María Mercedes: Resumen del Capítulo 6

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El contenido del libro nos hace interpelarnos sobre las distintas acciones que desarrollamos los seres humanos con el objetivo de deconstruir las ideas previas que tenemos sobre la educación formal y la educación informal.

Teniendo en cuenta la idea esencial de todo el libro, la educación popular, los compiladores recogen una multiplicidad de ponencias que se desarrollaron en dos jornadas académicas.

Considero que es sustancial tener en cuenta la voz de los distintos actores sociales ya que son los mismos que viven cotidianamente con las problemáticas que pone enfrente el neoliberalismo.

Los compiladores nos brindan algunas posibles pistas para seguir generando procesos emancipatorios.

Entre ellas, destacan como necesario “la formación de sujetos políticos” (pág.13).

Pienso que el libro es un aporte muy interesante para comprender que la educación se puede ejercer en distintos sitios, entendiendo que la escuela no es sinónimo de enseñanza.

Esta idea nos permite problematizar sobre los muy variados lugares donde se puede desarrollar las prácticas educativas.

Un claro ejemplo puede ser el aprendizaje que obtenemos en el barrio, en un club deportivo, en la calle o en una reunión con amigos.

De igual forma, el texto identifica la necesidad de incorporar en las agendas universitarias acciones concretas para la construcción de una universidad que tenga en cuenta los múltiples saberes que existen en la sociedad, que sea un lugar de construcción de nuevos conocimientos, que cree puentes de intercambio con la sociedad civil, que sea generadora de caminos hacia la emancipación, que permitan profundizar la democracia y que implemente mecanismos para desarrollar la participación ciudadana en pos del bienestar social.

Por lo tanto, estos aportes no son finales.

Por ello, es importante reivindicar la realización de más jornadas académicas que pongan en discusión, en tensión, en debate, las múltiples problemáticas sociales para ser abordadas.

En este artículo nos focalizaremos en Mercedes Santa Cruz y Montalvo, nacida en La Habana en 1789 y conocida como la Condesa de Merlin por su matrimonio con el conde Merlin y su larga residencia en Francia a partir de1812.

Históricamente excluida del canon nacional cubano por ser mujer y por haber vivido la mayor parte de su vida fuera de Cuba, la vida y obra de la Condesa de Merlin han recibido mayor atención de la crítica literaria en los últimos años.

Entre estos estudios, cabe destacar la investigación de Adriana Méndez Rodenas (1998), la monografía de Susanna Regazzoni (2013), la reciente biografía de Alina García-Lapuerta (2014) y los artículos de Sylvia Molloy, Luisa Campuzano y Claire Martin, entre otros1.

Aquí nos interesa concentrarnos en dos obras de la Condesa de Merlin, en las cuales aborda principalmente el tema de la esclavitud: su primera publicación autobiográfica Mes douze premières années (1831) [Mis doce primeros años (1838)] y el folletín-ensayo Les esclaves dans les colonies espagnoles (1841) [Los esclavos en las colonias españolas (1841)].

En ambos casos, se trata de textos escritos en francés por la autora y luego traducidos al castellano para ser difundidos en el mercado literario español y cubano.

Junto con otras escritoras decimonónicas provenientes del Caribe que escribieron sobre la esclavitud y su abolición, tales como Mary Prince y Gertrudis Gómez de Avellaneda, la Condesa de Merlin se apoderó de la palabra escrita para posicionarse en una esfera pública predominantemente masculina y participar en forma explícita en los debates públicos de su época.

Esto es particularmente evidente en La Havane, texto en el cual la Condesa de Merlin analiza, estudia y ofrece propuestas sobre la política, la economía, la sociedad y la esclavitud cubanas.

Según José Luis Prieto Benavent, La Havane es “posiblemente el primer libro de sociología política cubano, en el que aparece claramente el proyecto de construcción de una nación, un libro que contiene una crítica feroz a la administración judicial y económica colonial y que se plantea la necesidad de reformarla para salvaguardar la prosperidad de la isla” (92-93).

