La canción "Todo cambia" de Mercedes Sosa alcanzó popularidad continental gracias a la versión que realizó en 1984. Pero la canción fue grabada como solista en 1982 por Julio Numhauser, uno de los fundadores de Quilapayún en julio de 1965.
El concepto de cambio y la sociedad
Carlos Vergara relató que en un momento del taller pusieron la canción “Todo cambia” de Mercedes Sosa y “la recibieron muy bien, pudieron hacer un análisis de los cambios que se han dado en sus vidas, en la generación y en la sociedad.
Respecto al envejecimiento en nuestro país, Clément Colin hizo hincapié en los cambios que la sociedad en su conjunto -no solo el Estado- debe realizar para enfrentar de mejor manera esta realidad.
La canción y la experiencia de los adultos mayores
Estudiantes de la PUCV destacan que adultos mayores quieren seguir activos, viajar y ser escuchados. Carlos Vergara, Noelia Barraza y Consuelo González trabajaron con adultos mayores autovalentes, de hasta 90 años, que asisten a los Centros de Salud Familiar (Cesfam) de Quebrada Verde y Barón. Por medio de talleres pudieron conocer sobre sus anhelos e inquietudes. Al respecto, Noelia Barraza comentó que “está muy latente en el imaginario que al cumplir sesenta años se acaban tus proyectos de vida. Nos dimos cuenta que eso no es así, que todos tienen una proyección a futuro. Muchos relevan que en la adultez mayor se abre una oportunidad de quietud, de introspección; recién se dan cuenta de cuáles son sus hobbies, de que tienen tiempo para ellos porque en la vorágine del trabajo y el cuidado de la familia no se lo dieron.
Entre las mujeres que participaron en los talleres hay varias jubiladas y otras que se declararon dueñas de casa. Todas tienen energía para rato y por eso son emprendedoras, tienen planeado viajar y se preocupan mucho de su aspecto. “Muchas mujeres van en contra de la mirada hegemónica que establece que una persona mayor se debe ver y vestir de cierta forma.
Consuelo González advierte que “en su relato, las personas mayores dan cuenta de un constante aprendizaje, está la imagen de que son tercos o tienen una manera especial de ver la vida porque crecieron en otra época, pero en realidad cuando hablan de los jóvenes, destacan lo diversos que son, lo mucho que les gusta que sean más abiertos y cómo lo contrastan con la realidad que vivieron.
Al respecto, Carlos Vergara comentó que “eso desmitifica la idea de que las personas mayores no tienen condiciones de salud óptimas, que están enfermas, postradas o no escuchan.
“Es interesante y necesario trabajar sobre la vejez de forma general. Ahora es un eje prioritario de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) que financia las investigaciones académicas. En Chile hay que deconstruir las representaciones, imaginarios que se han ido construyendo en la sociedad. Pero los adultos mayores que participaron en este estudio demuestran todo lo contrario.
El Proceso de Reorganización Nacional
El golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 en Argentina no es una más de la serie de dictaduras militares que ocurrieron en la República Argentina desde 1930. Las características particulares de este período de gobierno militar entre 1976 y 1983 dejaron un saldo de horror en la memoria de un país que ya lleva varias décadas revisitando los hechos e intentando resolver el debate ideológico que aún continúa. Las consecuencias y las sombras que proyecta este período están vigentes día a día en la sociedad argentina. La búsqueda de una identidad como sociedad y como nación continúa a través de la ya extensa y aún no saldada discusión del significado y las secuelas de la dictadura.
Entre las estrategias represivas de la dictadura militar se encontraba la manipulación del lenguaje y de la opinión pública. En efecto, el régimen militar se caracterizó por su uso orwelliano del lenguaje en el que la construcción de un “enemigo” y una situación de “guerra” eran los principales ejes de un discurso que iba cambiando según fuera necesario para el alcance de sus fines. El blanco principal eran los jóvenes y su ideología.
“Proceso de Reorganización Nacional” implica un plan complejo. En primer lugar, la palabra “proceso” sugiere un planeamiento lento, organizado, en etapas, abarcando diferentes áreas. En segundo lugar, “reorganización” indica que hay un caos que es necesario reordenar, reformar, dar nueva forma. La idea de caos y desorden desestabiliza, lo que da lugar al régimen para que construya su discurso retórico sobre la idea mesiánica de reconstruir la nación. Es precisamente la tercera palabra, “nacional,” la que abarca la totalidad del país en dicho proceso.
Lejos de contener normativas, la censura presentaba una problemática compleja ya que la censura misma parecía ser aplicada de forma ambigua. La retórica oficial utilizaba metáforas y eufemismos que confundían más de lo que aclaraban.
