Caracas, la metrópolis de los cascarones vacíos, ofrece una experiencia fantasmagórica al recorrerla de noche, con largas avenidas sin alumbrado público flanqueadas por edificios oscuros. En medio de esta realidad, el acomodado barrio de Las Mercedes alberga un hotel de 1953 que aún se mantiene digno en su fachada de nueve pisos y cinco estrellas, aunque por dentro sea un hotel fantasma.
En estos días, he recorrido las múltiples capas de la crisis venezolana: los cuartelazos fracasados, la violencia en las calles, la hiperinflación y la falta de medicamentos.
Oficialmente, el boleto en el Metro de Caracas cuesta un bolívar, equivalente a 0,11 pesos chilenos, una cifra que nadie se molesta en pagar o cobrar. Los empleados no se presentan a trabajar, y los trenes corren tarde, mal y nunca. En Venezuela, se aplica al pie de la letra ese viejo chiste soviético: "El partido hace como que nos paga y nosotros hacemos como que trabajamos".
La hiperinflación está destruyendo a todos, y mientras los sueldos suben por la escalera, los precios lo hacen por el ascensor. El régimen de Maduro celebró el Día del Trabajador con el enésimo aumento del salario mínimo, que ahora llega a 40 mil bolívares, unos siete mil pesos chilenos sumando asignaciones.
En un supermercado estatizado, un paquete de 70 pañales cuesta 69.359 bolívares, y doce rollos de papel higiénico se venden por 82.041. Pese a todo, circulan algunos compradores. Al preguntar a un reponedor quién puede pagar tales precios, él señala una zona militar cercana a la base aérea La Carlota, indicando que las familias de los uniformados son los principales clientes.
El dinero no proviene de los sueldos militares, que son tan miserables como los de cualquiera. En la Venezuela actual, como en cualquier régimen castrense, el uniforme trae ciertos beneficios para quienes quieran aprovecharlos, desde tráfico de drogas y lavado de dinero en el generalato, hasta el más cotidiano desvío de provisiones al mercado negro.
En Caracas ya no se ven largas filas frente a los almacenes. Ahora, los productos básicos sí están disponibles en distintos barrios, en locales formales y en puestos callejeros. El sueldo mínimo alcanza para tres kilos de carne, o para dos cartones de huevos. Queso, jamón, pollo: todo está al alcance de quien pueda pagarlo.
Algunos lo logran gracias a las remesas en dólares que envían los más de tres millones de expatriados a sus familias. Los billetes y monedas de bolívares valen tan poco que casi no se ven; son apenas una presencia fantasmal cargada en tarjetas de débito. Los "bolívares soberanos" han perdido ocho ceros y aun así no valen nada. La progresión es de vértigo. Un dólar equivale a unos 6.000 bolívares soberanos (el precio cambia bruscamente cada día) o a 600.000.000.000 de viejos bolívares. La inflación anual llegó en febrero al 2.290.000%.
La mayoría de los venezolanos depende hoy de los CLAP, los Comités Locales de Abastecimiento y Producción, células chavistas que funcionan en cada barrio y que manejan las cajas de mercadería que quincenalmente se reparten a los vecinos inscritos. Harina, arroz, fideos, leche en polvo, azúcar, frijoles y aceite es el contenido de las cajas de cartón. "Este alimento lo entrega el gobierno revolucionario del Presidente Nicolás Maduro", gritaba la encargada del CLAP, mientras una docena de personas hacía la fila para firmar la planilla de racionamiento y recibir su caja.
La miseria es una forma de control político.
Precios de Productos Básicos en Venezuela (Bolívares)
| Producto | Precio (Bolívares) |
|---|---|
| Paquete de 70 pañales | 69.359 |
| 12 rollos de papel higiénico | 82.041 |
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