Teatro Ford, Washington D.C.: Un Capítulo en la Historia de los Atentados Presidenciales en EE.UU.

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Los atentados, consumados o no, contra presidentes o candidatos a la presidencia de EE. UU. no son algo excepcional. La historia de este país va ligada casi desde sus inicios a la de los ataques a sus mandatarios, en mítines, en viajes oficiales e incluso en sus propias casas.

El atentado contra Donald Trump, cuando ofrecía un mitin en Butler (Pensilvania), ha sacudido una vez más a Estados Unidos. Las reacciones no se hicieron esperar: «Este tipo de violencia no debería tener cabida en nuestra sociedad», declararon apresuradamente los líderes políticos y figuras públicas de diversos ámbitos. Sin embargo, la historia de Estados Unidos sugiere justamente lo contrario. Los atentados contra presidentes y altos mandatarios han sido una constante en el devenir de este país, hasta tal punto que algún analista malintencionado podría llegar a afirmar que atentar contra los presidentes podría considerarse una suerte de macabra “tradición” en la potencia norteamericana.

El magnicidio más recordado, por su cercanía temporal, y porque se retransmitió por televisión, es el del presidente John F. Kennedy (1963). Ahora, el tiroteo a Donald Trump de este sábado se suma a una larga lista que detallamos a continuación:

Presidentes Asesinados

  • Abraham Lincoln: Asesinado el 14 de abril de 1865 por John Wilkes Booth, un actor y simpatizante confederado, mientras asistía a una obra de teatro en el Teatro Ford en Washington, D.C.
  • James A. Garfield: Asesinado el 2 de julio de 1881 por Charles J. Guiteau, un perturbado que se consideraba partidario de Garfield, en la Estación de Ferrocarril de Baltimore y Potomac en Washington, D.C. Garfield falleció el 19 de septiembre de 1881 debido a las heridas.
  • William McKinley: Asesinado el 6 de septiembre de 1901 por Leon Czolgosz, un anarquista, durante una visita al Templo de la Música en Buffalo, Nueva York. McKinley murió el 14 de septiembre de 1901 por las heridas.
  • John F. Kennedy: Asesinado el 22 de noviembre de 1963 por Lee Harvey Oswald, un exmarine estadounidense, en Dallas, Texas, mientras viajaba en un automóvil descapotable.

Presidentes que Sobrevivieron a los Atentados

  • Andrew Jackson: El 30 de enero de 1835, Richard Lawrence intentó dispararle fuera del Capitolio de los Estados Unidos, pero falló.
  • Theodore Roosevelt: El 14 de octubre de 1912, John Flammang Schrank le disparó en Milwaukee, Wisconsin, pero Roosevelt sobrevivió gracias a un discurso guardado en su bolsillo, que ralentizó la bala.
  • Franklin D. Roosevelt: El 15 de febrero de 1933, Giuseppe Zangara intentó asesinarlo en Miami, Florida, pero falló y mató al alcalde de Chicago, Anton Cermak.
  • Harry S. Truman: El 1 de noviembre de 1950, dos nacionalistas puertorriqueños intentaron asesinarlo en la Blair House en Washington, D.C., pero fallaron.
  • Gerald Ford: El 5 de septiembre de 1975, Lynette «Squeaky» Fromme, una seguidora de Charles Manson, intentó dispararle en Sacramento, California, pero falló. Menos de tres semanas después, el 22 de septiembre de 1975, Sara Jane Moore intentó dispararle en San Francisco, pero también falló.
  • Ronald Reagan: El 30 de marzo de 1981, John Hinckley Jr. intentó asesinarlo en Washington, D.C., pero Reagan pudo sobrevivir a las heridas de bala.

A continuación, detallamos los atentados más significativos, tanto los que concluyeron con magnicidios como los que no, seguidos de un análisis sobre las posibles causas de esta violencia política.