Más adelante Prieto Benavent añade que Merlin, junto con el vocero de la sacarocracia cubana Francisco Arango y Parreño, “fueron los primeros escritores que asumieron seriamente el papel de analistas de la realidad política” (93).

En este sentido, Merlin se destaca por su capacidad de posicionarse como académica e investigadora social y política en un período marcado por la exclusión sistemática de las mujeres en las universidades y centros de transmisión del saber occidental.

Más aún, la consolidación de Merlin como una de las salonnières más respetadas de París da cuenta de la inserción de una mujer de origen caribeño en el centro de la esfera pública letrada europea visualizada por Jürgen Habermas2.

Según la historiadora feminista Dena Goodman, los salones franceses y las mujeres que los lideraban -las salonnières- constituían el centro social y discursivo de la Ilustración francesa y, por ello, un aspecto clave en el desarrollo de la esfera pública europea.

Las tertulias organizadas por mujeres como Merlin y su madre, Teresa Montalvo, servían como un espacio estructurado y fijo para el intercambio de ideas, libros, cartas y noticias, convirtiéndose en el punto neurálgico para la difusión del conocimiento e información que formaba la base de la Ilustración.

Las investigaciones de Goodman, asimismo, dan cuenta del vínculo directo entre los salones y las redes de publicación, en cuanto el encuentro entre intelectuales, escritores, periodistas y editores servía para fomentar la creciente cultura impresa.

El prolífico historial de publicaciones, traducciones y reediciones de Merlin, sumado al hecho de que se convirtió en una de las salonnières parisienses más destacadas de principios del siglo XIX, dan cuenta no solo de su capital social y cultural sino también de su profunda inserción en la intelectualidad europea.

Pero si la Condesa de Merlin logró poner en jaque el monopolio masculino de la esfera pública decimonónica al apoderarse de la palabra escrita y opinar sobre asuntos de índole política, también es importante notar que su escritura reproduce y re-afirma muchas de las jerarquías raciales y culturales empleadas por el colonialismo europeo para subyugar y alienar al otro, es decir, a la población no blanca colonizada.

Esto es particularmente evidente en la contradicción discursiva que se genera entre Mis doce primeros años y Los esclavos en las colonias españolas, en cuanto los tropos de la libertad femenina y la rebelión contra la opresión desplegados en el primer texto entran en tensión con la posición proesclavista y antiemancipación que ella toma en el segundo.

En el caso del primer texto, Mis doce primeros años, Merlin escribe desde una perspectiva autobiográfica, asumiendo la voz personal conceptualizada por Susan Lanser, para recrear su infancia y niñez en Cuba y su posterior desplazamiento a España.

De esta forma, circunscribe su autoría al “discurso del yo”, limitando el alcance de su obra a asuntos de índole personal (Martin).

Al mismo tiempo, su autobiografía se lee como un manifiesto político contra la opresión de la mujer, dramatizado no solo en la actitud rebelde de la protagonista que hace valer su voluntad, sino también en su fuga del convento.

Más aún, Merlin utiliza su crianza en el seno de una familia cubana esclavista para expresar su repudio público a cualquier forma de opresión, incluyendo la esclavitud humana.

En este sentido, es una obra caracterizada por la sentimentalidad y cierto grado de simpatía hacia los esclavos, configurada en torno a una serie de relatos en los cuales la joven protagonista intercede a favor de los esclavos que trabajan en el ingenio de su padre (Martin; Molloy).

En la segunda obra, Los esclavos en las colonias españolas, publicada diez años más tarde cuando Merlin ya poseía cierto reconocimiento literario en Europa y Cuba, la autora optó por una posición autoral diametralmente diferente.

Apropiándose del género ensayístico tradicionalmente masculino, asume una voz autoral para convertirse en una investigadora cuya perspectiva “objetiva” le otorga mayor peso al momento de plantear sus argumentos sobre la situación de la esclavitud en Cuba.

