No fue fácil reconstruir o al menos indagar en la historia que tuvo este exitoso modelo, que conocimos en Chile entre 1980 y 1990. Recurrimos a nuestros archivos para hacer un breve recuento acerca de la historia de este sedán que en Chile llegamos a conocer en cuatro generaciones, entre 1976 a 1992.
Toyota a fines de la década de los ochenta e inicios de los noventa, se embarcó en un ambicioso plan de renovación de todo su portafolio de modelos, partiendo desde el compacto Corolla Tercel, Corolla, Corona, Célica, Hilux, Hiace y su buque insignia Cressida, que se comercializó escasamente en Chile.
Comparativa con el Renault 18
Este modelo, que en su época competía en Chile, con linajudos representantes del segmento D conformado por sedanes medianos como el Datsun Bluebird, Mazda 626 y Toyota Corolla 1.3/1.6 DX y Corona 2000.
Entre 1985 a 1990, el portafolio de productos de Renault en Chile consideraba todos los segmentos del mercado, partiendo por modelos de entrada como el R5 de 3 y 5 puertas, la clásica Renoleta 4S y el Renault 9 en versiones TL y GTS sedán. En la parte alta se ubicaba el 18 en variantes Berlina y Break.
Diseño Exterior del Renault 18
Su frente era bastante inclinado para la época, con una máscara de menor tamaño, cuya parte alta era del color de la carrocería del auto, delimitada por un listón cromada que separa la superficie pintada de la sucesión de siete lamas. El logo iba al centro, mientras que una pequeña plancha con leyenda «GTX», la encontramos al costado derecho de dicha pieza. Los señalizadores pasaron de ser de color naranja a blancos.
El paragolpes envolvente, era de resina plástica con dos listones paralelos que le daban más elegancia. De costado, apreciamos su clásica forma de auto familiar, con un detalle típico de los autos galos de ese tiempo, como lo era la antena de recepción de radio colocada al centro del parabrisas delantero. Los espejos, del tipo banderín, realizados en el mismo material de los parachoques, eran regulables eléctricamente.
Los marcos de las ventanas, pilar B y manillas de las puertas eran de color negro. Contaba con paddings laterales gruesos que protegían las puertas de golpes o rasguños ocasionados por topones menores provenientes de otros autos o puertas al dejarlo estacionado. El zócalo dispone de un listón cromado y es de color negro, protegiendo esa zona de piedrazos o gravilla cuando se circula por caminos accidentados.
El Renault 18 calzaba neumáticos 175/70 SR13 el sedán y la station 185/70 SR 13.
Por detrás, en el caso del 18 sedán, vemos que la línea de techo trazaba una suave caída hasta su portaequipajes que admitía 400 litros, mientras que el SW llegaba hasta los 430 litros. Una particularidad del sedán era su alerón trasero (que en Argentina lo bautizaron como «cola de pato»). Las luces traseras del sedán eran de forma semirectangular, las que combinaban luces de posición, freno, reflectantes (todas rojas), reversa (blanca) e intermitentes (naranjas).
Éstas flanqueaban un amplio espacio para la placa patente. En el caso del Break, se disponía de un amplio cristal posterior con su correspondiente desempañador y limpiaparabrisas, mientras que las luces adoptaban una posición vertical. Una placa que reza «Renault 18 GTX» resaltando en letras negras sobre fondo cepillado metalizado «II», que alude a la evolución del modelo.
El portamatrícula sigue siendo amplio, con un relieve plástico que alberga las luces de la patente.
En cuanto a sus dimensiones, el sedán llegaba a los 4.397mm de largo, 1.686mm de ancho y 1.420mm de alto. Su batalla alcanzaba los 2.441mm. El station aumentaba su longitud hasta los 4.490mm, mientras que su altura era de 1.468mm.
Interior del Renault 18
Interiormente, el Renault 18 destacaba por contar con un suntuoso interior, con asientos tapizados en textil de alta calidad, que luego en las versiones de despedida (TXE comercializadas en Chile entre 1989 y 1990) eran butacas revestidas en terciopelo que Renault denominaba pétalo. Respecto de las impresiones que tenían los pocos medios especializados que existían por aquellos años, las impresiones son dispares, tratándose de revistas especializadas como «Milautos» en Chile o «Parabrisas» en Argentina.
El tablero tenía la particularidad de contar con una visera antirreflectiva acolchada, que se extendía más alla del mero cuadro de instrumentos. A la izquierda del tablero estaba el pulsador del desempañador trasero, luego venía el cuadro instrumental, sumamente completo, partiendo por dos relojes análogicos centrales: velocímetro y tacómetro.