Relato de Algunos Atentados

PRESIDENTE ANDREW JACKSON (1835)

Un atentado fallido con dos pistolas

En un día frío y húmedo de enero de 1835, un pintor de casas desempleado llamado Richard Lawrence se escondió detrás de un pilar en la entrada de la Rotonda del Capitolio. Esperó la llegada de un visitante importante al Capitolio, el presidente Andrew Jackson, que asistía a un funeral del Congreso. Cuando el presidente se acercó, Lawrence dio un paso adelante, levantó una pistola Deringer de un solo tiro, apuntó con cuidado al corazón de Jackson y disparó. La cápsula explotó, el ruido y el humo llenaron el aire, pero la pólvora no logró encenderse. El anciano presidente tenía mala salud y se vio obligado a apoyarse en un colega y a utilizar un bastón, pero se mantuvo desafiante. Cuando Lawrence sacó una segunda pistola y apuntó nuevamente, Jackson cargó contra su agresor con un bastón en alto. Lawrence apretó el gatillo, pero volvió a fallar. Rápidamente, los transeúntes derribaron al posible asesino mientras se llevaban al presidente. Jackson se salvó del primer intento conocido de asesinar a un presidente de Estados Unidos.

PRESIDENTE ABRAHAM LINCOLN (1865)

Una conspiración detrás del magnicidio

El 14 de abril de 1865, mientras estaba en una obra en el teatro Ford en Washington, D.C., Abraham Lincoln recibió un disparo del actor John Wilkes Booth, simpatizante de la Confederación. El magnicidio fue parte de una conspiración más amplia para eliminar el gobierno del norte, en la cual también resultó gravemente herido el secretario de Estado William Seward. Lincoln murió al día siguiente.

PRESIDENTE JAMES A. GARFIELD (1881)

Doscientos días en el cargo

James Garfield fue elegido vigésimo presidente de los Estados Unidos en 1880. Su presidencia fue impactante, pero se truncó después de 200 días cuando fue asesinado. El 2 de julio de 1881, en una estación de ferrocarril de Washington, un abogado amargado que había buscado un puesto consular disparó contra el presidente. Herido de muerte, Garfield permaneció en la Casa Blanca durante semanas. Alexander Graham Bell, inventor del teléfono, intentó sin éxito encontrar la bala con un dispositivo eléctrico de equilibrio por inducción que él mismo había diseñado. El 6 de septiembre, Garfield fue llevado a la costa de Nueva Jersey. Durante unos días pareció recuperarse, pero el 19 de septiembre de 1881 murió a causa de una infección y una hemorragia interna.

PRESIDENTE WILLIAM MCKINLEY (1901)

Muerte a manos de un anarquista

Su segundo mandato tuvo un final trágico en septiembre de 1901. Estaba en la fila de recepción en la Exposición Panamericana de Buffalo cuando un anarquista trastornado le disparó dos veces. Murió ocho días después.

PRESIDENTE THEODORE ROOSEVELT (1912)

Un discurso tras un disparo a quemarropa

John Flammang Schrank intentó asesinar a Theodore Roosevelt el 14 de octubre de 1912 camino a un discurso en Milwaukee durante su campaña para recuperar la presidencia. Schrank siguió a Roosevelt, el candidato del Partido Progresista, en la gira de campaña presidencial de 1912. Vio su oportunidad el 14 de octubre, cuando Roosevelt salía del hotel Gilpatrick de Milwaukee y se preparaba para pronunciar un discurso. Justo antes de que Roosevelt subiera a un coche que esperaba, Schrank sacó un revólver Colt 38 y disparó a Theodore Roosevelt a quemarropa. Viendo que no estaba mortalmente herido, Roosevelt impidió que la multitud enfurecida atacara a Schrank y luego pronunció su discurso de una hora de duración, sorprendiendo a la audiencia en el Auditorio de Milwaukee cuando afirmó con calma: «No sé si entienden completamente que acabo de recibir un disparo, pero se necesita más que eso para matar a un alce toro». Mientras tanto, la policía local detuvo a Schrank.