Según Martin, se trata de una posición distante, impersonal y poco (o nada) sentimental hacia los esclavos, respaldada en las teorías proesclavistas que le permiten abogar a favor de los intereses económicos de los hacendados.

En este sentido, entonces, Merlin renuncia a su papel anterior como mediadora entre esclavos y amos, para posicionarse en el seno de la esfera pública dominante y contrarrestar los argumentos abolicionistas que ponían en jaque los intereses económicos de la clase plantadora.

Este giro en la obra de la Condesa -un giro autoral, que además coincide con un cambio en la toma de posición en la autora- será el tema principal que buscamos explorar aquí.

Como ya hemos anotado, Mis doce primeros años es la primera autobiografía de Merlin, publicada como Mes douze premières années en 1831 y traducida al español en 1838 por el cubano Agustín de Palma.

El contexto de producción de su primera obra corresponde a un período en el cual la Condesa ya había consolidado su papel como salonnière en la alta sociedad parisiense, siguiendo el ejemplo de su madre, quien era reconocida por sus tertulias dentro de la élite madrileña.

La decisión de la Condesa de focalizarse en su pasado caribeño -a diferencia de sus coetáneos franceses que preferían escribir sobre la sociedad alta del presente- indica el conocimiento de la Condesa del habitus francés, pues tenía claro que lo “exótico” de su infancia cubana sería de gran interés para el público lector parisiense (Bourdieu; García-Lapuerta)3.

Publicado en forma privada y anónima (aunque se sabía quién era la autora), el primer volumen se agotó rápidamente entre los integrantes de su círculo social e incluso llegó a circular en Cuba entre la élite intelectual (García-Lapuerta187-188), quienes publicaron una reseña favorable en la Revista Bimestre de la Isla de Cuba, destacando sobre todo el acento cubano de la obra: “El dulce sentimiento de cariño á la tierra patria, que respira esta obrita, y que nosotros consideramos como el primero y el más puro de los afectos del alma, (…) fuera ya de por si recomendación suficiente para que fijásemos la atención en ella”4 (“Artículo 7°” 346).

Por ser la primera propuesta literaria de la Condesa, su recepción por parte de los críticos es cálida y alentadora; destacan no solo su capacidad de capturar “lo cubano”, sino también los aspectos más “femeninos” de su “obrita”: su ternura, melancolía y los sentimientos del alma.

Aunque no hemos podido verificar si la Condesa de Merlin recibió algún ingreso monetario por la venta de Mes douze premières années, su publicación marca el inicio de una etapa en que comenzaba a visualizar la escritura como un oficio profesional para generar ingresos adicionales y suplementar los precarios ingresos militares de su marido, además de los costos elevados asociados a la mantención de su salón.

La profesionalización de la carrera literaria de la Condesa de Merlin es aún más evidente en la producción de su segunda obra, Souvenirs et mémoires de madame la Comtesse Merlin. Souvenirs d’une Créole, publicada en cuatro volúmenes en 1836.

Según el análisis de García-Lapuerta, la correspondencia epistolar de la Condesa da cuenta no solo del interés de ganar dinero mediante la publicación de su segundo tomo de memorias, sino también de sus esfuerzos por promover la lectura y la venta del libro entre el público lector francés5.

Tal como el título indica, Mis doce primeros años reconstruye los primeros años de vida de su autora, trazando su nacimiento en La Habana, la partida de sus padres a Europa, su crianza con la bisabuela, el retorno de su padre a Cuba, su encierro en un convento y posterior fuga y, finalmente, su re- encuentro con su madre en España.

Desde las primeras páginas, es interesante notar cómo la autora va construyendo una genealogía de mujeres que de algún modo le permite compensar la experiencia del abandono materno.

Abre el texto dirigiéndose a la figura de una mujer (a su tía Leonor) y ubica las primeras escenas del relato en el seno de la casa matriarcal de su bisabuela Mamita, donde la au...

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