Mercedes Valdivieso y La Brecha: Un Análisis de la Primera Novela Feminista en Chile y América Latina

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La literatura escrita por mujeres en Latinoamérica venía desarrollando, a partir de los sesenta, un trabajo más expuesto y “profesionalizante” de la escritura.

Este es un periodo en el que aparecen una serie de escritores en diferentes publicaciones que, con el paso del tiempo, se convirtieron en los referentes de la literatura nacional.

En este punto hay que subrayar que las escritoras mostraron una intensa preocupación social y participación política, por lo que esta formación de una conciencia -subalterna, de clase, económica, de género, etcétera- es parte de un proyecto emancipador global en el que las escritoras participaron activamente.

El acceso de la mujer a la educación y al trabajo fuera de la casa, que venía gestándose desde los inicios del siglo XX, permiten la resignificación del espacio cultural e intelectual con la creciente inclusión de nuevas escritoras y periodistas más “profesionalizadas” que participaron activamente en el espacio público del debate nacional.

Se escribía preferentemente en revistas y editoriales independientes autofinanciadas, que luchaban contra los prejuicios de las publicaciones tradicionales. Es decir, como afirma Montero, “las normas sociales que definían que las lecturas sobre filosofía o política estaban dirigidas a hombres, y la ficción de lo doméstico a las mujeres”.

A partir de mediados del siglo XX en Chile ya existían nombres reconocidos en el ámbito literario y cultural, con escritoras como Marta Brunet, María Luisa Bombal, Flora Yáñez y María Carolina Geel, junto a la aparición de las escritoras del 50.

Sin embargo, las formas de exclusión, sobre todo desde la crítica, se centraron en la exposición de sus vidas personales, sus comportamientos morales, o focalizándolas en temas propiamente “femeninos”, a lo cual “ellas responden oscilando entre la autocensura y la destrucción de estos presupuestos masculinos”.

La Brecha (1961) de Mercedes Valdivieso

Bajo este escenario aparece La brecha (1961) de Mercedes Valdivieso.

Esta labor de Valdivieso abarcó toda su producción literaria y cultural, creando posteriormente variadas revistas y diarios en los que se destacaba la temática de corte feminista y emancipador con una visión del mundo más amplia que la visión genérica de la desigualdad entre los sexos, que elabora una crítica a las circunstancias materiales que determinan la vida individual.

La visión del mundo de Valdivieso se basa en sólidos principios teóricos, en un profundo sentido de la historia y una conciencia política.

En este sentido, ella representa un feminismo que se aleja conscientemente de los modelos europeos y norteamericanos, focalizando la crítica hacia la estratificación social y de clase de las sociedades latinoamericanas.

En una entrevista para de la revista Ercilla, la autora afirma que la misión del escritor en la actualidad es “Denunciar los males de nuestra realidad social, que está en profunda crisis, y abrir nuevos caminos”.

Desde su lugar de enunciación, Valdivieso se suma a lo que se ha denominado la “fracción crítica” de intelectuales progresistas que se sumaron a una producción literaria estético-ideológica compatible con los nuevos valores que se promovían.

Esta predisposición de los escritores por asumir una responsabilidad política -como afirma Valdivieso en la entrevista- ya aparece en un congreso de escritores realizado en Chile en 1960, un año antes de la publicación de La brecha.

Debido a las características de la época, y sobre su compromiso político e ideológico, es que observamos en esta primera novela un análisis desapasionado, casi sintético, de la sociedad inspirada en los debates teóricos y sociales de la izquierda de los sesenta/setenta.

Utilizando su modelo, es capaz de centrarse en la dinámica del cambio social.

Así, en su modelo de pensamiento no hay lugar para abstracciones, las generalizaciones ni recursos intimistas muy propios de las escritoras “femeninas”.

Por ello es una obligación revisar los códigos culturales como una práctica para determinar los temas, las restricciones, censuras y exposiciones que abren las posibilidades de relaciones semióticas e histórico-sociales y sus repercusiones.

Recepción crítica y legado de La Brecha

Con estos antecedentes, podemos comprender las respuestas a la aparición de La brecha en el campo literario chileno en 1961 y, posteriormente, con su reedición en 1991.

Su primera publicación fue equivalente a lo que hoy llamaríamos un best seller, con cinco ediciones consecutivas en un año.