PRESIDENTE FRANKLIN D. ROOSEVELT (1933)

Una mano que desvió cinco balas

El 15 de febrero de 1933, un asesino casi mata a Roosevelt. El ataque tuvo lugar en un mitin del presidente electo en el Bay Front Park de Miami. Después de hablar ante una multitud desde lo alto del asiento trasero de un coche abierto, se deslizó en su asiento. De repente, se escucharon disparos. Un albañil desempleado trastornado llamado Guiseppe Zangara disparó cinco balas al presidente desde corta distancia. Un transeúnte desvió su mano, pero Zangara hirió a cuatro personas y mató a tiros al alcalde de Chicago, Anton Cermak. Roosevelt rechazó a los agentes del Servicio Secreto que querían llevarlo a un lugar seguro. Hizo que colocaran a Cermak en su coche y lo consoló mientras corrían hacia un hospital.

PRESIDENTE HARRY TRUMAN (1950)

Intento de asesinato frente a la Casa Blanca

El 1 de noviembre de 1950, Oscar Collazo y Griselio Torresola intentaron atacar al presidente Truman, que entonces residía en Blair House, frente a la Casa Blanca. En el tiroteo que siguió, Leslie Coffelt, un policía de la Casa Blanca, y Torresola murieron, mientras que otros dos policías de la Casa Blanca y Collazo resultaron heridos. Collazo y Torresola eran nacionalistas puertorriqueños que se oponían al control de Puerto Rico por parte de Estados Unidos.

PRESIDENTE JOHN F. KENNEDY (1963)

Un asesinato lleno de teorías

El 22 de noviembre de 1963, poco después del mediodía, Kennedy recibió dos disparos, uno de ellos mortal en la cabeza, mientras circulaba en el coche presidencial por Dallas, apenas tres años después de alcanzar la presidencia de EE.UU. Las investigaciones oficiales concluyeron que Lee Harvey Oswald, un empleado de almacén, fue el asesino. El asesinato todavía es origen de un gran número de teorías conspirativas.

GOBERNADOR DE ALABAMA Y CANDIDATO A LA PRESIDENCIA GEORGE WALLACE (1972)

Una bala que le dejó paralizado

Arthur Bremer intentó asesinar al candidato presidencial demócrata estadounidense George Wallace tras un mitin el 15 de mayo de 1972 en Laurel, Maryland. Cuando terminó de hablar, Wallace estrechó la mano de algunos de los presentes, en contra del consejo de sus guardias del servicio secreto. Bremer aprovechó el momento para abrirse paso hacia adelante, apuntó su revólver 38 al abdomen de Wallace y abrió fuego. Una bala se alojó en su médula espinal y le dejó paralizado de cintura para abajo de por vida.

PRESIDENTE GERALD FORD (1975)

Dos intentos de asesinato en un mes

En septiembre de 1975, el presidente Gerald Ford sobrevivió a dos intentos de asesinato. El primero se produjo el 5 de septiembre, cuando Lynette Fromme, seguidora del líder de la secta Charles Manson, intentó disparar a Ford mientras caminaba por un parque de Sacramento, California, pero su arma falló y no se disparó. El 22 de septiembre, Sara Jane Moore, una mujer vinculada a grupos radicales de izquierda, le disparó cuando salía de un hotel de San Francisco, pero el tiro no alcanzó al presidente.

PRESIDENTE RONALD REAGAN (1981)

Herido por una bala de rebote

El 30 de marzo de 1981, el presidente Reagan salía del hotel Hilton de Washington, D.C., donde había estado hablando con 5.000 miembros de la AFL-CIO (Federación Estadounidense del Trabajo y Congreso de Organizaciones Industriales) cuando John Hinckley Jr. disparó su revólver calibre 22 contra el presidente y su equipo de seguridad. Reagan resultó herido cuando una de las balas rebotó en la limusina y lo alcanzó debajo de la axila izquierda. Durante el tiroteo también resultaron heridos el secretario de prensa James Brady, el agente del servicio secreto Timothy McCarthy y el policía Thomas Delahanty. Las heridas del presidente Reagan no se notaron hasta que empezó a toser sangre. Luego lo llevaron al Hospital de la Universidad George Washington. Después de doce días en el hospital, pudo regresar a la Casa Blanca.

