Existe una frase que define lo que es un vino ícono, y es que en la ley N°18.455 que regula la producción y venta de vinos en Chile no dice nada al respecto, es decir vino ícono es un término de marketing, muchas veces mal manoseado. Un ícono no nace ícono, se hace, quiere decir que por más que una bodega presente al mercado por primera vez un vino extremadamente caro como su ícono o súper ícono, entre los expertos en realidad no lo será hasta que no logre sumar un historial de calidad tras varias añadas, es decir no lo será hasta que no se gane el título.
La cata de vinos íconos que realizamos durante la Fiesta de la Vendimia de Santa Cruz, junto a Pilar Rodríguez en su Food&Wine Studio, prometía justamente eso, vinos del valle que con el andar de sus diversas cosechas se han ido haciendo un nombre. Partimos de menos a más, con los vinos más amables para ir subiendo en intensidad de fruta y fuerza estructural para el gran final. Avanzamos además de la cosecha 2012 a la más joven 2013. La primera, 2012, más cálida y seca, con vinos de mayor grado de alcohol y taninos muy suaves.
Ejemplos de Vinos Íconos Degustados
A continuación, se presentan algunos de los vinos degustados, destacando sus características y evolución a lo largo de las cosechas:
- Viu Manent El Incidente 2012 (91 % Carmenère +8% Malbec + 1 % Petit Verdot): El primer vino de la degustación fue de los dueños de casa, Viu Manent, y es que el Food&Wine está dentro de la misma propiedad de esta viña. Como buen Carmenère éste tiene aromas marcados a pimentón rojo, además de especies dulces, en boca esta la suavidad de la cepa junto con tensión y mucha fruta. Largo y profundo.
- Estampa La Cruz Carmeère 2012 (72% Carmenère+ 16% Syrah+12 % Petit Verdot): Recuerdo que este super Carmenère de Estampa nació como super precio sin convencer, era un hueso joven de los viñedos de Marchigüe, difícil de roer. Pero con el tiempo, calladito, se ha ido haciendo su espacio; con el tiempo se ve que han ido aprendido a doblarle la mano a la fuerza del tanino del secano de Colchagua, mientras comprendimos que necesitaba de la guarda en botella para que se armara y suavizara. Más viejo, mucho mejor.
- MontGras Ninquén 2012 (55% Cabernet Sauvignon +40% Syrah): Esta es la joyita mejor guardada de MontGras y para mi el mejor icono precio /calidad del valle. En este vino, que vinifica Santiago Margosini, se siente la fuerza del Cabernet, suavizada con la fruta más dulces y carnosa del Syrah, no es una mezcla nada usual, en esta categoría de precios, pero funcional fenomenal.
Neyén nació como un vino de Chateau, es decir como un hijo único de una bodega concentrada en calidad, y nació de parras viejas de la prestigiosa zona de Apalta. Su camino no ha sido fácil sin embargo; ha tenido mejores y peores añadas, reflejo del clima. Este 2012, vinificado por Rodrigo Soto, es uno de los mejores que he probado. Con fruta negra neta, madura, ciertos dejos especiados de Carmenère, y la fuerza del Cabernet.
Este es el gran Syrah de Ventisquero, de las laderas de Apalta. Para hacerlo trabajan de la mano Felipe Tosso, enólogo de la bodega, y el australiano experto en la cepa, John Duval. Hay en él mucha fruta negra en nariz y boca, junto con notas minerales que recuerdan al grafito. Nació de una locura de Aurelio Montes, la de plantar por primera vez Syrah en las empinadas laderas Apalta. Desde entonces es una leyenda que muestra el lado más potente del Syrah. Aquí hay fuerza, estructura y también marcada presencia de sus 18 meses en barricas nuevas de roble francés. Un Syrah grueso y muy largo en boca.
Este es el vino de Luis Allegretti que sacamos de la cata de novedades para medirlo con los íconos. Es la primera cosecha de Allegretti pero ya es un vino mítico por todo el cuento bien armado que hay a su alrededor. Esta segunda botella mostró las mismas notas de piel de cordero que la primera, y la misma fuerza y suavidad de taninos en bocas. De nuevo generó amor y odio, y de nuevo sacó aplausos por esa capacidad de marcar diferencias y un estilo propio.
