El peronismo y su impacto en la prensa de Santiago del Estero: Un análisis del diario El Liberal (1945-1946)

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El presente artículo explora los efectos del peronismo en actores de poder dentro de un contexto provincial específico, enfocándose en el período anterior y durante su ascenso al poder (1945-1946). Contrario a la visión historiográfica que asume un apoyo unánime de las élites al peronismo, este trabajo argumenta que dicho apoyo no fue homogéneo. Para desarrollar este argumento, se analizará el caso del principal actor comunicacional de la provincia de Santiago del Estero: el diario El Liberal.

El análisis permitirá demostrar cómo la llegada del peronismo a un contexto provincial significó una ruptura en términos relativos, en torno a ciertos consensos y relaciones de dominio preexistentes. La principal hipótesis que orienta el trabajo es que lo amenazante del partido laborista para un sector de poder como la prensa era la constitución de un sujeto político que tiene lugar con la llegada del nuevo movimiento.

El peronismo en la historiografía y los estudios regionales

Uno de los elementos explicativos centrales en los estudios sobre los orígenes del primer peronismo ha sido la atención que recibió la movilización obrera del 17 de octubre de 1945, que marcó su emergencia y consolidación en el poder a lo largo de la década del cuarenta- cincuenta. Ahora bien, en gran medida, estas discusiones ponían en funcionamiento una serie de supuestos, no siempre explícitos, que fueron estabilizando lecturas sobre qué intereses habrían empujado a diversos sectores sociales a acompañar el surgimiento del nuevo movimiento. Entre ellos se resalta la manera en que Perón, con su gestión a partir del golpe de junio de 1943, en la Secretaría de Trabajo y Previsión, habría logado incorporar a un amplio espectro de la población argentina anteriormente postergada en el reconocimiento de sus derechos y participación en la vida política del país.

Estas lecturas permitieron otorgar aceptables niveles de inteligibilidad al fenómeno, asumiendo como marco de la discusión las transformaciones que acarreaba el proceso de transición modernizante que atravesaba la Argentina durante la primera mitad del siglo XX. Desde esta clave el peronismo era pensado como un estadio más (aunque de gran intensidad sociopolítica) dentro del desarrollo nacional, en el marco de un relato historiográfico de marcadas influencias socialdemócratas y de corte progresista.

Otra dimensión de estas explicaciones canónicas ha sido el modo en que se ha entendido la heterogénea composición de los sectores sociales que apoyaron al peronismo en su emergencia, destacándose el rol clave que habrían tenido las migraciones internas generadas por el incipiente crecimiento de la industria nacional. Aquellas poblaciones recién llegadas a los centros metropolitanos fueron definidas por su propensión a apoyar estilos de liderazgos autoritarios en línea con las tradiciones caudillistas y demagógicas consideradas típicas de las provincias “del interior del país”. Tal consideración acerca de la composición de las masas trabajadoras y obreras permitía entender el apoyo y la movilización política de los sectores más bajos, sin tradición política previa y recientemente incorporados a la organización obrero-sindical de las fábricas.

En este contexto de discusión desde hace ya más de una década surgieron, fundamentalmente desde el campo de la historia regional, una serie de investigaciones centradas en estudiar las características que asumía la formación del peronismo en algunos contextos provinciales. Desde estas miradas denominadas extra-céntricas, las geografías provinciales fueron mayormente entendidas como espacios donde lo tradicional todavía se mostraba bajo la ausencia de industrias fuertes y, por ende, de sus consecuentes organizaciones de lucha obrera y sindical. A diferencia de los centros fabriles, en las provincias habrían conservado centralidad los caudillos y dirigentes locales vinculados a viejas prácticas políticas y redes clientelares.

Estos trabajos si bien aportaron a reconstruir la singular configuración de los escenarios provinciales, su debate no se desplazó, sino que por el contrario se montó sobre el binomio tradición/modernidad que caracterizaba a los estudios consagrados del peronismo. A nuestro entender, el anclaje a esa clave interpretativa si bien alimenta una visión histórica del hecho, empobrece su dimensión política dejando en un cono de sombras la efervescencia que éste proceso desencadenó en las dinámicas locales.

Partiendo de este recorrido, nuestro trabajo se propone analizar un escenario provincial específico para mostrar cómo un actor de poder preexistente no sólo no se alineó con el peronismo, sino que, por el contrario, manifestó un fuerte rechazo al nuevo movimiento político. La llegada del partido laborista y posterior triunfo electoral ponía en crisis, desde la posición discursiva de un agente como la prensa local, ciertos consensos preexistentes generando un intenso juego de disputa por el sentido.