PRESIDENTE BARACK OBAMA (2011)

Disparos contra la Casa Blanca

Oscar Ortega Hernández disparó un arma semiautomática a través de la ventanilla del copiloto de su coche, un Honda Accord, en la Avenida de la Constitución, frente a la Casa Blanca, el 11 de noviembre de 2011. El Servicio Secreto no llegó a temer por la seguridad del presidente y su esposa, que se encontraban en esos momentos en San Diego, en el estado de California, antes de partir para un viaje oficial a Asia.

La Violencia como Elemento Constituyente de la Conformación de los Estados Unidos

Desde su nacimiento, Estados Unidos ha estado marcado por la violencia. Este patrón se observa desde la Revolución Americana, pasando por la Guerra Civil, hasta la lucha por los derechos civiles de la población negra, descendiente de los esclavos llevados al país desde África e históricamente segregada y discriminada. La violencia ha sido un medio recurrente para resolver conflictos políticos y sociales en los Estados Unidos. Esta característica histórica y cultural podría ofrecer una explicación parcial del fenómeno de los atentados contra presidentes.

El historiador Howard Zinn, en su obra «La otra historia de los Estados Unidos», ofrece una visión crítica sobre cómo estas dinámicas moldearon la historia del país y la mentalidad de sus habitantes. El proceso de colonización de América del Norte estuvo marcado por la expropiación violenta de las tierras de los pueblos indígenas. Según Zinn, esta expansión fue impulsada por la lógica capitalista de acumulación de tierras y recursos. Los colonos europeos, respaldados por el Estado, utilizaron la fuerza para desplazar y exterminar a las poblaciones nativas, lo que permitió la expansión del territorio destinado a la agricultura y otras formas de explotación económica.

La posterior construcción mítica de la «conquista del Oeste», elaborada y exportada a todo el mundo a través de la industria de Hollywood, se convirtió también en una exaltación del prototipo de aventurero y emprendedor, «hecho a sí mismo», capaz de imponerse y prosperar si era necesario mediante el uso de la violencia. Aún hoy, estadounidenses de los más diversos signos políticos identifican el «espíritu de su nación» con este ímpetu conquistador de los colonos y de un ejército incipiente que hubo de cometer un genocidio contra los pueblos originarios para instalarse en las que habían sido sus tierras.

La guerra entre Estados Unidos y México (1846-1848) es otro ejemplo de esta expansión violenta. Estados Unidos, en su afán expansionista y bajo la doctrina del «Destino Manifiesto», anexó vastos territorios mexicanos (California, Nuevo México, Arizona, Texas, Nevada, Utah y partes de Colorado y Wyoming). Zinn argumenta que esta guerra fue impulsada por los intereses económicos y territoriales de la clase dominante estadounidense, que buscaba expandir su influencia y recursos.

Violencia Interna y Control de Clase: Capitalismo Salvaje y Conflicto Laboral

Durante el siglo XIX y principios del XX, la rápida industrialización y el capitalismo desregulado provocaron intensos conflictos laborales y por el control de la tierras. Terratenientes inmortalizados por el cine como Chisum, poderoso ganadero y empresario del Viejo Oeste, contaban con sus propias cuadrillas de hombres armados - «gunmen» - para imponerse tanto a sus rivales como a los pequeños propietarios que pudieran entrar en conflicto con sus intereses.

La expansión del ferrocarril transcontinental estuvo igualmente marcada por los conflictos y la violencia. La construcción del ferrocarril atravesó tierras habitadas por diversas tribus indígenas. El gobierno estadounidense, en connivencia con las empresas ferroviarias, desplazó a estas tribus mediante recurriendo a la intimidación y la fuerza militar. Muchos colonos propietarios de tierras se vieron igualmente afectados por el trazado del ferrocarril. Las compañías ferroviarias a menudo recurrieron a parecidas prácticas intimidatorias, incluyendo la compra forzada a precios ridículos o la manipulación de las leyes para permitir al gobierno expropiar tierras por el «bien público».