Auma es el gran vino del nuevo proyecto de la familia Undurraga. Su nombre es en honor a Alfonso Undurraga Mackenna, el padre del clan que hoy lidera esta bodega con viñedos en Colchagua Andes. Guardado primero en barricas y luego en huevos este vino tiene una corta historia, apenas tres cosechas, pero ya ha logrado marcar un paso firme. 2011 es un gran tinto, de gran cuerpo y estructura, lleno de frutas negras y rica acidez, que aún necesita más tiempo en la botella para llegar a su máxima expresión.
El gran vino de viña Lapostolle, el único hecho por Michel Rolland en Chile, carga a cuestas el título de mejor del mundo, según ranking de la revista Wine Spectator con su cosecha 2005, lo que lo convierte en toda una leyenda. Si las lluvias durante el período de madurez de las uvas pudieron haber marcado problemas de concentración, la verdad es que frente a sus pares no se sienten. Aquí está Clos como siempre grande y profundo, con el Carmenère y sus notas especiadas de pimiento rojo y chocolate amargo en la nariz liderando el conjunto. Un gran Carmenère que aún tiene todo un mundo por evolucionar.
Indicaciones Adicionales de Chile
Si no conocen aún los detalles de las Indicaciones Adicionales de Chile, llamadas Andes, Entre Cordilleras y Costa, bien valdrá leer esta pequeña introducción. Supimos, alguna vez, que cuando se presentó este proyecto a Vinos de Chile para diferenciar los sectores que hoy son Andes, Entre Cordilleras y Costa, dentro de la zona vitivinícola comprendida en el gran Valle Central (desde Maipo hasta el Maule), que el objetivo era sacar del montón, de la cesta, solo lo excepcional; que eran, para los técnicos los sectores Andinos (en los pies de la cordillera) y los sectores Costeros (justamente cercanos al Océano Pacífico).
Los primeros, Andes, con mayor amplitud térmica entre día y noche y suelos rocosos, más pobres, ideales para la producción de los grandes tintos, como los grandes Cabernet del antes llamado Maipo Alto (ahora Maipo Andes). Los segundos, Costa, de clima frío, ideales para producción de cepas de períodos más cortos, especialmente blancas y Pinot Noir.
Ante la pregunta “¿qué será de nosotros si no estamos ni en Andes, ni en Costa? fue como habría surgido el tecnicismo Entre Cordilleras. Una indicación que personalmente nunca pensé ver usando en etiquetas como apellidos de las D.O. más amplias, para saber ubicación más precisa de un viñedo (el objetivo mismo de la Indicaciones Adicionales). Lo que siempre suelo mencionar, es que en ese Entre Cordilleras así como en Andes (que llega a veces demasiado lejos de los pies de los Andes), no podemos siempre generalizar. Por el contrario, debemos mirar y mirar, separar y separar, con lupa bajo el agua (o mejor dicho, bajo el suelo) para encontrar sus valiosas excepciones.
Hablamos del actual Carmenère Alto de Piedras 2021, mezcla 80 % Carmenère y 20 Cabernet Franc, nacido de un viñedo plantado en 1992. Un Carmenère de cuerpo medio, el que a pesar de sus suaves taninos, su gran concentración de fruta negra lo hace intenso y persistente. Otra joyita de Santa Inés es La Blanca 2022, un vino 100% Semillón de Isla de Maipo, nacido de un viñedo de 2010. Antes de 2019, sus uvas se destinaban a un delicioso blanco dulce, con botritis noble. Ahora seco, seco, este Semillón es uno de los primeros vinos de Santa Inés que soñaron los hermanos De Martino. Fermentado y guardado en barrica vieja por 18 meses, es un blanco de clima cálido, cierto, con gran volumen, pero a la vez deliciosa acidez. Muy sabroso y tenso, hace salivar y salivar. No podemos esperar a probarlo con al menos 6 años en botella.
Esta trilogía de Santa Inés se cierra con La Cancha Cabernet Sauvignon 2022. “Otro bebé mío y de mi hermano, nos dice Marco, porque detuvimos la máquina a punto de arrancarlo”. Un Cabernet tenso, de fruta neta, brillante, de rica acidez y muy largo. Se trata de un Cabernet clonal, un dato relevante en esta historia; ya veremos por qué. El vino seduce por lo neta de su fruta roja, además de ser muy sabroso y con jugoso final. El otro vino que dejó de existir de santa Inés, es el Familia Cabernet Sauvignon. Su última versión fue 2010, cosecha histórica. Lo probamos durante la presentación del catálogo de vinos de la Viña De Martino, junto con todos los demás. Como una muestra de lo que ya no será.