Para llevar adelante este objetivo, analizaremos el juego de sentidos que desde finales de 1945 y comienzos de 1946 (los meses previos e inmediatamente posteriores a las elecciones que llevarían a Perón a la presidencia) se puso en marcha desde el diario El Liberal, el principal agente comunicacional de Santiago del Estero, provincia ubicada en la región noroeste del mapa argentino.

Entender lo discursivo también como un territorio conflictivo, en permanente disputa, nos lleva a considerar un territorio provincial en términos de su estructuralidad relativa. Es decir, atendiendo no solo a las características objetivas del contexto, sino también a un registro analítico que permita entender los efectos de sentido o el carácter significativo que adquieren aquellas condiciones que hacen a la configuración de dicho espacio en general (usualmente entendido en términos de nivel desarrollo como tradicional o moderno). Asimismo, y en particular, este nivel de análisis nos permitirá entender las lógicas que estructuraban las narrativas identitarias que allí se desplegaron.

Por lo mencionado hasta aquí, nos detendremos en una revisión de algunos aspectos que estructuraron y dieron forma al análisis del peronismo al interior del país y principalmente de Santiago del Estero, señalando sus luces y sombras a la hora de comprender la dinámica sociopolítica. Posteriormente nos dedicaremos a contextualizar nuestro caso de análisis, es decir, el agente comunicacional, sus actores y trayectorias hasta la irrupción de Perón a la escena política del país. Tomaremos para el análisis algunas de sus editoriales que fueron lanzadas antes y durante la candidatura de Perón para las elecciones presidenciales de febrero de 1946. El recorrido trazado aportará, dentro de los estudios sobre el peronismo, al estudio de una dimensión político-cultural desde la cual reflexionar en torno los efectos que generó la llegada del peronismo en contextos provinciales.

Lecturas del peronismo en el interior del país

Como mencionábamos en el apartado anterior, en las últimas décadas han comenzado a surgir una diversidad de trabajos preocupados por avanzar en nuevas lecturas del peronismo que permitan entender las particularidades que tuvo como estructura partidaria y como proceso político-estatal en el interior del país. Las presunciones de estos trabajos se sostienen fundamentalmente en dos cuestiones: 1) la particular dinámica de la estructura socioeconómica y del mundo del trabajo que presentaban los espacios provinciales a diferencia de los centros urbanos más industrializados y, 2) los rasgos singulares que adquiere cada caso local en lo que respecta a su conflictividad social y el universo de su política institucional y de partidos.

Las hipótesis principales de Macor y Tcach sostienen que en aquellos contextos donde la clase obrera era débil y el proceso modernizante lento, entraron a jugar factores tradicionales en la configuración de los peronismos provinciales. La formación del Partido Laborista y del liderazgo de Perón en el interior del país se habría basado en alianzas con sectores conservadores de las diferentes oligarquías locales y sus sedimentados vínculos con estructuras partidarias preexistentes. Viejos caudillos, sectores de la economía terrateniente, militantes católicos o enraizados en la tradición del nacionalismo, sirvieron de plataforma política para eficaces fórmulas electorales en 1946.

En diferentes provincias como Jujuy, Tucumán o Córdoba, la política peronista se habría centrado en lograr el apoyo de una heterogeneidad de actores locales que contaban con capacidades para disputar electoralmente en el escenario provincial. Ahora bien, el capítulo extra-céntrico de la historiografía si bien permitió avanzar en el reconocimiento de las condiciones que adquiría el proceso político en los diferentes territorios del país (identificando actores, trayectorias y elementos significativos para la construcción del poder local), puso el énfasis en la dinámica de los armados partidarios y elites conservadoras como el lugar privilegiado para analizar sus efectos políticos.

Allí, para sus estudiosos, es donde se desenvuelve un juego de intereses que, lejos de innovar, profundiza estructuras de poder de largo arraigo. Antes que ruptura o reestructuración de las relaciones de deferencia, el peronismo habría significado en el espectro provincial la continuidad de los poderes tradicionales y viejos estilos de hacer política, a tono con la tradición sociocultural atribuida a las diferentes localidades.

Trazado este panorama, nos encontramos actualmente, dentro de los estudios sobre el peronismo, frente a una contradicción difícil de saldar. En la provincia de Santiago del Estero este contraste se manifiesta de forma paradigmática. Aunque ésta pudo ostentar ser “la provincia más peronista del país”, la explicación de su atractivo desemboca generalmente en las alianzas que estableció el partido con los sectores fuertes de la economía local, es decir, obrajeros y comerciantes con control sobre las bases, predominantemente caracterizadas por su procedencia rural y con baja instrucción educativa.