Los magnates industriales, por su parte, también utilizaron la violencia más cruda para reprimir a los trabajadores que demandaban mejores condiciones laborales. Las huelgas y protestas eran a menudo sofocadas por fuerzas armadas privadas y estatales, resultando en masacres como la de Haymarket (1886) y la de Ludlow (1914). El siglo XX vio la continuación de la violencia política en el contexto del movimiento por los derechos civiles. Activistas como Martin Luther King Jr. y Malcolm X fueron asesinados por su desafío al statu quo racista y capitalista. Estos asesinatos y la represión violenta de las protestas reflejaron la resistencia del sistema a cambios que podía amenazar los privilegios de la clase dominante.

La violencia, en suma, ha sido una herramienta constante para mantener y expandir el poder de las clases hegemónicas de los Estados Unidos, expropiar tierras, suprimir movimientos de resistencia y controlar a la clase trabajadora y ha dado lugar a otro tipo de violencia reactiva, a menudo caótica y ejercida entre miembros de las propias clases populares. En su obra, Howard Zinn ilumina estos aspectos mostrando cómo la violencia no es un accidente en la historia estadounidense, sino una característica estructural de su desarrollo capitalista.

Violencia Política y Asesinatos

En este contexto de conflicto de clases, la violencia política también se ha manifestado en intentos de asesinato y asesinatos de figuras prominentes. Los intentos de asesinato contra presidentes, cuando han sido cometidos por personajes aislados, podrían interpretarse como una expresión de la desesperación y la alienación de aquellos que se sienten excluidos del sistema o damnificados por los grupos de poder y, al mismo tiempo, están marcados por una mentalidad individualista, donde prima el recurso de “tomarse la justicia por mano propia” actuando contra otros individuos, identificados como la expresión del “enemigo”, antes que recurrir a la organización colectiva, reprimida con especial crudeza y criminalizada a lo largo de toda la Historia de Estados Unidos.

La tendencia a los magnicidios o intentos de magnicidio en Estados Unidos puede interpretarse, pues como una expresión más de la propia historia violenta del país, sus tensiones sociales y económicas, y una cultura de las armas que ha pervivido hasta la actualidad. Obviamente, no todos los atentados pueden ser explicados únicamente atendiendo a estos factores. Cada caso posee sus propias circunstancias y motivaciones únicas. Sin embargo, la prevalencia de la violencia política en la historia de Estados Unidos sugiere que estos elementos sí juegan un papel significativo en su carácter recurrente.

Esta hipótesis no excluye tampoco, por supuesto, la posibilidad de conspiraciones de diverso tipo tras algunos atentados, tal y como han defendido diversos investigadores en casos como el asesinato de John F. Kennedy.

Presidente Fecha del Atentado Estado Detalles
Andrew Jackson 30 de enero de 1835 Washington D.C. Intento de asesinato fallido.
Abraham Lincoln 14 de abril de 1865 Washington D.C. Asesinado en el Teatro Ford.
James A. Garfield 2 de julio de 1881 Washington D.C. Asesinado en una estación de tren.
William McKinley 6 de septiembre de 1901 Nueva York Asesinado durante una exposición.
Theodore Roosevelt 14 de octubre de 1912 Wisconsin Sobrevivió a un intento de asesinato.
Franklin D. Roosevelt 15 de febrero de 1933 Florida Sobrevivió a un intento de asesinato.
Harry S. Truman 1 de noviembre de 1950 Washington D.C. Sobrevivió a un intento de asesinato.
John F. Kennedy 22 de noviembre de 1963 Texas Asesinado en Dallas.
George Wallace 15 de mayo de 1972 Maryland Sobrevivió, pero quedó paralizado.
Gerald Ford Septiembre de 1975 California Sobrevivió a dos intentos de asesinato.
Ronald Reagan 30 de marzo de 1981 Washington D.C. Sobrevivió a un intento de asesinato.
Barack Obama 11 de noviembre de 2011 Washington D.C. Disparos contra la Casa Blanca.
Donald Trump 13 de julio Pensilvania Intento de asesinato

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