Según Andrés Avellaneda, para analizar cómo una producción cultural es afectada por el discurso de censura no es suficiente analizar el discurso cultural y el discurso de censura; también es necesario analizar los mecanismos que incluyen o excluyen al productor de cultura, la organización específica del campo que da la palabra o la niega.
Antes del año 2000, entre los académicos que estudiaron el caso de la censura en Argentina se destacan Andrés Avellaneda y Reina Roffé (1985), quienes coinciden en que la falta de información era un elemento clave para el éxito de la operación censura. Esta falta de certeza y la ausencia de indicadores precisos, provocaba una represión confusa que llevaba a la autocensura y el terror paranoico de pensar que cualquier cosa podría ser considerada sospechosa o “subversiva.” Este miedo se vio alimentado por la confiscación de libros con ideas marxistas, la destrucción y quema de miles de libros y las continuas inspecciones a escuelas y bibliotecas públicas, lo que Sarlo identifica como “medidas ejemplares”.
Pero no solo los militares actuaron como censores. La acción de publicistas, bibliotecarios, libreros, editores y del público en general, todos ellos guiados por el miedo, apoyaron al régimen represivo. Había también organizaciones comunitarias e instituciones no gubernamentales que cooperaban con el régimen en lo que Roffé llama la “paracensura”.
Estas asociaciones participaban activamente en el control de los medios de comunicación y colaboraban en campañas masivas de publicidad que apoyaban el llamado Proceso de Reorganización Nacional.
El rock nacional como forma de resistencia
El rock nacional argentino existía desde los años 60 y ya presentaba particularidades locales. Curiosamente, floreció y se desarrolló con más fuerza gracias a la represión y censura del régimen militar. Los músicos de la época se encontraron frente a un adversario y objetivo común: librar batalla contra la censura. Se puede hablar del rock nacional antes y después de la dictadura, ya que los represores militares obtuvieron un efecto inesperado en su plan: en lugar de contenerlo y manipularlo, como era su intención, impulsaron el desarrollo del rock nacional como movimiento de resistencia.
Este resultado se vio aún más beneficiado cuando el General Galtieri durante la Guerra de Malvinas, el mismo día en que fue declarada, el 2 de abril de 1982, dispuso a través de un decreto la prohibición radiofónica y televisiva de música anglosajona o cantada en inglés. Esto implicó que los musicalizadores de todos los medios de comunicación tuviesen que recurrir a los discos de artistas nacionales para cubrir el espacio vacío. Y el rock no se reemplazaba con folklore o tango sin riesgo de perder audiencia, por lo tanto, había que buscar más rock. A partir de ese momento, el rock nacional cobró un protagonismo sin precedentes en el país y alcanzó un nivel de circulación social y artístico muy movilizador que no decayó con la caída del régimen.
En la primera etapa de la dictadura, la primera “guerra” de la que se hablaba era interna, contra la subversión: el enemigo era el “subversivo” y muchas veces el rockero por su aspecto hippie, que para los militares era sinónimo de marxista. Ya en la segunda etapa, la guerra se desplaza al ámbito externo con motivo del reclamo por la soberanía de las Islas Malvinas/Falklands. Esta vez el enemigo no estaba solamente en el campo de batalla, sino que era el ciudadano inglés, su lengua, su música. En una estrategia oportunista los jóvenes argentinos, incluso los rockeros que antes habían sido perseguidos, fueron convocados a colaborar con el régimen y a apoyar la guerra. A modo de respuesta, un grupo de productores de rock organizó el Festival de la Solidaridad Latinoamericana, donde, lejos de respaldar la aventura militar en el sur, los músicos presentes -e incluso los que se negaron a participar- manifestaron su claro repudio a la guerra. Algunos, como Charly García, hasta reivindicaron lo que consideraban valioso de los ingleses como artistas y otros, como Raúl Porchetto, nos recordaron que también ellos eran víctimas del gobierno de Margaret Thatcher, como se ejemplificará en breve.
Los vacíos en la literatura, la música, el teatro y la cultura, los claros y los silencios que se destacan, a menudo no hacen más que provocar el efecto contrario al buscado por los censores. Por lo tanto, el efecto inesperado por el régimen militar consistió en que se resaltaba exactamente aquello que se quería evitar. Por otro lado, la conspiración entre el autor y el lector ha creado muy buena literatura. Si el lector sabe que cierto texto ha sido publicado bajo censura es más fácil para el escritor escribir entre líneas y más viable que el lector decodifique el mensaje. Lo mismo ocurrió con el rock nacional: los músicos comenzaron a codificar sus mensajes disidentes en sus letras de tal manera que no era posible identificar claramente sus canciones como opositoras al régimen. Mientras tanto, la audiencia, consciente de tales limitaciones, intentaba descifrar los mensajes codificados disidentes en las canciones; y a la vez, en los conciertos, los jóvenes compartían un espacio comunitario donde disentir era una expresión solidaria.
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