El partido Laborista en la provincia de Santiago del Estero quedó constituido el 21 de diciembre de 1945 con un carácter predominantemente localista. Se vinculan en su lista nombres de delegados de gremios como el de Luz y Fuerza, de la CGT, de la Secretaría de Trabajo y Previsión local, así como también radicales de la UCR de corte Irigoyenista.

“La necesidad de construir rápidamente un poder que llevara al líder a la presidencia en las elecciones de 1946, parece haber inducido cada vez más la necesidad de cooptar no solo fuerzas sindicales, sino sobre todo votantes de partidos tradicionales y de negociar espacios con caudillos locales de trayectoria política y apoyo económico. En el caso de Santiago, son tres los nombres más relevantes que se van a disputar lugares en el partido naciente: Santiago Corvalán, Justiniano de la Zerda y Rosendo Allub”.

Para Martínez, en estas condiciones el Estado provincial peronista orienta su acción política a la tarea de obtener recursos estatales y asegurar votos de la población más desprotegida, la población rural que, en palabras de Martínez, “apenas rozaba los niveles de la subsistencia”. Si bien los estudios existentes muestran cómo en un contexto de escasa organización obrera, el Estado y los vínculos con agentes económicos dominantes (fundamentalmente obrajeros madereros), habrían jugado un papel central a la hora de explicar el peronismo en la provincia, poco se ha explorado en aquellas implicancias.

El diario El Liberal frente al peronismo

Nos interesa prestar atención a un actor particularmente significativo del contexto provincial de los años treinta y cuarenta: el principal medio comunicacional de Santiago del Estero, el diario El Liberal. Un análisis en este sentido permitiría mostrar de qué manera un sector de poder específico y preexistente del espacio provincial, como el diario El Liberal, reaccionó frente a la llegada del nuevo movimiento de trabajadores liderado por Juan Domingo Perón indicando ello, más que continuidad con el orden anterior, ciertas “rupturas relativas”. Ruptura o crisis de un campo relativamente estructurado de sentidos sobre los que se establecía un suelo de consensos preexistentes que se pone en cuestión con la llegada del nuevo partido.

En aquel conflictivo juego de sentidos se aloja una dimensión política cultural que ha eclipsado las interpretaciones históricas del peronismo, y que permite complejizar la beligerancia que acompañó al proceso político incluso en su territorialización al “interior del país”. Consideramos que el caso analizado permite acercarnos al extremo geográfico inicial de aquella cadena migratoria de donde provenían aquellos sectores obreros considerados “nuevos” en el mundo del trabajo industrial. Sectores que han sido considerados por la historiografía peronista para explicar el levantamiento obrero que dio origen al surgimiento del líder. Se trata aquí de poder pensar cómo la heterogeneidad de aquel sector tomó la forma de un juego de sentidos en torno a la construcción de una alteridad negativamente concebida.

El triunfo laborista y la postura de El Liberal

En los primeros días del mes de marzo de 1946, se conocerían los números definitivos de una elección tan disputada como esperada tanto a nivel nacional como provincial. En Santiago del Estero, los guarismos arrojaban una diferencia contundente a favor de los candidatos laboristas: 46 mil votos frente a 30 mil de la Unión Democrática (UD) y 12 mil de la Unión Cívica Radical-Santiago del Estero (UCR-SDE) que también apoyaba la fórmula presidencial Perón-Quijano. La siguiente tabla ilustra los resultados electorales:

Fórmula Votos
Laboristas (Perón-Quijano) 46,000
Unión Democrática 30,000
Unión Cívica Radical-Santiago del Estero (UCR-SDE) 12,000

Como se desprende del epígrafe arriba expuesto, para El Liberal (EL) el categórico triunfo del nuevo partido laborista significaba que la ciudadanía le había dado la espalda a la democracia con su voto a Perón.

Acerca del diario El Liberal

En relación con su presencia como agente periodístico, el diario EL salió a la calle por primera vez el 3 de noviembre de 1898. Iniciado primeramente como un órgano partidario de la Unión Cívica Nacional fue fundado por el mitrista Juan Andrés Figueroa, un cordobés que 3 años antes había llegado a Santiago como telegrafista. En este proceso tuvieron mucho que ver dos hermanos de una familia de profesionales de la provincia: Antonio y José F.L. Castiglione, jóvenes abogados que transitarán de colaboradores (periodísticos y jurídicos) a propietarios del diario llegando, junto con su descendencia, a convertirse en los principales empresarios mediáticos en la Provincia desde fines de la década del veinte hasta fines del siglo XX.

Su estudio jurídico estaba comprometido con los intereses de los principales actores económicos a través del patrocinio a grandes empresas forestales radicadas en la provincia.

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