Su fuerte exposición significó diversas posturas de la crítica, desde aquellos que afirmaron que se trataba de una “escritura con sabiduría [...]. Sus primeros cuatro capítulos, agilísimos, de ritmo cinematográfico, lleno de frases sugerentes y exactas, aprisionan hechos y personajes en una síntesis que envidiaría un escritor experimentado y maduro”, hasta opiniones como la del Diario Ilustrado, cuyo artículo titulado “Proceso a la morbosidad” afirmaba: “La venta de libros (morbosos) no disminuye: aumenta.

Y los escriben, hecho sugerente, mujeres, mujeres que antes no habían hecho aparición alguna en el mundo literario, que mantenían discreto y dibujado silencio.

Pero que ahora emergen para contar dramas conyugales, para hablar de ‘brechas’ y liberaciones, de culpabilidades secretas y secretos de alcoba”, nos dice en forma indirecta, sin siquiera nombra la novela.

La recepción de la reedición treinta años después no difiere mucho y, como si el tiempo se hubiese detenido, Carlos Iturra afirma: “La (des)ventaja de -así lo escribiría un crítico amigo- de leer esa protesta de este libro, se encuentra en que la sintetiza y la esquematiza.

He aquí la situación de una mujer que, por desgracia, no ama a su marido.

Como ya ha analizado previamente la crítica, el abandono de las cuatro paredes domésticas aún denotaba un paso liberador para la protagonista de La brecha, que realiza un agudo examen crítico a la institución familiar.

La mujer-personaje anónima del relato declaraba, luego de su decisión de dejar el hogar conyugal: “Empezaba a ensancharse la retina como si me quitaran vendajes de mucho tiempo sobre los párpados. El sol era más amarillo y brillante”.

Con esta afirmación de la protagonista, podemos plantear que La brecha es un relato ficcional político que intenta formar una conciencia libertaria en dos sentidos: una conciencia feminista, que se despliega en la primera mitad de la novela; y una conciencia de clase, presente en la segunda parte.

El proceso de formación o Bildungsroman de la protagonista surge cuando la integración armoniosa con su mundo se resquebraja.

En la primer parte de la novela, la protagonista -que recordemos, no tiene nombre porque “podría ser cualquier mujer de nuestra generación”- la sujeto del enunciado ya tiene una postura política frente al problema de la mujer y la institución, de ahí su crítica aguda al matrimonio entendido como una transacción comercial para elevar la posición familiar.

Inicia su relato comprendiendo que su vida es parte de ese brutal mecanismo económico en el que la virginidad, la docilidad, la tradición y la obediencia son características que realzan el valor de las mujeres como objetos de intercambio.

Para Julieta Kirkwood, la perspectiva feminista no se reduce a la participación de las mujeres en la política, sindicatos o gremios, sino de “captar su más profundo significado de constatación frente a un orden tradicionalmente discriminatorio hacia las mujeres”.

El primer paso, por lo tanto, es desacralizar el análisis de lo femenino. el matrimonio es un acuerdo económico, un pacto de seguridad.

Asimismo, la comprensión del espacio privado/doméstico es fundamental para “entender la decisiva división entre las esferas pública y privada, entre la esfera de la polis y la de la familia y, finalmente, entre actividades relacionadas con un mundo común y las relativas a la conservación de la vida, diferencia sobre la que se basaba el antiguo pensamiento político como algo evidente y axiomático”.

Además, como ya se ha analizado minuciosamente por la crítica feminista, en la caracterización de estas esferas existe “una invariante estructural que articula las sociedades jerarquizando los espacios: el espacio que se adjudica al hombre y el que se adjudica a la mujer”.

Por ello, el motivo del encierro y la prisión son fundamentales en las escritoras de esta época.

En la primera parte de nuestra novela, el tema del aislamiento está representado por el domicilio conyugal.

La joven esposa pronto se siente prisionera de las innumerables prescripciones establecidas por la costumbre.

En muchos aspectos, su situación en cuanto a la libertad personal ha empeorado desde sus días de soltera.

El resultado de esta represión sentida es la aparición de un estado depresivo que acompaña a la heroína durante la mayor parte de su vida de casada.

Esta sensación empeora con el primer embarazo inesperado y no deseado, cuestionando, de este modo, la identidad ontológica maternal de las mujeres cuando no se trata de una elección personal.

En La brecha, la intención es clara y directa desde el principio.

Por ello, la crítica a la institución del matrimonio conlleva un desenmascaramiento de los símbolos religiosos para desmitificar el aspecto religioso de la existencia humana.

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