio de la migración y el cuidado (Baldassar 2007; 2008; Baldassar, Baldock y Wilding 2007).
Mason anuncia que la proximidad o la distancia geográfica es interpretada de formas distintas por las personas, es por ello que hay quienes no ven las relaciones de parentesco como significativas en sus vidas (distance-thinking), están aquellos que son capaces de tolerar y vivir en la distancia (reluctant distance thinking), y aquellos que no pueden vivir separados y demandan proximidad (local-thinking) (1999:170-171). Además, el mismo autor (Mason 1999) señala otros elementos en esta relación de distancia o proximidad en las relaciones familiares que aportan un cuadro más complejo, entre ellos: la legitimidad del propósito, el género, el ánimo de los parientes especialmente de los padres cuando estos existen, la necesidad de apoyo práctico, y también el acceso a los recursos y la clase social.
En efecto, no sólo la existencia de las NTICs, o la posibilidad de enviar remesas económicas explica lo que es la “familia transnacional”, es algo más complejo que aquello que se puede cuantificar, pues se relaciona con las prácticas y los significados atribuidos a cada uno de los géneros y parentescos de los miembros que conforman la familia, antes, durante y después de migrar. En definitiva, la familia transnacional tiene como núcleo central de su definición los mismos elementos que cualquier definición de familia, siendo esto lo que pretende desarrollar a continuación.
Es por ello, que en las etnografías que he realizado sobre familias vinculadas a la migración entre Bello (Colombia) y Elche (España); entre Madrid (España) y Pereira y Medellín (Colombia) así como también en el trabajo que actualmente realizo sobre las familias en Chile, el impacto de la proximidad o la distancia geográfica en el mantenimiento de las relaciones familiares la he asociado tanto con familias separadas geográficamente por las fronteras que impone el Estado-nación, como con aquellas que no lo están. En ambos casos, las motivaciones que llevan a las personas a mantener el vínculo entre ellos, son similares entre quienes se movilizan cruzando las fronteras nacionales como también entre quienes que no lo hacen.
Entonces ¿Qué incluye el concepto “familia transnacional” que suponga una novedad en relación con “familia”, más allá de la mera descripción de su morfología transnacional y de las prácticas transnacionales que se realizan para poder sobrellevar esta separación? ¿No son un tanto tautológicas las definiciones de familia transnacional al ser lo transnacional el elemento definidor de las mismas? ¿No es lo transnacional, entendido en este caso como separación geográfica, una práctica de las muchas que conformaría una definición sustantiva de familia?
Las enunciaciones existentes sobre “familia transnacional” ¿No deberían ir más allá de la superación de la distancia geográfica cómo su elemento constitutivo y definidor? En consecuencia, si queremos ir más lejos de lo evidente y tautológico, no tendríamos que preguntarnos ¿Qué novedad aporta “lo transnacional” con respecto a los significados de familia? ¿Aporta algo más que enfatizar la gestión de los vínculos desde la distancia?
Más allá de la distancia: el parentesco y el género en las familias transnacionales
El interés depositado en la distancia, desencadena cierta ceguera respecto de la indagación teórica (y aportes) sobre la familia transnacional, en tanto se prioriza la búsqueda bibliográfica en la literatura migratoria para explicar cómo las familias se mantienen en contacto. Esta literatura centrada, sobre todo, en la descripción de estas prácticas transnacionales, deja de lado aquellos trabajos que proceden, por ejemplo, de los estudios relacionados con familia y parentesco, los cuales, se focalizan en los significados atribuidos a las relaciones familiares y sus transformaciones y continuidades, o por ejemplo, también desconoce los trabajos centrados en las redes y el capital social.
En definitiva, un diagnóstico ya señalado por Le Gall cuando afirma que “La familia transnacional generalmente ha sido silenciada dentro de la literatura de la familia contemporánea” (2005:30), disfrazada de cierta novedad desde la literatura sobre transnacionalismo pero sobre todo, el resultado, en palabras de Rivas, Gonzálvez y Gómez de un diálogo infructuoso en tanto se da “un trabajo de engarce de marcado carácter unidireccional entre los conceptos propios de este campo con aquellos relacionados con los estudios sobre familia y parentesco, es decir, desde el campo de las migraciones hacia el campo de la familia, obviando la retroalimentación que se puede dar entre ambos” (2009:28).
Para contribuir a una mayor claridad sobre las familias transnacionales, en este trabajo se plantean cuatro momentos: En primer lugar, mostrar algunos de los antecedentes de la familia transnacional a la luz de las redes de parentesco, visibilizando aquellos aspectos relacionados con la institución familiar. En segundo lugar, examinar aquellos estudios sobre migración y familia que muestran la inclusión gradual del análisis del género y el parentesco en la migración entendidas ambas categorías como sistemas de desigualdad social inseparables, cuyas diferencias están sustentadas en la construcción social de los significados y prácticas atribuidos en tanto hombres y mujeres que, indiscutiblemente, ocupan posiciones de parentesco.
En tercer lugar, revelar cómo las obligaciones morales atribuidas al parentesco se sitúan en la tensión entre la biología y la elección. Y por último, indagar por aquellos aspectos relacionados con el parentesco que no han sido considerados en los análisis que refieren a hogares y familias transnacionales, (el trabajo de parentesco), y que son necesarias para ir más allá de la dicotomía “proximidad/distancia geográfica” desnaturalizando con ello el deseo de mantener el vínculo de la “maternidad transnacional” que se le presupone a las mujeres migrantes. Este recorrido aporta al propósito fundamental de este trabajo: avanzar en la reflexión de que lo “transnacional” con relación a la familia es, en cierta forma, una tautología.
Antecedentes de la familia transnacional y las relaciones de parentesco
Como antecedentes a esta temática existen una serie de trabajos que aportan claridad respecto a la formación de la condición de transnacionalidad en las familias migrantes, pero no tanto sobre aquello que la podría diferenciar de una familia entendida como tal. Dichos trabajos, contribuyen a mirar con cierta minuciosidad cómo se supera “lo transnacional en las familias”, es decir, la distancia. Aunque en algunos de ellos no se menciona la palabra transnacional, sino que se habla de “familias divididas” (Murray 1981), “familias binacionales” (Curry 1992) o “familias astronautas” (Man 1995; Pe-pua et al. 1998) estos trabajos se constituyen en los pioneros con relación a las familias migrantes. Sobre algunos de ellos, se realiza un ejercicio de esclarecimiento de los aspectos que en un pasado reciente propiciaron la conformación de este tipo de familias situadas en la distancia.
Asimismo, desde la historia, se puede ver cómo estas formas familiares se desencadenaron a partir de la migración laboral temporal en varias regiones del mundo (migrantes chi...
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