Las luces se encendian desde un dial ubicado al lado izquierdo del volante, mientras que la palanca de los intermitentes permitía hacer el cambio entre luces bajas y altas. Aquellos olvidadizos/as que las dejaban encendidas, su descuido era recordado por una alarma sonora. Al lado derecho estaba el pulsador del lavador del parabrisas trasero y el cierre centralizado de puertas.
Sin embargo la mayor sorpresa tecnológica del Renault 18 estaba en una pequeña pantalla de cristal líquidom, ubicada a un costado del botón de los intermitentes de emergencia, se trataba de un innovador minicomputador de ayuda al manejo, que se incorporó de serie en los acabados más altos de la gama, como equipamiento de serie a contar de 1987. El sistema de sonido lo conformaba una radio AM/FM estéreo, con sistema de búsqueda automática de emisoras, código antirrobo, visualización digital y reproductor de cassette autoreverse con 4 parlantes.
La versión Station disponía de un área portaequipajes alfombrada, con un cubreequipajes retráctil para proteger la carga de miradas indeseadas. Otro elemento de serie era su sistema de comando a distancia (electromagnético) para abrir o cerrar las puertas. Su equipamiento era particularmente completo, partiendo por su sistema de dirección servo asistida, alzavidrios eléctricos en las cuatro puertas, espejos eléctricos, guantera con llave y luz, limpiaparabrisas de tres velocidades, vidrios térmicos.
Motorización del Renault 18 GTX Serie II
Mecánicamente, el 18 GTX Serie II era propulsado por un motor bencinero dispuesto longitudinalmente, hecho en aluminio con cuatro cilindros en línea. Era el mismo que llevaba el Fuego. Su desplazamiento era de 1.995c.c., pudiendo entregar 103CV de potencia a 5.500 vueltas, mientras que su par alcanzaba los 159Nm a 3.000 vueltas. Iba acoplado a una caja manual de cinco relaciones, que transmitía la fuerza al eje delantero.
Toyota Cressida: Un Competidor de la Época
La primera generación del Toyota Cressida la conocimos en Chile en versiones sedán de cuatro puertas y station wagon, ambas propulsadas por un motor de 2 litros y caja manuales de cuatro marchas. Se reconocía por su frontal que buscaba emular un estilo británico. En algunos mercados se llegó incluso a ofrecer con un motor de seis cilindros. Fue una alternativa al Nissan Laurel/Máxima.
La segunda generación del Toyota Cressida, conocida internamente bajo el código MX-63, la tuvimos en Chile entre 1980 a 1985. Los modelos 83 a 85 presentaron un sutil facelift, que afectó principalmente sus ópticos delanteros, parachoques y máscara, además de adicionar frenos de discos en las cuatro ruedas. Sólo conocimos la variante berlina en dos niveles de equipamiento: DX y GL.
A contar de 1985/86 conocimos la tercera entrega del Toyota Cressida, que destacaba por sus líneas rectas y angulosas, además del empleo ventanillas con contornos muy delgados. Se ofreció en el formato sedán 2.4 GL y un escasísimo station wagon 2.4 XL, que tenía la particularidad de tener dos limpiaparabrisas traseros.
La cuarta generación del Toyota Cressida fue lanzada en 1988 como modelo de 1989, bajo el código de proyecto MX 83. La versión cuyas fotos ilustran esta nota corresponde a un ejemplar adquirido en diciembre de 1991. Recordemos que esta generación recibió un somero «facelift» que afectó a su máscara y el cambio del logo «Toyota» por el logo vigente hasta hoy: un círculo que simboliza el mundo con la «T» sobre él.
A nivel global, esta generación se comercializó en tres niveles de equipamientos: GLX, GL y XL, en tipologías sedán y station. Esta última no la conocimos en Chile. La gama de motores iba desde un motor con inyección electrónica de 1.988c.c.
Diseño Exterior del Toyota Cressida
Analizando sus líneas, podemos señalar con toda propiedad, que el Cressida luce clásico y refinado a la vez, comenzando por su generosos faros rectangulares decorados con sutiles listones cromados y seccionados en dos piezas (principales luces bajas y altas) y esquinas luces de posición y repetidores laterales de los intermitentes. Ambos ópticos flanqueaban una máscara cromada de cuatro lamas con el logo del fabricante al centro.
El parachoques del color de la carrocería, era guarnecido por una franja plástica con un listón cromado que envolvía todo su contorno. Lateralmente, vemos que su perfil iba en directa consonancia con el visto en otros sedanes de la marca de esos años, como Corolla y Corona, con un parabrisas generoso que se eleva suave y elegantemente de manera suave y redondeada. Lo mismo acontece en la caída hacia el maletero.