En la siguiente mesa, al final del recorrido que fue la presentación del catalogo De Martino 2024, estaban los dos nuevos hijos de Santa Inés, que en realidad es uno solo, pero que ya tiene dos versiones: 2020 y 2021 (precio $110.000). Como antesala supimos que el equipo ha estado trabajando los últimos diez años, buscando detectar los mejores viñedos de Santa Inés, para devolverle su valor, bajo la asesoría del chileno, radicado en Francia, Rodrigo Laytte. Laytte es consultor international en suelos, viticultura, enología y estrategia, además de haber sido director técnico de Chateau Margaux hasta el 2019.
Marco nos explicó que empezaron a separar y separar y manejar diferente viñedos, así apostaron a un lote de Cabernet antiguo, selección masal (no clones) de los años 90. Su primera vinificación por separado fue con la cálida cosecha 2020. “Una vez que lo probamos listo, dijimos: ¡vamos!» Claro, no era cualquier Cabernet. Por otro lado, destaca Marco, algo que hemos venido deduciendo de últimas conversaciones con enólogos. La alta radiación en los viñedos de Maipo Andes, se traduce en una más baja en lo que es Maipo Entre Cordilleras, al estar más bajo en relación al nivel del mar, y además, por su mayor cercanía con la costa, posee más brumas matutinas y más días nublados en primavera y verano.
“Este es un viñedo, además, destaca Marco, intermedio en vigor, que produce vinos más largos y fragantes, que anchos. Con más intensidad, que riqueza. Marco lo compara con el gran Chateau Margaux del Haut Medoc, reconocido como el más femenino de los Primer Cru de Burdeos. Viñedo Santa Inés en Isla de Maipo. Todo lo que nos describe - al pie de la letra- es mucho más notorio es la versión Cuvée 2021, un año más fresco, que 2020. Elaborados en fudres de 2.500 litros, Cuvée 2020 (año cálido) es mezcla 88 % de Cabernet Sauvignon, 9% de Malbec y 3% de Petit Verdot. Cuvée 2021, por el contrario, registró 249 mm de lluvias en su invierno y una primeva y verano con temperaturas más bajas en promedio: de 29.9°C en enero y 28.9°C en febrero. Cuvée 2021 es la versión delicada en nariz y boca, perfumada, con notas a grafito, y un tanino elegante y a la vez tenso. Es delicadeza en combinación con madurez óptima de fruta roja, que nunca antes había experimentado del Maipo, mucho menos con apenas dos años de vida. Para pellizcarme volví hasta la mesa de La Cancha ($22.000).
Sebastián y Marco de Martino además de apostar por Santa Inés, también se atrevieron a comprar un viñedo en Guarilhue, cuando apenas nacía su fama. También, plantaron viñedos en los pies del Volcán Villarrica (2.5 hectáreas, en un campo de 60); una apuesta de la que han tenido que ir aprendiéndolo todo, como buen terruño nuevo, y que en 2024 debería darle sus primeros vinos.
Como antesala a los vinos de Santa Inés, en esta oportunidad la presentación de De Martino en el restaurante La MESA, comenzó con las Viejas Tinajas, junto a Nicolás Pérez. El nuevo enólogo en jefe de la bodega destacó su preocupación por tener vinos más limpios, que evolucionen mejor con el paso del tiempo. “La idea, nos dijo, es que no pierdan la poca intervención, pero que sean sin desvíos”. Un cambio que dice ya les ha costado detractores. Nada inesperado.
Probamos Viejas Tinajas Blanco 2022 (Moscatel-Chasselas) y Tinto 2022 (Cinsault) más Las Olvidadas 2022 (País -San Francisco), este ligero en color, liviano en cuerpo, pero con garra. Le siguieron en fuerza, Las Cruces 2021, deliciosa mezcla de campo con Malbec y Carmenère del Cachapoal) y VIGNO 2022 (85 % Carignan de Sauzal y 15 % de Cinsault + Malbec + Cabernet+ Carmenère ) color rubí oscuro, lleno de fruta negra sabrosa, austero en dulzor, no en acidez ni volumen. Vibrante. Volviendo en circulo al tema de las Indicaciones Adicionales, Las Cruces y ViGNO también son vinos nacidos en Entre Cordilleras.
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