Encontramos que era adecuada la proporción entre superficie vidriada y aquella de acero, con contornos de puertas negros, envueltos, al igual que las ventanas por listones cromados. Las manillas de las puertas son cromadas. Los vidrios del Toyota Cressida de esa generación tenía la especial característica de estar levemente tinteados en un color café, lo que le daba más abolengo a su clásica silueta.
A la mitad de las puertas contaba con paddings laterales del mismo estilo de los presentes en su parachoques. Otro detalle es que el zócalo iba pintado negro, para protegerlo de manera adicional contra rayones y daños ocasionados por la corrosión. Obviamente contaba con cuatro guardafangos de color negro.
La parte trasera del Toyota Cressida, destaca por su generoso vidrio posteior, con aireadores de cabina en sus esquinas. Desde fuera el portaequipajes aparenta ser amplio, pero una vez que lo abrimos, no contaba con apertura a nivel del parachoques, como sí acontecía con el Corolla de esos años. Además el espacio disponible se veía seriamente reducido con la presencia del espacio del neumático de refacción al costado izquierdo. Totalmente alfombrado e iluminado.
Las luces traseras seguían el estilo de las delanteras en su forma, con luces combinadas que realzan su estilo distinguido. El modelo fotografiado, sin embargo no contaba con las letras «Toyota Cressida» cromadas del costado derecho de la tapa del portamaletas, pero si con el emblema toyota dorado al centro y la sigla GL del lado izquierdo.
Dimensiones del Toyota Cressida
Las dimensiones del Toyota Cressida, que por esos años competía con Mazda 929 y Nissan Laurel/Laurel Altima y Máxima, eran de respetables 4.690 mm de largo; 1.695 mm de ancho y 1.415 mm de alto. Su batalla alcanzaba los 2.680 mm. Su despeje era generoso: 165mm.
Interior del Toyota Cressida
Pero lo más interesante se da al abrir la puerta del conductor, donde inmediatamente nos damos cuenta que no estamos en presencia de un Toyota cualquiera: la presencia del tapizado de felpa es abismante en los asientos y revestimientos interNos de las puertas, de color café claro en la versión que ilustra esta crónica. Los asientos son bastante mullidos y se ajustan perfectamente a nuestro cuerpo. Los delanteros eran regulables longitudinalmente, reclinables y en altura.
La sensación de control es total, por cuanto todos los mandos están al alcance de la mano y son fácilmente reconocibles. El volante es de cuatro rayos con una palanca adicional, un tanto incómoda en su ubicación para regular la altura (personalmente prefiero la que tiene el Corolla de ese año). El comando para regular los espejos es una perilla situada al costado izquierdo del tablero, bajo la rejilla de ventilación.
El cuadro de instrumentos es simple y fácil de leer: temperatura de refrigerante del motor, tacómetro, indicador de la palanca selectora de cambios, velocímetro y nivel de combustible. Los testigos principales están en la zona baja. En la consola encontramos un reloj digital, a cuyo costado se ubicaban dos rejillas aireadoras. En otros mercados bajo lo anterior, las versiones GLX disponían de mandos elementales satélites del sistema de audio.
Inmediatamente debajo encontramos los comandos del sistema de climatización con cuatro palancas e interruptor de accionamiento del sistema de aire acondicionado manual. Desconozco que radio traía de fábrica o instalada «After Market», pero sospecho que pudo ser una Kenwood. (Este ejemplar tiene una Pioneer desmontable.). Entre ambos asientos delanteros se ubicaba un apoyabrazos con tapa, que da pie a una amplia caja con dos niveles: el primero desmontable plástico y otro más profundo, que podía emplearse para depositar las cintas o cassettes con las selecciones musicales favoritas de su dueño.
Atrás, también disponia de cómodas plazas (para esos años) con dos apoyacabezas integrados y un útil apoyabrazos traseros.
Motorización del Toyota Cressida
El motor 22R,representaba la tecnología superlativa de Toyota, destinada a otorgar un alto rendimiento, suavidad de marcha y fiabilidad a toda prueba. Le seguía el que conocimos por estos lares: el clásico 22R de 2.366 c.c. con cuatro cilindros en línea dispuesto longitudinalmente. Entrega una potencia de 80 kw a 4.800 vueltas, mientras que su par es de 186 Nm a 3.200 revoluciones, asociado a una suave y eficiente caja automática de 4 marchas.
Su combinación de un casco rígido y suspensión delantera McPherson y de horquillas oscilantes trasera, daba como resultado una estabilidad máxima para manejar con completa seguridad, gracias a sus eficientes frenos delanteros de discos, que ofrecen una gran resistencia a los cambios de intensidad.
Gama de Colores
La gama de colores se limitaba al gris plata metalizado, café metalizado, beige metalizado, burdeo metalizado y blanco.
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